Fase, Tierra y NetNeutro

Vuelo Miami — Ciudad de México

Tenemos un pollo montado. Al menos entre el colectivo freak, startups y tecnológico. Otra mucha gente, muchísima, ni se ha enterado de los que ocurre y sin embargo les afecta directamente y, lo que es más importante, afectará al futuro de sus hijos.

Se trata de lo que han denominado NEUTRALIDAD DE LA RED. Resumiendo mucho, esta es la historia:

Hay unos tipos que montan los cables y la infraestructura para que nos llegue la red a todos (generalmente las operadoras. Aunque esto no se aplica a España directamente, serían las Telefónica y Vodafones de turno).

Hay otros tipos que son los que hacen pasar contenidos por esos cables o antenas (Google, Facebook, tu periódico local, Netflix, la web del colegio de tus hijos, tu vecino pirateando películas y música, etc.).

La guerra está en que los primeros reclaman poder ajustar el ancho de banda (el tamaño del grifo, si Internet llegara a nuestras casas por las tuberías del agua) en función de quién envía el contenido. Y claro, cobrar por ello. Cobrar a los que más consumen. En teoría cobrar al proveedor de ese contenido, NO al usuario… pero si el usuario pagará más o menos por eso, está por verse en el tiempo…. en función del bando que lo plantee.

Hoy en día, en Europa y Estados Unidos, TODOS los proveedores (Netflix y la web del colegio de mi hijo) tienen la misma oportunidad y no hay restricción de velocidad o capacidad. Todos igual.

A partir de aquí intento plasmar los principales argumentos de los que están a favor o en contra de mantener la neutralidad de la red.

Los primeros tienen el potente discurso de que permitir que una empresa seleccione la velocidad con la que accedes a los contenidos es un modo de censura. De la misma forma que el libre acceso a la información es el pilar de nuestras democracias occidentales, poder modificar la velocidad a la que se accede vulnera los derechos que tenemos como usuarios y ciudadanos.

Los que abogan por permitir que la operadora pueda priorizar contenidos tampoco se quedan atrás. Sus argumentos han de entenderse en el contexto de un país en el que la libertad de empresa es sagrada y en la que el Gobierno es un mero gestor, un mal necesario, muy auditado, que ha de quedarse con lo mínimo y regular lo imprescindible. Si las operadoras realizaron la inversión y costean el ancho de banda de sus redes, ellas son las que deben poder decidir qué hacer con sus infraestructuras. Cómo monetizarlas. Si Internet fuese un bien público, que sea lo público quien pague el coste de la igualdad de velocidad en la red. A esto le suman el hecho de que actualmente la red NO es igualitaria y son los proveedores de contenidos los que eligen lo que puedes y no puedes ver.

Aquí va otro argumento: actualmente los usuarios que menos consumen contenidos de alta velocidad (streaming) están pagando lo mismo que los que lo hacen en grandes cantidades como por ejemplo, siendo muy explícitos, aquellos que descargan contenidos pirata o consumen datos en streaming (juegos, cine, pornografía, etc.) El nuevo paradigma no lo prohibe, simplemente hace que paguen por ello, porque actualmente los proveedores de streaming hacen uso de toda esta infraestructura y consumen gran parte de ello, en perjuicio de otros servicios, sin un coste añadido.

¿Y qué es lo que yo opino? Pues me mojo un poco.

Creo que hay que dar oportunidad al mercado. Gracias a Dios no hay un solo proveedor. Ni de infraestructura ni de contenidos. Hay que dar oportunidad al mercado para que se ajuste y presente ofertas y restricciones.

Si ATT en USA limita la velocidad de la web del cole de mi hijo en beneficio de Netflix (aunque sea Netflix el que pague esta diferencia de velocidad) y con ello aumenta la rapidez de mi conexión y además me abarata el coste, quizás sea yo el que pueda elegir si me conviene o prefiero pasarme a Google (que es otro proveedor de fibra en USA) porque no me filtraría la velocidad de los portales que visito, pero a cambio me mete publicidad en el camino (como ya hace).

Déjame elegir, deja que el mercado seleccione y deja que los usuarios seamos los que, en último término, contratemos lo que nos convenga.

Eso sí, crear las condiciones para que el mercado sea lo más libre y transparente posible. Y eso, hoy en día, no todos los países pueden presumir de libre mercado en todos los sectores y este es uno de los sensibles.