Los pibes de “El Sacastro”

Cuando la autogestión es la opción

Por Franco Barletta

Es 21 de septiembre y la primavera ya se respira en las diagonales de La Plata. En una de ellas, la 78 precisamente, la Facultad de Bellas Artes se presenta empapelada con afiches, decorada con pintadas y otras tantas intervenciones, como de costumbre. Pero en esta fecha predominan carteles o pasacalles en sus alrededores que anuncian fiestas y eventos que festejan la estación que llega y el día del estudiante -fecha muy particular en una ciudad caracterizada por la gran población estudiantil-. Entre tanto anuncio, un afiche singular llama la atención. Sobre un fondo bordó en letras blancas en imprenta mayúscula se lee: “FIESTÓN EN EL SACASTRO VOL VII -TOCAN: TELEPATINA Y CORTEZA-ENTRADA $40-CALLE 1 NRO 1441 ESQ. 62”. Más que por el nombre, llama la atención porque que no indica la fecha del “fiestón”. La intriga se apodera y me encuentro caminando hasta el lugar indicado.

Llegando a la esquina de 1 y 62, frente a la fachada de un caserón antiguo -que a simple vista pareciera estar abandonado- un muchacho, subido a una escalera, está pintando un mural: una mano enorme, en tonos celestes, se une con una línea irregular y enroscada -rodeando por arriba a una de las grandes ventanas antiguas con postigos- con un pie, enorme también, que tiene un ojo en el centro. Me acerco, lo saludo y con mucha curiosidad le pregunto si vive ahí o si sabe de la fiesta mencionada en el afiche.“Tocá la puerta, están los pibes adentro”, me dice el artista con total naturalidad, como si no fuera el primero que pasa a averiguar.

Un jaguar rugiendo, pintado a la derecha de la gran puerta -antigua también- de dos hojas, custodia la entrada en posición amenazante. Golpeo dos veces y aparece Juan Cruz sonriendo. Un pibe de unos veintitantos años -casi comunicador social y estudiante de Trabajo Social-, descalzo, en joggins y con una remera vieja toda manchada, me da la bienvenida cordialmente y me invita a pasar, como alguien que recibe a un amigo en su casa. Ingresamos por un pasillo que a su fin, doblando a la derecha, una puerta de vidrio de unos dos metros de largo, separa parte de la casa con un patio interno. Al cual dan dos puertas -de dos habitaciones- y una escalera que conecta con un balcón -con dos puertas más, una de la sala de ensayo y otra de una habitación- y una pasarela que lleva a la terraza que cubre toda la superficie del resto del caserón. Esa otra parte está compuesta por dos baños -frente al pasillo de entrada- uno a la par del otro, a su lado la cocina-comedor pequeña que a través de una ventana sin vidrio da a una sala de estar con una mesa de ping pong y un piano viejo, más las dos habitaciones: una frente a la sala de estar y la de Juan Cruz que quedó atrás al entrar al patio. La casa es enorme, los detalles de construcción y las aberturas denotan su antigüedad tanto como la fachada y algunas humedades, que ya son parte de la decoración de la casa, como lo son las piernas de un maniquí pintado de cebra colgado de la pasarela; el mural en tonos naranjas, rojos y amarillos de una muchacha gritando o la bicicleta suspendida sobre el patio, en el centro cual si fuese la araña de un teatro.

“La Smoking Chango” sonando en el patio de EL Sacastro, en el fiestón Vol VI

Instalados en el patio, mate mediante, Juan Cruz me comenta que la fiesta es el viernes 24 de septiembre y que la organizan con los otros cuatro pibes -que viven ahí también-, para festejar la primavera y además juntar algunos pesos que sirven para pagar unas cuentas atrasadas. “Las fiestas se volvieron una costumbre, empezaron como cumpleaños de conocidos y terminaron siendo una forma de abaratar” dice Juan Cruz. “Más este año, con el macrismo”- comenta, luego sonríe e insulta entre dientes- “que está complicada la cosa, los costos del alquiler, los servicios o cualquier gasto que surja relacionado con la casa. Más allá de que siempre hay un motivo para festejar”. Cuenta “El Lagarto”, apodado como “Juancho, El Lagarto”, el reconocido personaje de dibujos animados.

