Cartas a Victoria III

Imagen: Anónimo

¿Increíble, no?, como ciertas palabras tienen una potencia tal como para desgarrarnos el alma.

No puedo seguir más, engañándome día y noche — como si de esto fuera a sacar beneficio alguno — aunque una voz corre por mis venas diciéndome que estoy en lo correcto, esta la otra que me invade la razón y dice basta, es por tu propio bien.

Vivir en una mentira está bien, todos los hacemos (si nos sabes de lo que hablo ve la película The Matrix) pero vivir en dos, una mentira dentro de otra sí que puede acabar con una persona y quienes a esta rodean.

Ahora que puedo ver las cosas claras, «ja», como si pudiera hacerlo… prosigo.


Querida Victoria mía,

En estos pocos días que tuve de conocerte, pude sentir ese extraño condimento que sazona nuestras vidas en cierto instante dado y nos llenan de vida. Fue quizá mi mejor momento de estos últimos cuatro, cinco años.

Pero todo tuvo que resultar en tragedia. Y no era de esperar más. Yo un ordinario marinero que navega con las manos atadas y los ojos vendados, nunca pudo haber llegado lejos. Mi deseo es saber quién me depositó en este lugar y en estas condiciones y sobre todo el por qué.

Mi pobre compresión de la realidad me ha conducido a un mar lleno de penumbra que el mismo Platón temería por allí navegar.

No sé qué pedirte, por eso es que te pido perdón nada más, y tal vez un poco de comprensión. Me siento como si hubiera entrado en un callejón sin salida. Y no, no se nada, no entiendo nada, ese es el problema.

Hasta aquí por hoy,

Juan Pablo Malo

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