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Cambiemos la desunión de Latinoamérica para lograr más crecimiento

Sentado en un Starbucks, en Boston, mesa larga con mucha gente al lado, por el año 2015, estaban, al frente mío, un originario, al parecer, de Pakistán; a mi derecha, una típica chica americana en sus 30 sentada con su tablet; al lado izquierdo, otra chica americana, en sus 45, trabajando con su Mac.

Suena el teléfono, es mi madre: «¡Hola ma, qué haces?» Y ya sabes cómo es una conversación con una mamá, ¿verdad?

Esa respuesta a la llamada fue el inicio, una vez terminada la conversación en español con mi madre, para que las tres personas reaccionarán y me mirarán al escuchar mi idioma, y la mujer de 45 inicia la conversación: «Where are you from?» «I am originally from Perú», respondí. «¡Oh Perú!, ¡Macchu Picchu!» «Yes», le dije… en corto, durante la conversación la mujer me dice «yo estuve en Perú, Bolivia, Chile y también en Costa Rica y fui a Guatemala cuando estuve en el colegio». Le repregunté: «¿Y qué tal la pasaste?». Me dijo: «¡Muy lindo! Ustedes los latinos son gente muy amable, siempre feliz, con una sonrisa en la cara, siempre ayudan… me encanta el idioma español» (me habla con acento).

Bueno esas son características innatas que todos nosotros, de manera orgullosa, tenemos; pero, al mismo tiempo, me preguntaba, y en este momento me lo pregunto mientras estoy tecleando las letras en mi computadora:

  • ¿Somos realmente los latinos, así como nos ven?
  • Somos así, pero la pregunta es ¿sí somos así entre nosotros mismos?

Soy un profesional, de pensamiento crítico, que analiza mucho en pro de ayudar, cuando vives fuera de tu país de origen por años, observas con gran admiración el gran potencial que tiene Latinoamérica, en todo sentido, una tierra muy rica en casi todo, petróleo, cobre, café, plátanos, ganado, vinos, oro, caucho, cultura, vegetales… ¡tú, nómbralos!

Yo creo, basado en experiencias profesionales, que los latinoamericanos (España y Portugal incluidos), en el fondo reflejan muchas cosas contrarias a lo que otras razas o culturas perciben de los latinos, como la chica de Starbucks, que van más de fondo que de forma.

Te cuento que, al observar algunos comportamientos en colegas y basado en algunas experiencias profesionales, pensé que eran patrones aislados de comportamiento, en una o dos personas, pero observo que son patrones en la mayoría de los casos. Obviamente me lleva a pensar que es una manera involuntaria propia de sus sociedades, con situaciones tan simples como son la baja actitud a la colaboración, el agradecimiento, al promover el éxito ajeno, la poca apertura a las personas exitosas, la obstrucción a lo nuevo, el «no se puede» repetitivo, el linchar en lugar de curar, el ignorar, la mala leche, el temor al cambio, el rechazo al que desea cambiar el status quo, a la disruption, entre otros.

Obviamente, con muy pocas excepciones, muy pocas.

Quizá, esa sea la razón de por qué aún, como bien menciona Andrés Oppenheimer, aún no nació un Bill Gates o Steve Jobs en nuestra región.

¿Se castiga el fracaso como dice Oppenheimer, o es que quizá se envidia el éxito? Digo yo. Entonces ni sal, ni pimienta, sería la respuesta.
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La periodista argentina, ahora residente en Londres, Luján Scarpinelli, publicó en el diario La Nación un artículo : El «egosistema» emprendedor, una alerta sobre el desarrollo de la colaboración, donde detalla puntos interesante, por ejemplo:

Existe un «egosistema», al que define como «un ecosistema viciado por la falta de cooperación».

Donde se contrasta con «los ecosistemas virtuosos que todo el mundo toma como ejemplo —Silicon Valley, Israel o los clusters del norte de Italia— son constelaciones de corporaciones y emprendedores, banca, universidades, inversores y el Estado, que mantienen una interrelación virtuosa», agrega Scarpinelli en el artículo.

En buen resumen, el ego es algo muy presente en la sociedad, no solo Argentina, sino latinoamericana, eso obviamente evita la colaboración, ahuyenta.

Vamos más allá, en el Uruguay, el periodista del diario El observador, Gabriel Pereyra, publicó un interesante artículo: «El mundo se encuentra en la cuarta revolución industrial y Uruguay hizo “poco o nada para adaptarse”».

Donde entrevista a un catedrático de la Universidad Católica, este menciona:

Que está ocurriendo la llamada cuarta revolución industrial y el contraste con una realidad local que parece congelada en el tiempo, mete miedo. Todo parece indicar que antes de mejorar, la situación va a empeorar, y mucho más para los países que están haciendo poco o nada, como Uruguay.