Y así, organizando fiestas, por un lado para divertirse y poner a disposición un lugar para que toquen las bandas amigas o las que allí ensayan. Por otro lado -no menos importante- para buscar alternativas para enfrentar los problemas económicos que suponen el hecho de alquilar; mediante algo que Juanso repite una y otra vez con gran orgullo: autogestión.

En unas de las paredes del patio, debajo de la pasarela, en letras negras pintadas con aerosol se lee: ELSACASTRO. Claramente es el nombre de la casa, que a esta altura parece más un centro cultural improvisado. Dicho mote nació de la fusión del nombre de la dueña de la pensión de mujeres que funcionaba allí antes- Elsa, con el nombre de la inmobiliaria “Castro Mauras”. “Siempre venían amigos a tocar y empezamos a flashearla con un nombre, queríamos ponerle algo así como el Olga Vazquez, pero con identidad propia así que salió, primero todo junto y después “El Sacastro” y quedó”.

La historia de El Sacastro comienza allá por noviembre de 2011, cuando tres pibes del interior que estudiaban en La Plata, Franco (oriundo de Junin), Manuel y Bruno (ambos de Bahía Blanca), buscaban un nuevo lugar para vivir, ya que donde alquilaban se les había terminado el contrato y la renovación se tornaba impagable. “Manuel, que ya no vive más acá, estudiaba Psicología con Franco, que también estudiaba Música Popular con Bruno” cuenta Juan Cruz. La situación estaba complicada, los precios eran altos y las opciones pocas o malas, hasta que un día ya agotando las posibilidades y con los bolsos encima los tres jóvenes llegan a 1 y 62, donde funcionaba una pensión de mujeres. “Ahí arreglaron con Elsa, la dueña de la pensión, y se quedaron los tres, a partir de noviembre, en una sola pieza con todas sus cosas. Hasta diciembre, que se terminó el contrato de la pensión y alquilamos la casa con los pibes” cuenta Juan Cruz que se sumó un día de noviembre, cuando recién llegado de Tandil, para comenzar la Licenciatura en Comunicación Social en la UNLP, andaba en busca de un alquiler y se enteró por unos amigos de la posibilidad de sumarse a la familia de El Sacastro. Lugar que en enero de 2012 dejaba de ser pensión para convertirse en una casa de estudiantes. “Fuí a comer a la pensión una noche, con los chicos. Nos caímos bien de entrada y en febrero ya me instalé con ellos cuando empezaron las clases” agrega.

Para el primer contrato les pedían $3800, pero arreglaron por $3200 a cambio de pintar la casa. “Estaba todo destruido, era un desastre, un chiquero. La pintamos toda de nuevo, arreglamos las canaletas, restauramos los baños y otros tantos arreglos que pactamos con el dueño, siempre descontando plata del precio del alquiler. Nos llevó mucho tiempo terminar de limpiar y ordenar todo, para que esté como lo vés ahora. Las camas que habían quedado de la pensión las llevamos al remate y rescatamos unos pesos”. Con los años los alquileres fueron subiendo, hasta hoy que pagan $7500 por mes, pero dividido entre 5, ya que en el 2014 se sumó Fede. Quien según Juan Cruz, fue un cambio positivo y activó la casa promoviendo las fiestas y encargándose de darle vida, tanto a través de decoraciones como con arreglos y plantas.

Algunos de los pibes de El Sacastro

“El Sacastro no solo es mi casa, es un centro cultural, un lugar de oportunidades, mi lugar en el mundo…El Sacastro tiene su mistica” cuenta Juan cruz, con la voz quebrada y entre lagrimas, pero con la sonrisa de oreja a oreja, como desde cuando me abrió la puerta del singular caserón de 1 y 62. Me comenta que hay un mito, que esta casa es la que inspiró “Masacre en el puticlub” de los Redondos. Un lugar frecuentado por el Indio y el Negro Cañón. Verdad o no, no importa, el lugar tiene su mística realmente y si el Indio estuvo por acá algo dejó, la semilla de la autogestión que lo caracterizó en los comienzos. Y que hoy Juanso, junto a los pibes de El Sacastro, se encargan de regar para cosechar algunas de sus flores. Frutos que se transforman en formas de alegrar la vida y contrarrestrar los incovenientes y dificultades económicas propias y comunes en la ciudad de los estudiantes y el rock.

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