La importancia de un nuevo fondo de capital riesgo en Canarias

Cinco empresas canarias — Binter, Dinosol, Domingo Alonso, Inerza-Contactel (Inetel) y Satocan — han acordado crear un fondo de capital riesgo orientado a empresas tecnológicas de rápido crecimiento o startups. Más allá de que es una excelente noticia para el conjunto del ecosistema emprendedor de las islas, es un indicador de que entramos en un nuevo ciclo y de que grandes corporaciones regionales comienzan a explorar horizontes más ambiciosos y estratégicos. Es una apuesta por el talento en Canarias — que lo hay si no se marcha — que además, en el entorno global competitivo en el que vivimos, no rehúye el reto de capturar y atraer ideas y proyectos de otras regiones, en particular de mercados emergentes en África.

Sin dudas la narrativa ligada a emprendimiento tiene distintas dimensiones y necesita de mucha pedagogía. La literatura es extensa y reciente y no profundizaremos en ella. En esencia el emprendimiento de base tecnológica — de oportunidad, que no de necesidad — contribuye a la creación de empleo de calidad y a un crecimiento económico sostenido e inclusivo. En el caso de Canarias, se trata además de una industria complementaria a nuestro motor actual que no consume territorio. Y no es una apuesta sencilla. En el ámbito de las startups existe una alta volatilidad — muchas desaparecen al poco tiempo de nacer — pero aquellas que logran sobrevivir crean empleo más rápidamente y compensan lo anterior. El acento debe por lo tanto, ponerse en la creación y consolidación de este tipo de empresas y dejar los experimentos como lo que son.

debemos asumir que el diseño de un nuevo modelo económico y la creación de un motor generador de riqueza alternativo en las islas es demasiado importante para dejarlo solo en manos de gobiernos y de políticos.

Crear un ecosistema de emprendimiento e innovación es complejo y exige que se alineen de forma simultánea diversos factores interdependientes e interconectados, sin una fórmula mágica precisa. Requiere instituciones que entiendan, asuman y acepten los desafíos que traen consigo tecnologías disruptivas, regulaciones — y desregulaciones — ajustadas a la lógica actual, educación y centros científico-tecnológicos de máximo nivel, incubadoras y programas de aceleración, acceso a capital, grandes y pequeñas empresas que hagan I+D… Demanda una masa crítica suficiente de individuos formados con las habilidades tecnológicas que exige la economía del siglo XXI. Pero también necesita emprendedores que convierten ideas en un nuevo servicio, proceso o producto disruptivo, colaborando y estableciendo relaciones de confianza con otros agentes, mejorando así nuestro capital social. El emprendedor no solo amplía el tamaño de la economía. También — y sobre todo — crea nuevas oportunidades, en un efecto que se retroalimenta mutuamente.

En todo este contexto, Canarias no debe resignarse a jugar un papel ultraperiférico en la economía del conocimiento. Tenemos que ocupar espacios de centralidad en las redes globales que ordenan hoy el mundo. Junto a eso, debemos asumir que el diseño de un nuevo modelo económico y la creación de un motor generador de riqueza alternativo en las islas es demasiado importante para dejarlo solo en manos de gobiernos y de políticos. Nos tenemos que implicar todos. En esta línea, es clave facilitar y promover que emprendedores e ideas con visión global accedan a los recursos que necesitan para crecer. La oportuna creación de Archipelago Next, que es como se denomina este fondo de capital riesgo, no debe quedar como anécdota. Hay que aplaudir que empresas de esta relevancia se unan para establecer un compromiso real tangible con el desarrollo del potencial creador que existe en las islas. Es un primer paso para que los emprendedores y startups de la región cuenten con capital privado que provenga de grandes empresas canarias. Debe servir además de estímulo a otras muchas para que apuesten por la innovación y por nuestros emprendedores.

Hemos convivido muchos años con el argumento incorrecto de que el emprendedor es quien debe asumir todo el riesgo.

Invertir en startups implica un riesgo elevado; la probabilidad de fracaso es alta. Sin dudas todavía existen inversiones más seguras y rentables en el corto plazo. Pero no debe subestimarse que la economía del conocimiento será implacable con posiciones rentistas. Datos sobre la ocupación y el tamaño de nuestros hoteles, el número de restaurantes abiertos o los kilómetros de carreteras construidas en nuestro frágil y limitado territorio no representan ya una estadística fiable o creíble de progreso económico ni de creación de empleo estable. El crecimiento de cualquier región lo va a determinar su diversificación económica y la complejidad de los productos que sea capaz de vender a otros mercados.

Hemos convivido muchos años con el argumento incorrecto de que el emprendedor es quien debe asumir todo el riesgo. El emprendedor pone su creatividad, su esfuerzo, su formación y sus habilidades, y probablemente los escasos recursos económicos a los que tiene acceso, sea un préstamo bancario o familiar, de un business angel o a través de financiación pública — generalmente voluntariosa pero torpe y poco eficaz–. Pero en la etapa crítica de crecimiento orgánico de un proyecto tecnológico innovador, si va en serio, es crucial la inversión de capital riesgo, no acudir a más subvenciones. Por ello es muy importante para todos que Archipelago Next funcione. Más allá de posibles retornos económicos o del acierto del enfoque, el mero hecho de su constitución es un paso importante para los emprendedores locales que debemos saber interpretar y aprovechar.