Por qué Apostar por Bitcoin y no por Ethereum

Con frecuencia me preguntan cuál es mi preferencia personal desde un punto de vista de inversión en criptodivisas: si Bitcoin o Ethereum. Vaya por delante que estas líneas son un artículo de opinión y un análisis que intenta aportar claridad y una mejor comprensión de la materia, pero en ningún caso se trata de una recomendación o una oferta de inversión.

Personalmente pienso que es extremadamente difícil prever o anticiparse a movimientos en el corto plazo en cualquier mercado, y más aún en uno tan volátil como este. Es por eso que siempre me planteo estas cuestiones desde la perspectiva del largo plazo, analizando las características fundamentales de cada activo.

La intuición parece decirle al recién llegado a este mundo de las criptomonedas y la blockchain que, puesto que Ethereum es una evolución del Bitcoin con mayor versatilidad y funcionalidad, éste debe ser la opción de mayor valor potencial y mejores perspectivas futuras. Analicemos las distintas cualidades de Ethereum y comparémoslas con Bitcoin:

Ethereum ofrece smart contracts, mucho más versátiles que Bitcoin

Efectivamente, Ethereum permite hacer muchas más cosas, pero el precio a pagar es tener un diseño mucho más complejo donde más componentes pueden fallar o exponer vulnerabilidades de seguridad. Por su parte, Bitcoin posee un diseño más sencillo y robusto que le permite hacer poco más que transacciones monetarias, pero incorpora un sencillo lenguaje de programación o scripting que posibilita que sistemas como Rootstock funcionen sobre Bitcoin y proporcionen smart contracts, equiparando la funcionalidad con Ethereum sin comprometer la estabilidad o hacer más vulnerable todo el sistema.

Ethereum permite realizar transacciones más rápidas

Tanto Ethereum como Bitcoin necesitan un tiempo para sincronizar la red y poder dar una transacción como válida. A esto se le llama consenso de la red. En el caso de Ethereum esto ocurre aproximadamente cada 15 segundos frente a los 10 minutos de Bitcoin. Pero no se trata de una limitación debida a una inferioridad técnica de Bitcoin: simplemente se definió un tiempo mayor para facilitar que un gran número de nodos de la red dispersos geográficamente por todo el mundo tuvieran tiempo suficiente para coordinarse entre sí. De este modo, la red Bitcoin está preparada para acoger a un número mucho más elevado de nodos operando establemente, lo cual es clave para que el sistema en su conjunto sea más robusto, resistente y fiable.

Ethereum tiene serios problemas de escalabilidad

Ethereum es mucho más que un registro público descentralizado e inmutable como es Bitcoin: también es una máquina virtual imposible de apagar, siempre disponible para ejecutar pequeños programas llamados smart contracts. El concepto es tremendamente poderoso ya que de forma análoga al Bitcoin, abre la puerta a una nueva dimensión de aplicaciones posibles. Pero hay serios problemas que hacen dudar de su capacidad real de crecimiento y por ende de su valor, ya que el valor de Ethereum está ligado a la cantidad de aplicaciones prácticas a las que puede dar soporte:

  • Ethereum es UNA única máquina virtual. Para hacernos una mejor idea podemos intentar visualizar la red Ethereum como una computadora por la que infinidad de usuarios compiten para poder utilizar. Parece claro que dicha computadora será un recurso cada vez más caro, de modo que sólo un reducido número de aplicaciones podrán justificar en la práctica el coste de utilizar dicha máquina. Actualmente se están analizando soluciones como el sharding, proceso por el cual se pretende fragmentar dicha máquina en múltiples máquinas, pero hasta la fecha no está claro cómo solucionar el reto de asegurar la resincronización entre todas ellas y evitar que cada una evolucione a la deriva de las demás.
  • La cantidad de información que se puede sincronizar está limitada por la velocidad de la luz. Esto es, incluso empleando técnicas de sharding para incrementar la capacidad de proceso de Ethereum, siempre será necesario resincronizar la red. La información ha de ser compartida entre todos los nodos, de manera que cada dato deberá recorrer el mundo entero de extremo a extremo saltando de nodo en nodo. Por muy rápidos que sean los enrutadores y conmutadores de Internet, las leyes de la física establecen que los electrones, o los fotones / ondas electromagnéticas tienen unas velocidades de propagación por sus respectivos medios (cobre, fibra óptica/aire/espacio) que la ciencia y la ingeniería no puede superar. Esto, que está íntimamente relacionado que el tiempo de “consenso de red” mencionado anteriormente, limita severamente el tamaño máximo que puede alcanzar la red Ethereum. Y es importante que crezca porque será más robusta, resistente y confiable cuanto mayor sea el número de nodos que la compongan. Es una idea fundamental tras el concepto blockchain y que justifica que aplicaciones importantes de gran valor para la sociedad se implementen sobre Ethereum.

