«There Is A Light That Never Goes Out» — The Smiths

Reino Unido, primera mitad de la década de los 80. En las listas de éxito reinan los grupos de la New Wave; más concretamente un subgénero de esta tendencia, los New Romantic. Grupos pop que basan su sonido en el uso de sintetizadores analógicos y que otorgan igual importancia a la música y la estética. Un movimiento que se disolvió en una maraña de subgéneros y que acabó teniendo una enorme influencia en el resto de la música que por entonces se hacia en Europa. Contó con honrosas excepciones en cuanto a calidad. Pero eso es otra historia. Una historia que cambió a mediados de los 80 cuando un grupo de Manchester dio un puñetazo en la mesa y devolvió las guitarras al pop británico.

The Smiths no fue un grupo más. El tiempo ha demostrado que fueron un punto de inflexión en la historia de música pop británica. Unánimemente considerados por la crítica como el grupo británico más importante después de The Beatles. Generaciones posteriores de bandas del Reino Unido tienen a The Smiths como su influencia principal.

La banda liderada por Morrissey (voz) y Johnny Marr (guitarra) tuvo una carrera más corta de lo que nos hubiera gustado. Las desavenencias entre ambos pusieron fin a uno de los episodios más gloriosos y memorables de la historia de la música pop. The Smiths terminaron como terminan los grandes grupos; en los juzgados demandandose unos a otros.

El grupo británico más importante después de The Beatles

Junto a Andy Rourke (bajo) y Mike Joyce (batería) y bajo la tutela del sello Rough Trade grabaron cuatro LP´s, además de numerosos maxi-singles, singles y discos recopilatorio (de hecho tienen más recopilatorios que discos de estudio). Lo cierto es que nunca gozaron de un gran éxito a nivel comercial, al menos lo que entendemos ahora éxito mainstream. Dieron el portazo justo cuando empezaba la leyenda.

La guitarra de Johnny Marr, las letras de Morrissey, los enrevesados y sugerentes títulos de sus canciones ( The Boy With the Thorn in His Side, Stop Me If You Think You’ve Heard This One Before, Heaven Knows I’m Miserable Now…), arreglos muy cuidados; señas de identidad de un grupo que casi 30 años después de su desaparición siguen siendo referente y fuente de inspiración, intencionada o no, para cientos de bandas pop en todo el planeta. Si crees que Oasis, Blur, Suede o Coldplay inventaron algo es que no has escuchado nunca a The Smiths.

Siento una enfermiza predilección por las canciones que aguantan impasibles el paso del tiempo. Canciones que por muchos años que pasen nunca parecen viejas. There Is A Light That Never Goes Out es una de ellas. La cuarta canción de la cara B del disco The Queen Is Dead de 1986. De entre todas las maravillosas canciones que The Smiths dejaron como legado, esta tiene algo especial. Quizá sea la inquietante historia que cuenta la letra. O tal vez el impecable trabajo de guitarras que teje a lo largo de todo el tema Johnny Marr. O los arreglos de cuerda que adornan todo el tema (leí hace años que se grabó con un sintetizador Yamaha DX7 por falta de presupuesto para una orquesta real). Letra, arreglos, interpretación, producción…un checklist impecable que pocas canciones aguantan.

La canción se grabó en sólo 40 minutos. Según cuenta Johnny Marr se hizo sin ensayos previos. La banda no había escuchado la canción hasta el momento justo de llegar al estudio y empezar a grabarla. Una leyenda cuenta que si la reproduces a volumen muy alto puedes escuchar a Johnny Marr gritando “ha sido increíble” al final de la canción.

There Is A Light That Never Goes Out tiene su pequeño altar en la historia de la música pop como vestigio de la verdadera era dorada del pop de guitarras británico. Como muchas de las canciones de The Smiths sigue siendo una canción por la cual se miden el resto de las canciones pop. La canción a la que todas las canciones quieren parecerse.

La música tiene el extraño poder de transportarte a lugares, a determinados momentos, a personas. Si, como yo, descubriste a The Smiths en vida, apuesto a que esta canción provoca ese efecto en tí. No me canso de escucharla, no me quiero cansar de escucharla. Por favor, que suene en mi funeral.