Vayamos a Perú, donde el diario Perú 21 publica, en el año 2016, un artículo «Perú ocupa último lugar en innovación dentro de la Alianza del Pacífico», donde, entre líneas, menciona:

Se estima que el Perú destina solo el 0,12 % de su Producto Bruto Interno (PBI) a CTI.

Agrega este artículo: «América Latina y el Caribe son una región con un importante potencial de innovación sin explotar, en comparación con otras regiones del mundo, las economías latinoamericanas no han mostrado avances significativos en cuanto a innovación; incluso, ninguna ha logrado superar los niveles proyectados de acuerdo a su PBI».

Debe haber situaciones similares en otros países de la región.

Obviamente, el tema de la corrupción, la falta de políticas —que para mí son pretextos, opinión personal— pueden o afectan la cáscara de la fruta, pero la pulpa de la fruta (los habitantes) tienen parte de la culpa, ya que se debería mejorar en temas de actitud también, por que aptitud sobra, para unir esfuerzos para con los países de la región, y en sus propias naciones y sociedades o con el latino que vive en otro país, que no cambia su condición de latino por ser ciudadano de países desarrollados.

Conversaba con mi colega argentino, Ernesto Scardigno, coach financiero, y me mencionaba que nuestros países aún siguen pegados en «resolver» problemas del pasado y es en eso donde se pierde la oportunidad para sembrar el desarrollo e innovación en los países de Latinoamérica.

Es obsoleto que existan piedras en el camino entre los países de la región, que impiden el desarrollo, como esa disputa de que si el pisco es peruano o chileno, o que el mejor vino es de Mendoza y no el chileno, o si el grano de café de El Salvador es mejor que el nicaragüense; son situaciones de forma que no arreglan los problemas de fondo en las sociedades latinoamericanas, como la actitud para colaborar y salir adelante entre todos, como una sola región, cambiar desde el tuétano en las sociedades.

O quizá buscar si XYZ, gobierno o dictadura, fue corrupta en los año 60, 70 o 90, estamos en el siglo XXI y casi en el 2020. No se puede seguir pegado al pasado.

Hay que tener esquemas y espíritu colaborativo en toda Latino América para tener éxito en este mundo cambiante.

Andrés Oppenheimer: ‘Crear o morir’

Oppenheimer tiene muchos libros, uno de ellos Crear o morir, que recomiendo su lectura, y otro muy interesante Los estados desunidos de América del cual copio un extracto desde su página web muy interesante:

La desunión de las Américas, que —a veces— ha dado lugar a situaciones chuscas y aún divertidas, no hace más que frenar el crecimiento económico y condenar a la pobreza a comunidades ingentes. Por muy absurdo que sea, no es infrecuente que un país se vea obligado a comprar mercancías básicas a miles de kilómetros, mientras su vecino, con excedentes de las mismas materias, tenga que buscar clientes transcontinentales.
Es aún más obsceno que, entretanto, los dirigentes de las naciones latinoamericanas se llenen la boca de palabras de grandilocuencia y falsa fraternidad. Cuando se habla ya de la poscrisis global, es hora de vencer lo que el autor llama «la ceguera periférica» de los países latinoamericanos y seguir el exitoso ejemplo de los asiáticos que, gracias a la continuidad de políticas económicas y a la globalización, han logrado reducir la pobreza a niveles sin precedentes. Seguir culpando al «imperialismo yanqui» de Estados Unidos y al «colonialismo español» del atraso social, no es más que una excusa para ocultar los fracasos propios, o una forma maliciosa e interesada de tratar de perpetuarse en el poder.

Entonces, ¿de que partimos? ¿Por qué no cambiar esa actitud? Si me estás leyendo y piensas «¡es cultural la cosa!», entonces, estás en el grupo de los que no quieren cambiar.

Andrés Oppenheimer y Jorge Ramos, latinos como tú y como yo, conversan acerca de la realidad latinoamericana en el siguiente vídeo con motivo del libro de Oppenheimer.

Oppenheimer menciona algunas tendencias que hay en Latinoamérica, como celebrar el fracaso, quemarte o anularte.

Sin embargo, Oppenheimer menciona que hay muchas cosas que se pueden mejorar:

  • Hay talento humano.
  • La creatividad de los latinos.
  • Los países se dan vuelta inmediatamente.
  • Somos una región muy rica en muchas cosas.
  • Hay oportunidad para reinventarnos.

Estoy seguro de que al leer este artículo te hará pensar y verás la oportunidad que existe en esta nuestra rica región.

Si eres de esos latinos que quiere cambiar esta actitud donde te encuentres, comenta y promovamos el cambio.

Juan Carlos Giraldo, fundador de Podcast and Business, Boston, EE. UU.