Gobernanza del protocolo

Un aspecto muy importante a considerar por parte de cualquier usuario de la tecnología blockchain es el gobierno de la red. Es fundamental que el futuro del sistema que sustentará los servicios que vamos a proporcionar a nuestros clientes (en el caso de smart contracts) o que deberá preservar el valor de nuestro capital no esté supeditado a las decisiones arbitrarias de un reducido número de individuos cuyos intereses no estén necesariamente alineados con el interés general del resto de usuarios de la red.

Sirva como ejemplo ilustrativo la red Internet. Más allá de que es una tecnología libre de royalties y disponible para que cualquiera pueda adaptarla y/o mejorarla, su diseño descentralizado y distribuido posibilitó que infinidad de servicios migrasen a la red. Algunos tan importantes como el tráfico de voz de las llamadas telefónicas: aunque la mayoría de la gente no lo sabe, las llamadas de voz que en su día se transmitían por redes de circuitos conmutados en la actualidad se transmiten en forma de paquetes de datos a través de la red Internet. A esto se le llama voz sobre IP (Internet Protocol, el protocolo de comunicación propio de Internet). Por su diseño, la red Internet puede funcionar en un país independientemente de que las conexiones hacia el exterior se corten, y por supuesto no existe ningún organismo, entidad o país que pueda bloquear el funcionamiento de internet dentro de otro país. Lo máximo que pueden hacer es desconectarse de un país o región.

En el caso de Bitcoin, existe una extensa comunidad de programadores que han contribuido y contribuyen a mantener el código de Bitcoin libre de errores y proponiendo mejoras al diseño. Se trata de un proceso lento y complejo ya que no existe una autoridad central que pueda tomar decisiones unilateralmente. Esta característica es deseable en el caso de aplicaciones críticas: necesitamos que sea muy difícil hacer cambios en el sistema para evitar cambios no deseados o que introduzcan errores, a la vez que debe existir la capacidad de arreglar problemas realmente críticos. Sirva nuevamente de ejemplo la red Internet: el protocolo IP actual se utiliza en su versión 4. Esta versión permite hasta a unas 4.000 millones de direcciones IP, limitando el número de máquinas que pueden conectarse a Internet. Hace décadas esta cifra parecía más que suficiente, pero desde hace años nos hemos dado cuenta de que es insuficiente, por lo que se definió la versión 6 del protocolo. A pesar de que hace mucho tiempo que todos los dispositivos de nueva fabricación son compatibles con esta nueva versión, la red en su conjunto sigue utilizando la versión 4. Esto se debe a que es crítico asegurar que todos los sistemas estén actualizados y que, debido al diseño modular de Internet, hasta la fecha ha sido posible paliar el problema utilizando soluciones en otros componentes de la red. Y es que hay tantos sistemas que dependen de que funcione Internet, que todos los partícipes de la red son muy cautelosos y conservadores antes de hacer ningún cambio que pueda introducir errores o problemas imprevistos.

El caso de Ethereum es todo lo contrario. El desarrollo y las mejoras que se introducen en su diseño está controlado por una comunidad de programadores mucho más reducida sobre la cual ejerce una influencia y un liderazgo muy importante el programador Vitalik Buterin, padre del proyecto. El equivalente de Bitcoin es Satoshi Nakamoto. Nadie sabe quién o quienes están realmente tras dicho pseudónimo pero voluntariamente decidió desvincularse del desarrollo de Bitcoin y desaparecer sin dejar rastro en el año 2010 (tan sólo 2 años después de su creación) precisamente para eliminar cualquier posible dependencia del Bitcoin de un único individuo o entidad, ofreciendo así mayores garantías de estabilidad.

