Inteligencia Artificial creativa

Londres — Toronto — Miami

“Tifa Lockhart Aerith Gainsborough, photorealistic character design, Goddess ex machina beautiful humanoid robot,dramatic, CineStill 800T, 40mm f2.8, 50mm, Unreal Engine 5, realistic CGI, 32k”

Esto es todo lo necesario para que mi amigo Javier López (@javilopm en twitter) haya generado la imagen que acompaña a este artículo de este mes. Para conseguir esto simplemente puedes pedir acceso a herramientas como Dalle-2 desde https://openai.com/ (es la misma compañía que nombramos hace meses en cuando hablamos de textos generados automáticamente por una máquina a partir de una breve descripción).

Si te interesa experimentar puedes usar (es completamente gratuito aún) Stable Diffusion (https://stability.ai/) ó Midjourney (https://www.midjourney.com/).

la imagen que acompaña a este artículo ha sido generada por un ordenador, ha tardado unos segundos

Estos son ejemplos de Inteligencia Artificial aplicada a procesos creativos. No hace mucho tiempo escribí algo sobre cómo tecnología iría condicionando muchos aspectos de nuestras vidas. Hablaba de trabajos repetitivos y “salvaba” los procesos creativos de la quema. Incluso llegué a comentar que quizás a nuestros hijos habría que motivarlos hacia tareas creativas para protegerles de un futuro incierto. Pues quizás haya estado completamente equivocado.

Hay muchos más ejemplos del día a día en el que la Inteligencia Artificial forma parte de nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, cuando una cámara reconoce tu rostro (ya sea para registro o acceso a tu propio dispositivo móvil). Cuando escaneamos o fotografiamos un texto y el “cacharro” es capaz de interpretarlo (salir de un garaje sin ticket, reconociendo la matrícula). Cuando Netflix te recomienda una película o serie. Algo muy espectacular que uso con frecuencia y resulta realmente útil: traducir una señal de tráfico con la cámara en tiempo real, especialmente cuando los caracteres pertenecen a un alfabeto árabe, japonés, hebreo, etc.
En los campos de la salud, financiero, transporte/logística (en ciudades como Phoenix, Arizona, no es extraño que hoy te recoja un taxi sin conductor al volante)…

Todo esto ya nos va sonando, pero… hoy hablamos de otra cosa. Hablamos de inteligencia artificial aplicada a procesos creativos.

¿Cómo va a afectar todo esto al trabajo de creadores de contenidos, escritores, periodistas, ilustradores, fotógrafos? ¿Cómo distinguiremos en unos años un contenido creado por humanos de otro generado por una máquina? Y lo que es peor ¿tendrá valor diferencial? (al que les guste este tema les recomiendo leer un poco sobre la ley de Benford). Pero esto se complica. Un tribunal de los Estados Unidos en 2019 y ante el requerimiento de la oficina de la USCO (US Copyright Office) estimó que un producto generado por ordenador NO tiene protección de copyright porque le falta el elemento necesario de “autoría humana”. Sin embargo, para entrenar todos estos sistemas se han de utilizar imágenes, textos y arte previamente desarrollado por humanos… lo que complica aún más la legitimidad del producto final generado.

Quizás este mes todo esto me haya quedado un poco complicado, pero sólo recuerden que la imagen que acompaña a este artículo ha sido generada por un ordenador, ha tardado unos segundos y ha sido a partir de un texto de lenguaje natural.

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