Crónicas afortunadas y no tanto

Por Genaro Rossi y Ricardo López

En la ciudad de La Plata hay más de 100 inmobiliarias que se dividen todo el territorio, desde Villa Elisa hasta El peligro. Muchas de ellas se aprovechan de la gente que recién llega a la ciudad y las ven como personas ingenuas, listas para ser embaucadas. Aquí se recogen algunos testimonios de gente que fue engañada o casi.
María es sólo una de las tantas personas que sufrieron el destrato de las inmobiliarias.” Primero te prometen la luna y las estrellas. Pero una vez que firmaste y pusiste la guita no te vuelven a dirigir la palabra” dice consternada.
Ella es soltera, vive sola y su única compañía es un pequeño perro de nombre Nando que la sigue a donde vaya.
Es su principal compañero, pero también fue la principal causa de sus problemas a la hora de la mudanza. Le costó mucho encontrar un lugar que lo aceptaran, por temas económicos principalmente. Pero antes de cerrar el contrato del departamento que ahora habita, estuvo a punto de cerrar en otro edificio con otra inmobiliaria. Ellos le habían asegurado que el edificio aceptaba animales pequeños. Por eso cuando fue a ver el departamento. no le preguntó al dueño si podía mudarse con su perro. Confiaba en que la inmobiliaria le había dicho la verdad. 
“¿Por qué iban a mentirme, no?”.
Supone, ella, que por el elevado precio que pedían por ese 2 ambientes, la inmobiliaria quiso cerrar el contrato sí o sí y por eso le mintieron. Ella se enteró porque afortunadamente tuvo un problema el día de la firma del contrato y pasó casualmente por el edificio donde el encargado la vio pasar con Nando, sabiendo que iba a ser futura inquilina le dijo:
- ¡Qué bonito ese perro! Están dando el último paseo, ¿No?
De inmediato se puso a hablar con el encargado y supo que la habían engañado. Llamó a la inmobiliaria, pero nadie le respondió o le supo responder nada. Entonces encaró para el local donde la habían recibido unos días antes y con mucha bronca, canceló todo de inmediato e hizo que Nando les orinara la puerta. Nunca recibió unas disculpas.

Ramiro tiene 24 años, es alto y de figura delgada. Estudia psicología y comparte el alquiler con su novia Fernanda que tiene un año más que él, estudian juntos y por eso se conocieron hace unos años.
A mediados del año pasado tomaron la decisión de irse a vivir juntos. Entusiasmos se pusieron a buscar un lugar adecuado para mudarse. Hasta que al final, luego de unos meses encontraron el lugar perfecto. La madre de Fernanda les iba a salir como garante. Estaba casi todo dispuesto para que se mudaran a un depto de dos ambientes. Les pedían por el alquiler 6300 pesos, más el agua y la cochera, que sumaban alrededor de 1000 pesos más. “Lo redondeamos en 7 lucas” dijo Ramiro.
Como iban a alquilar por medio de una inmobiliaria, debían pagar los gastos por los trámites. Les pedían casi cinco veces el valor del alquiler (entre los gastos administrativos y el depósito). Una suma muy alta para ellos, que los hizo entrar en duda de sí mudarse o no, pero también empezaron a dudar del hombre que representaba a la inmobiliaria.
Por eso se pusieron a investigar por su propia cuenta si lo que les querían cobrar era lo racional en esa situación. Lo que querían saber era si no les estaban robando la plata.
Efectivamente, así era. Quien los atendió durante el proceso del alquiler se había presentado con un nombre falso, pero representando a una inmobiliaria real. No volvieron a verlo nunca más y desde la inmobiliaria nunca se quisieron responsabilizar por un empleado que “no trabajaba allí”. Ramiro y Fernanda tuvieron la intención de iniciar una demanda legal contra la inmobiliaria, pero llegaron a la conclusión de que sería otro gasto de tiempo y dinero, pero no valía la pena ya que no los habían estafado, afortunadamente.
Luego pudieron mudarse a ese mismo edificio, a dos cuadras de la catedral, pero por medio del dueño del departamento (verificado). Es decir, sin ningún intermediario que pudiera robarles.

Yamila fue víctima de una estafa “clásica”. Tiene 27 años recién cumplidos. Hace poco empezó su segunda carrera universitaria en la facultad de ciencias naturales. Ahora vive cerca del centro de la ciudad en un monoambiente bien amplio. “Ahora vivo cómoda y bien” reflexiona.

Ella se quería mudar del complejo de departamentos donde estaba. El encargado del lugar era un desastre y a ella todo le quedaba a contramano. No iba a aguantar otro mes ahí. Por eso decidió rescindir del contrato y perdió parte del depósito inicial. Pero no le importó. Eran mediados del mes de mayo y le habían dado hasta fin de mes para desalojar el lugar. Con ese apuro que tuvo no le dio el tiempo necesario para encontrar el lugar perfecto. Encontró un departamento que se alquilaba por inmobiliaria, ella hizo todos los trámites y cometió el error de pagar por adelantado los servicios inmobiliarios que eran de unos 1500 pesos. Es ilegal cobrar por adelantado esos servicios, porque una vez pagos la inmobiliaria puede no prestar esos servicios. Fue exactamente lo que (no) hizo la inmobiliaria en cuestión. Parte de los servicios inmobiliarios es corroborar que la vivienda exista o no esté ocupada, por ejemplo. Luego pago el depósito del equivalente de un mes de alquiler (3500 pesos) y algunos trámites extras por un valor de 700. Dio por sentado que ya había concluido con la burocracia que requería un alquiler y se sentó a esperar las llaves del departamento.

El dueño de la vivienda donde Yamila se iba a mudar sólo trabaja con un intermediario que fue el que se comunicaba con la inmobiliaria y con Yamila. Éste intermediario, de nombre Juan, le dio las llaves a la futura dueña, le dijo la dirección y el número del nuevo departamento. También le dijo que no la iba a poder acompañar porque estaba retrasado para ir a buscar a sus hijos a la escuela, pero que el encargado del edificio le iba a mostrar su futura morada.

Ilusionada, ella, fue directo a la dirección que le había sido indicada. Pero una vez allí el encargado le dijo que esas llaves no servían para ninguna puerta en el edificio y que ese departamento estaba ya alquilado. Yamila le insistió con que debía haber algún tipo de error. Pero para su desgracia no fue así. La habían estafado. El “dueño” no iba a aparecer, tampoco Juan, la inmobiliaria cobró lo suyo y se lavó las manos. Todavía no se había cumplido el mes. Pero le quedaban pocos días para que se venciera el plazo de su departamento. Presentó una denuncia a la inmobiliaria y tiempo después se le devolvieron los 1500 pesos que correspondían a los trámites. Pero había perdido todo el resto.

Por suerte encontró un particular que le alquilaba su actual departamento, al que le contó ésta misma historia y le dio la opción de pagar el depósito en cuotas.

El apuro, la distracción y no estar asesorado correctamente nos exponen a estos tipos de estafas que están a la orden del día. Sobre todo en una ciudad como La Plata, que lamentablemente posee mucha gente que se aprovecha de éstas situaciones. Pero también está habilitada por gente dispuesta a defender a los inocentes en estas situaciones.

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