Los videojuegos de mis hijos

Miami- West Palm Beach

Hoy un niño de 9 años me ha preguntado a qué temperatura debe quemarse la arena para poder crear cristal. Así, sin avisar. Pasando un día en la playa.
Obviamente se refería a arena silícea pero no tengo (tenía) ni idea de la temperatura y mucho menos del proceso exacto.

Algo debía ocurrir porque no muchos días antes me comentaba ese mismo niño que lo curioso del Dilophosaurus era que escupía veneno por la boca cuando se defendía, justo antes de desplegar una especie de aletas tras las orejas. Nuevamente me pilló por sorpresa. Cuando busqué una foto del susodicho bicho, creí haberlo reconocido en alguna de las escenas de la película Parque Jurásico. Ni en los museos que he visitado (que no son pocos ni pequeños) recuerdo haberlos visto.

Ese niño había aprendido todo eso en los videojuegos. Concretamente la primera pregunta en un juego llamado Minecraft y el segundo comentario de otro llamado ARK.

Los juegos electrónicos le están ayudando a adentrarse en el mundo digital al que su generación pertenece desde su nacimiento.
Torre Indemann, Germany

Ese niño juega a todo tipo de juegos durante los ratos en los que se lo permiten (aquí no voy a entrar), incluyendo Fortnite (este es ese juego al que tu hijo está jugando ahora mismo sin parar desde que puede), pero también juega a otro tipo de juegos electrónicos en los que hay que construir, inventar adivinar o desarrollar (Hello Neighbor, por ejemplo).

Además, ese niño tiene que buscar en ocasiones documentación en la red para saber más de esos juegos, debe suscribirse a las noticias del sector para conocer las novedades, lo que viene o lo que falla, debe instalarlos y solucionar los problemas que encuentra para lograr que funcionen o conseguir la conexión con amigos en tiempo real a través del micrófono y auriculares, que necesita para estar en condiciones óptimas y, no se olviden, resolver la latencia en la conexión… pasando al cable o buscando cómo optimizar el punto de acceso que hay en casa. Y por último, pasado un tiempo y con la orientación correcta, quizás comience a interesarse por crear sus propios juegos.

Todo esto ya lo hace, o al menos lo intenta con juegos electrónicos.

Los juegos electrónicos le están ayudando a adentrarse en el mundo digital al que su generación pertenece desde su nacimiento. A destacar en él más allá de las fotos y los likes (que ni conoce ni espera conocer, por cierto) y a interactuar con sus amigos conocidos o a desconfiar de los que sólo conoce virtualmente.

Soy de los que prefiere que descubra todo eso conmigo y no solo. Prefiero que lo conozca y comience a experimentar cuando aún quiere compartir todos los descubrimientos. Cuando aún pregunta y acepta con interés los consejos de alguien con más años.

Los juegos no son malos. Son tan buenos o tan malos como cualquier actividad a su edad que desarrolle con moderación. ¿De que hablamos cuando hablamos de moderación? Pues no lo sé. No soy un experto. Sólo soy un padre que, como todos, intenta hacerlo lo mejor que puede.

Muchos se quejan pero no toman la iniciativa de buscar actividades complementarias y sobre todo compartidas.

Oigo constantemente a personas que se quejan de las horas que sus hijos pasan delante de las consolas de juegos, cuando en realidad, en muchos de los casos es la situación ideal para ellos y que les dejen hacer sus propias actividades sin que les interrumpan. Parte del problema de los videojuegos es que han irrumpido como la forma en la que ellos centran su interés durante horas sin queja y los adultos encuentran tiempo para otras cosas sin molestias. Muchos se quejan, pero no toman la iniciativa de buscar actividades complementarias y sobre todo compartidas.

En cualquier caso, de esto no va este artículo. No vengo a dar lecciones a nadie. Como dije, cada uno hace lo que puede. Yo tengo mi opinión, como seguro que usted tiene la suya. Y suerte a todos.

Sólo quiero hacer notar que los juegos no son el problema, incluso pueden ser parte de la solución. No son la enfermedad, quizás y como mucho, en ocasiones, es el síntoma.

Los juegos electrónicos aportan cosas que otros canales no llegan a conseguir. Porque no tienen la maravillosa posibilidad de aportar jugando. Seguro que ya ha notado cómo LEGO ha ido pivotando su modelo de negocio al cine y al mundo de los videojuegos. Complementando el canal, pero manteniendo su visión original de aprender jugando.

El mes que viene me gustaría hablar de los eSports y cómo en Canarias ha ido evolucionando desde que lo vi por primeras vez en la Tenerife Lan Party, hasta la sorprendente y polémica iniciativa del Gobierno de Canarias de promocionar esa actividad en las islas, pero hasta entonces, finalizo haciendo mi propia versión de una famosa cita atribuida a Confucio:

“Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo aprendí; jugué y lo entendí”