A todo esto hay que añadir que la historia de Ethereum contiene episodios en los que Vitalik y su equipo tomaron decisiones muy controvertidas introduciendo modificaciones críticas que además contravenían principios fundamentales de la filosofía que dio lugar al proyecto Ethereum. Tal fue la controversia que una parte considerable de la comunidad de Ethereum (programadores, usuarios y mineros) decidieron no secundar los cambios dando lugar a una escisión en la red llamada “Ethereum Classic”. Por si esto fuera poco, las limitaciones descritas anteriormente hacen que se estén considerando cambios de extraordinario calado como la introducción de la técnica del sharding o cambios en el mecanismo de consenso de red. El riesgo de que finalmente no se llegue a un consenso y que se produzcan nuevas escisiones de la red Ethereum es muy elevado.

El Bitcoin tiene excepcionales cualidades monetarias

Hasta el momento nos hemos centrado más en aspectos técnicos, pero para hacernos una idea fundada de qué posición ocupará el Bitcoin en el largo plazo es necesaria una visión holística de sus características incluyendo sus propiedades económicas y monetarias en el contexto geopolítico actual.

Desde su conceptualización por parte de Satoshi Nakamoto en 2008, se quiso dotar al Bitcoin de cualidades económico-monetarias análogas a las del oro. Tanto es así, que al proceso de creación de la moneda se le ha llamado minería puesto que sigue un patrón de inflación monetaria similar a la extracción de oro mediante la minería. Esto es:

  • La cantidad de oro total que existe en el mundo está definida, y es la que existe en la corteza terrestre; una parte ya ha sido extraída gracias a la minería, mientras que el resto está pendiente de minar. De modo análogo, la cantidad total de unidades de Bitcoin que jamás habrá disponibles está limitada y es conocida: 21 millones (cada una de ellas divisible en 100 millones de unidades básicas llamadas satoshis). Una parte de ésta ya ha sido minada y está en circulación (unos 17.3 millones al tiempo de escribir estas líneas en octubre de 2018). El resto está pendiente de ser minado.
  • Cada vez es más complicado y requiere mayor esfuerzo y especialización tecnológica extraer nuevo oro de la corteza terrestre. De este modo la tasa de inflación monetaria está contenida por limitaciones físicas y técnicas. Lo mismo ocurre con el Bitcoin: cuanto más crece la red, más competencia hay para los mineros y más difícil les resulta obtener nuevos bitcoins minados. Sólo los mineros más eficientes y competitivos podrán sobrevivir. Además, la cantidad minada es también cada vez menor.

Por tanto, al igual que el oro, el Bitcoin es desde un punto de vista monetario:

  • Escaso
  • Fungible
  • Duradero
  • Tiene un alto valor intrínseco

Pero además, es superior al oro en cuanto a que es más fácilmente transportable, como el dinero electrónico. Se pueden transferir enormes cantidades de valor entre cualesquiera individuos o entidades dondequiera que estén en el mundo cada uno, con la superioridad frente al dinero electrónico en cuanto a que no es necesario ningún intermediario o Banco Central que supervise la operación y a cuyos términos de uso deban someterse más allá de exponerse a manipulaciones de la moneda.

Es cierto que Bitcoin no está diseñado para que podamos pagar el café directamente. Pero esto no es impedimento para que el Bitcoin pudiera llegar al hipotético extremo de sustituir al dólar en su rol de divisa internacional, referencia de valor del resto de monedas del mundo.

Pensemos por un momento en qué factores proporcionaron al dólar su estatus actual. Tras la segunda guerra mundial, las potencias europeas vencedoras habían expatriado sus reservas de oro a EEUU para evitar un posible expolio en caso de invasión nazi así como garantía por los préstamos recibidos para financiar la guerra. Con los acuerdos de Bretton-Woods, el nuevo orden establecía que el oro seguiría bajo custodia de EEUU, y los países emplearían el dólar para sus transacciones de comercio internacional. A cambio, EEUU se comprometía a redimir una onza de oro por cada 35 dólares. A esto se le llamó “ventanilla del oro” y sólo estaba disponible para otros bancos centrales, quedando el resto de bancos, empresas e individuos fuera de esta opción. En la base de este acuerdo estaba la confianza por parte del resto de países en que EEUU cumpliría su compromiso. Pero EEUU no cumplió: el 15 de agosto de 1971 Richard Nixon ordenó unilateralmente cerrar la ventanilla del oro “provisionalmente” para proteger al dólar de “especuladores internacionales”. Desde entonces todas las monedas del mundo están respaldadas por el dólar y nada más que el dólar. Es una cuestión fundamentalmente de confianza en la solvencia de la economía de EEUU.

