‘Apocalypse Now’

Apocalypse Now, creo yo, es una película que a todos impresiona y a nadie deja indiferente cuando se ve por primera vez.

Los mensajes que Coppola nos manda buscan todos un único objetivo que culminará con el encuentro del capitán Willard y el coronel Kurtz, donde él reina en el corazón de la selva, en un campamento sembrado de cabezas cortadas y cadáveres putrefactos.

A lo largo de toda la cinta se suceden diálogos al límite de lo racional, alcanzando su máxima intensidad cuando se encuentran Willard y Kurtz, sumergiéndole en atmósferas y situaciones al borde del abismo para mostrarle, o para mostrarnos, dónde está y quién es, o quién es uno y otro, o mejor aún, para mostrarnos a todos lo que el pensamiento no se atreve a pensar. Esos diálogos tan descarnados y a la vez tan llenos de sentido. Esas sombras tan críticas sobre la desesperanza y lo real, esa necesidad tan ciega no penetrada por nadie… Un lenguaje que nos sobrepasa por su sentido trascendente y a la vez banal, utilizando palabras que todos conocemos pero que aquí aparecen dotadas de un alcance más preciso, más profundo y más desprendido respecto a sus referencias concretas.

Parece que Coppola quisiera describir en los límites de lo comprensible la realidad última-primera del mal. Ese dibujo tan real, obsceno e infame del absorbente vacío que nos deja tras el descubrimiento de lo que realmente es: el mal hecho realidad. Se ve, se siente y a la vez es la superación de lo pretendidamente malvado… Más allá del bien y del mal. Señalando casi imperceptiblemente que es nuestra capacidad de juzgar lo que nos hace creer que hay mal y bien. 
 
El caso es que el mal siempre conserva su fuerza y su atracción, aunque sólo sea en el sentimiento de culpa y de vergüenza. No hay manera de escapar a él, entonces, igual que Nietzsche y muchos otros pensadores después de él, ¿por qué no transformarlo en algo sublime y sagrado? ¿Por qué no transgredir toda transcendencia con ayuda del mal? ¿Por qué no despedirse de la mera conservación propia, con sus virtudes y cálculos; con sus miedos y su vértigo, con su horror? ¿No es el mal, acaso, el drama de la libertad? 
 
¿Dónde queda entonces la moral? Esa moral que no tiene otro valor en sí misma — en el sentido fuerte — que el de expresarse sobre la superación de la esencia, y rechazar la preocupación por el futuro. Una moral que sólo es válida en la medida en que propone ponernos en juego a nosotros mismos, porque en caso contrario no es más que un sistema de reglas de preferencia.

Una moral que se ha convertido, bajo un disfraz dudoso, en algo estatalizado y socializado, como Kurtz nos escupe a la cara cuando nos habla del HORROR.

Ahora se siguen cortando cabezas. Se sigue ejecutando en masa. Se nos enseña la cara más superficial del mal. Pero también nos empapan con algo mucho más sutil… más carcoma, más infeccioso, mediante un mecanismo ciego, que no está determinado por ninguna providencia ni destino alguno. Condenando a la sociedad al oscurantismo y a la ignorancia. El orden del mundo en su conjunto carece de importancia moral. Revisten importancia moral tan sólo las técnicas de la vida, con cuya ayuda el hombre se crea su isla de dicha en medio de un universo despojado de todo sentido. En un universo sin sentido se afirma un pequeño mundo con sentido en torno al hombre, pero sin un Dios que lo dirija todo. Hay tanta justicia como los hombres permiten en su relación recíproca. No hay un orden justo del mundo con garantía suprahumana.

Digamos, por otra parte, que Coppola no fue original, cosa que yo creo que todos sabemos. Se inspiró en la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Y a quién le guste leer más que ver, se lo aconsejo.


CAPITÁN WILLARD: Cuando estaba aquí, quería estar allí; cuando estaba allí, sólo pensaba en volver a la jungla. Aquí estoy ahora una semana… esperando una misión… ablandándome; a cada minuto que estoy en este cuarto me debilito más y a cada minuto Charlie se fortalece en la jungla, se hace más fuerte.

CORONEL KILGORE: ¿Hueles eso? ¿Lo hueles, muchacho? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así. Qué delicia oler napalm por la mañana. Una vez durante doce horas bombardeamos una colina y cuando todo acabó, subí: no encontramos ni un cadáver de esos chinos de mierda. Pero aquel olor a gasolina quemada… Aquella colina olía a… victoria.

CORONEL KURTZ: He visto el horror… horrores que tú no has visto. Pero no tienes el derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Tienes derecho a hacerlo… pero no tienes derecho a juzgarme. Es imposible describir el horror en palabras a aquellos que no saben lo que verdaderamente significa. Horror, horror. El horror tiene una cara… y tú debes hacer del horror tu amigo. Horror y terror mortal son tus amigos. Si ellos no lo son, entonces son tus enemigos, a los que debes temer. Son en verdad tus enemigos. Recuerdo cuando estaba con las fuerzas especiales. Parece que han pasado siglos. Nos internamos en un campamento a inocular niños. Dejamos el campamento después de haber inoculado a los niños de polio y un hombre viejo vino corriendo hacia nosotros. Estaba llorando, no podía ver. Volvimos allí y ellos habían llegado y… habían amputado cada brazo inoculado. Estaban en un montón. Un montón de pequeños brazos. Y recuerdo… yo… yo lloré. Lloré como una abuela. Quería arrancarme los dientes. No supe qué quería hacer. Y quiero recordarlo; nunca quiero olvidarlo. Nunca quiero olvidar. Y entonces me di cuenta… como si me hubiesen disparado… como si me hubiesen disparado con un diamante… una bala de diamante justo en mi frente. Y pensé: Dios mío… el genio de esto. El genio. El deseo de hacer esto. Perfecto, genuino, completo, cristalino, puro. Y entonces me di cuenta de que eran más fuertes que nosotros, porque ellos podían soportar eso… ellos no eran unos monstruos. Eran hombres… oficiales entrenados. Estos hombres que luchaban con sus corazones, que tenían familias, que tenían hijos, que estaban llenos de amor… pero tenían la fortaleza… la fortaleza… para hacer eso. Si yo hubiese tenido diez divisiones de estos hombres, entonces nuestros problemas hubiesen terminado rápidamente. Tienes que tener hombres que tengan moral… y al mismo tiempo que sean capaces de utilizar sus instintos para matar sin sentimentalismos… sin pasión… sin juzgar… sin juzgar. Porque es el juzgar lo que nos derrota.