«Heart of Gold» – Neil Young

Pocos artistas han logrado capturar la esencia y singularidad de la música americana de raíz como Neil Young. Su faceta acústica es capaz de evocar paisajes, personas y situaciones de lo más profundo de Estados Unidos, embarcarte en un viaje musical y hacerte sentir tal y como si estuvieras allí. Escuchar a Neil Young es como sentarte en el porche de una cabaña en Montana con un palillo en la boca. Lo más meritorio de Young…es que es canadiense.

Cuando su gloriosa aventura con Crosby, Stills, Nash & Young terminó, Neil Young decidió continuar su camino grabando su cuarto disco en solitario. En 1972 alumbró uno de los mejores discos —sino el mejor— de la década de los 70, Harvest. Un disco que rompió todas las previsiones de ventas y éxito posibles. Tanto, que a Young se le atragantó. Decidió poner carretera por medio para alejarse de la notoriedad y gloria alcanzada. Harvest fue como unos de esos camiones de 16 ruedas que atraviesan la Ruta 66 de este a oeste de Estados Unidos, solo que a Young le pasó por encima.

Harvest es una pieza de orfebrería folk-rock de principio a fin.

En Harvest se hospedan joyas del tamaño de «Old Man» y «There’s a World», pero de entre todas ellas sobresale una que el tiempo se ha encargado de convertirla en clásico, «Heart of Gold». La canción alcanzó el número uno en Estados Unidos. Neil Young fue el primer artista canadiense en conseguir tal hazaña, muy a su pesar. Renegó durante años de la canción que eclipsó el resto del disco.

Neil Young compuso el tema en 1971 mientras se recuperaba de una lesión de espalda. Una lesión que le impedía colgarse una guitarra eléctrica debido al peso, por lo que se vio obligado a trabajar con la guitarra acústica. Así nació Harvest. La canción deja ver claramente la alargada sombra de Bob Dylan. El propio Dylan declaró en más de una ocasión su odio por la canción al parecerle una copia descarada de su estilo. El padrino del folk-rock tuvo que presenciar desde segunda fila como un canadiense con cara de cabreo permanente le fusilaba la fórmula guitarra acústica-armónica.

«Heart of Gold» se grabó en solo dos tomas, sin apenas ensayos. Quizá por eso el tema respira la inmediatez y la frescura de las grandes canciones. Neil Young rasga la guitarra como quien cava una tumba, alternando voz y armónica en un tema que crece igual que una montaña cuando vas caminando hacia ella. Justo cuando tienes la montaña a tus pies y tienes que mirar hacia arriba para poder verla, aparecen en los coros finales James Taylor y Linda Ronstadt observándote desde la cima. ¿Qué otro destino tenía esa canción sino convertirse en un clásico del folk-rock?, ¿qué puede salir mal si convidas a dos gigantes a hacer coros en tu canción?

Una canción imprescindible en el repertorio de Neil Young. Uno de esos temas que hacen que el tiempo se detenga. Música cruda, directa y despojada de toda intención más allá que la de estremecer.

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