Por lo tanto, cualquier alternativa al USD debe cumplir los requisitos:

  • Ser independiente y no susceptible de devaluación por parte de un banco central, gobierno, o cualquier otro ente. Bitcoin cumple este requisito ya que su funcionamiento y tasa de inflación están perfectamente definidas.
  • Ser robusta. Como mencionábamos anteriormente, Bitcoin sacrifica tiempo de consenso para permitir un número muy elevado de participantes en la red, que darán robustez al sistema lo suficientemente elevada como para sostener el comercio internacional de forma confiable.
  • Ser estable. En ausencia de un banco central que controle la divisa, el único mecanismo disponible para estabilizar una moneda es el tamaño de la economía subyacente. Dicho de otro modo: cuanto mayor sea el valor de las transacciones efectuadas, más difícil será alterar su valor frente al resto de divisas, reduciendo la volatilidad.

Parece claro que si algún día llegase a competir con el USD, la valoración actual está muy lejos de ser suficiente. El potencial de revalorización es por lo tanto enorme partiendo desde los 6.445 USD/BTC en el momento de escribir estas líneas.

¿Y los problemas de escalabilidad de Bitcoin?

Si analizamos el mercado de divisas internacional veremos que a pesar de mover un volumen diario cercano a los 6 billones de USD (trillones en terminología anglosajona), en realidad la cantidad neta que se mueve es mucho menor, y ésta se liquida en grandes operaciones entre grandes entidades o bancos centrales directamente. Por lo tanto, las ~7 txn/s del Bitcoin deberían ser suficientes para este hipotético escenario extremo.

Adicionalmente, el diseño del Bitcoin (sin llegar a la complejidad de Ethereum), es lo suficientemente flexible como para permitir soluciones basadas en él que aumenten el número de transacciones por segundo: La Lightning Network es una red que permite que entes especializados canalicen gran cantidad de operaciones en BTC a un coste marginal sin necesidad de esperar 10 min a que la red alcance de nuevo el consenso. Con este mecanismo bancos, empresas, entidades de medios de pago, o incluso particulares podrían operar directamente con BTC o instrumentos respaldados por BTC, dando soporte de facto a una economía global a todos los niveles: desde las grandes operaciones internacionales hasta operaciones menores como el pago de un café.

Se puede argumentar que esta solución está en conflicto con el principio de descentralización en que se basa Bitcoin, pero no supone ningún problema porque lo importante es el subyacente que da valor al instrumento utilizado. Y Bitcoin es descentralizado, neutro (no está sujeto al control y a decisiones arbitrarias de política monetaria de ningún organismo central) y tiene el diseño necesario para alcanzar la robustez y fiabilidad requeridas para desempeñar un papel tan crítico.

Por supuesto que hay más criptodivisas que compiten con Bitcoin, pero muchas de las cualidades que mejoran respecto al Bitcoin no las hacen más aptas para el rol de divisa internacional por mermar su robustez y fiabilidad (como son tiempos de ejecución de transacción más cortos), introducen desconfianza en cuanto a gobernanza por estar más concentrada en un limitado número de individuos, o simplemente son características secundarias, como posibilitar una aún mayor privacidad y anonimato de las transacciones.

Resumen

  • Bitcoin es más sencillo en su diseño que Ethereum y por tanto menos susceptible a errores en el protocolo.
  • Bitcoin tiene una gobernanza más neutra y distribuida que Ethereum, lo que proporciona estabilidad y reduce la incertidumbre para los mercados.
  • Bitcoin posee excepcionales cualidades monetarias, superiores a Ethereum, que compromete muchas de éstas a cambio de ofrecer mayor versatilidad.
  • Los aparentes problemas de escalabilidad de Bitcoin no son en realidad un obstáculo para su utilización como divisa internacional y además puede dar soporte a soluciones centralizadas como la red Lightning Network para abarcar una economía realmente global. En contraste, Ethereum tiene muy serios problemas de escalabilidad para funcionar como una máquina virtual inmutable y distribuida.

En definitiva, no podemos saber si en el futuro Bitcoin demostrará estar preparado para ser una divisa internacional, o si avances tecnológicos brindarán alternativas superiores, pero si lo comparamos con Ethereum, su mayor competidor en términos de capitalización, y miramos al medio-largo plazo, claramente Bitcoin es la opción más deseable.