El PER y el POR… qué…

Vuelo Buenos Aires-Atlanta

¿nos protegen con la normativa y reglas para desarrollar cualquier afición ?

En Nueva Zelanda una inmensa mayoría de ciudadanos tiene barco. Parece lógico que en un país rodeado de agua sea así.

Al menos en el Estado de Florida, en los Estados Unidos de América, el documento necesario para poder llevar una embarcación de recreo era, hasta hace muy poco, el carnet de conducir… de coches.

Actualmente, los jóvenes que quieren tener la posibilidad de dirigir una embarcación deben superar un test, presencial u online, con los conceptos básicos que tendrían que conocer para hacerlo de manera segura.

En España sacar el famoso PER es un auténtico suplicio. El examen y las horas de estudio o dinero invertido en academias, no tienen ningún sentido. Nos dedicamos a ahogar un sector del que podrían vivir muchas familias, generar miles de puestos de trabajo, dinamizar un mercado que mueve cientos de millones de euros en otros mercados y países.

estamos muy lejos de permitir algo simple y eficaz con un mínimo de sentido común que ayude a desarrollar una afición

Creo que estamos ante uno de los muchos ejemplos de cómo una regulación desmedida, totalmente fuera de lugar, completamente exagerada, se dedica a martirizar a los ciudadanos del país que la sufre.

En un país prácticamente rodeado de agua y en concreto en Canarias, donde vivimos de espaldas al mar, entre otras razones, debido a una normativa que se empeña en “cuidar” de sus ciudadanos como si fuéramos imbéciles, no tiene sentido tener que superar un examen como el actual PER. En pleno siglo XXI. Ya se encarga la compañía de seguros de valorar el coste de tu experiencia o conocimientos... Por mucho que intenten simplificar el proceso, estamos muy lejos de permitir algo simple y eficaz, con un mínimo de sentido común, que ayude a desarrollar una afición y un completo mercado realmente dinámico.

En pleno siglo XXI, con una afición que pierde usuarios como la de radioaficionados, una vez orgullosa de sus clubs y miembros, la normativa para obtener la licencia, simplemente no tiene sentido. Otra vez, una normativa exagerada, que se refuerza con el sentimiento de exclusividad mal entendida de algunos usuarios de otro momento, en otro contexto.

La obsesión por cuidar de nosotros llega a límites, que solo saliendo del ambiente en el que nos hemos acostumbrado a vivir, podemos darnos cuenta de lo ridículas que son algunas reglas que nos hemos dejado imponer. Sólo en el último año en nuestra región, me vienen a la cabeza los intentos de prohibir baños en la playa por la noche o que los niños paseen con sus bicicletas en enormes y vacías avenidas.

La cantidad de permisos y licencias para poder realizar actividades como ir al campo y pasar una noche al aire libre con la recurrente excusa de protegernos o gestionar recursos públicos que son de todos, nos ha conseguido abducir para considerarlos como algo normal.

La facilidad con la que cualquier gestor público electo puede tomar decisiones a la ligera con las que se empeñan en “protegernos” a todos con su sabiduría, normativas y reglas, es sólo comparable a la dificultad que experimentamos en ocasiones para protegernos de ellos. Desde qué debemos comer, qué modelo energético tenemos que promover y cuál eliminar, cuántos baños debe haber por sexo y hasta lo que podemos y no podemos hacer con nuestros negocios, dinero o proyectos, hasta que nos otorguen el permiso o la licencia sea gestionada, sin plazos y obligaciones por su parte.

No queda mucho tiempo para que todos comencemos a reclamar nuestra auténtica libertad y exigir sentido común en aquellos que simplemente han de gestionar los recursos que les hemos confiado, durante un tiempo, y en nombre de todos.