A tres tiempos

Te conté historias fantásticas,
pintamos cielos encendidos de colores, te leí cuentos que te hicieron viajar, te cuidé los pasos en la distancia, hiciste tu camino y te vi bailar.
Repetimos mil y un veces
la misma canción
con el mismo entusiasmo
para volver a empezar.
Construimos castillos de arena,
naves espaciales, automóviles capaces de en el tiempo viajar.
Me pediste volar
con brazos extendidos,
con inocencia voraz
y la convicción
que con mi impulso serías capaz.
Tu curiosidad y alegría no me dejaron de asombrar.
¿Aprendo yo más de ti que tú de mí?
Me retas, me discutes, te vas.
Te pierdes para volverte a encontrar.
Te enamoras,
una, dos, tres veces
o tal vez más.
Lo ves,
en un campo oscuro infinito
como luciérnagas que van alzando vuelo
tocadas por el viento
encendidas una por una en una danza.
Lo sientes,
es el combustible de ese tren a vapor
que acelera la sangre por tus venas.
Lo pierdes,
lo sufres,
pero no te rindes;
el amor que das
nunca es una pérdida de tiempo.
Te cuestionas
a ti, a los demás,
a las reglas impuestas por la sociedad.
¡Hazlo!,
no te quedes inmóvil,
no asientas sin más.
Te llenarás
de sonrisas cómplices,
marcas, cicatrices, arrugas,
de manos amigas que estrechar.
Te dejarás llevar.
No te conformes,
el miedo es niebla en el camino
que no te deja avanzar
y tras ese denso manto blanco
está el mar de la posibilidad.
Viajarás, porque el mundo
es muy grande y muy pequeño a la vez
y tras esas fronteras encontrarás
lugares y personas maravillosas.
¿Volverás? No lo sé.
Pero vivirás
con intensidad, con alegría, con ilusión
y no te pido nada más.

