Cartas a Victoria VIII

Los tiempos cambian, pero ¿para bien?

Imagen por: green island.

Ese individuo, despersonalizado que conociste hace no mucho, ha crecido lo suficiente como para valerse de sí mismo, y todo gracias a tu ayuda. Propongo un brindis por la más grande entre todas, Victoria.

De todos los cafés de la ciudad, tenía que cerrar el más cercano a mí; así es, y además no solo eso, la galería de al lado también había partido — cosa que no extraño mucho, pues no soy muy fan del arte abstracto; lo mío es el figurativo — . Inmediatamente, recordé que cierta vez deduje que tardaría en adaptarme a uno nuevo, pero aquí estoy, encantado como niño con juguete nuevo en el «Man Versus Machine» que es justamente desde donde te escribo esta vez.

Una semana más a nuestra colección, ¿qué te parece? Intenso, ¿no?, tomando en cuenta la velocidad a la que vamos, aunque en parte esa velocidad proviene de nuestras ganas por volver a encontrarnos, y enamorarnos, cosa que yo practico todos los días como si de una ascesis se tratase.

Dime, Victoria, ¿también te enamoras todos los días?

Mentiría si te dijera que quiero saber esa respuesta, pues las sagradas escrituras dicen que el amante siempre se encontrará por encima de su amada — por razones lógicas, claro está — , de ahí que, tengo mayor facilidad de caer rendido ante tu gracia, cada día, aunque esto no evita que algún día esos papeles se inviertan.

Ya que insistes, una pequeña narración de lo acontecido en estos últimos días ma petite.

80 % trabajo, 20 % sueño, muy simple. Mis colaboradores y yo tuvimos que hacer varios cambios a la propuesta del centro comercial provisional de invierno para el Südpark, el concurso está muy apretado y una firma inglesa y una holandesa figuran entre los favoritos. Ahora que lo sabes, comprenderás que mis próximas cartas llegarán hasta el próximo fin de semana, porque aún nos esperan días de intenso trabajo. Que el desbalance entre el tiempo que te dedico y el que dejo en mis proyectos no te confunda, mi amor, por ver brillar a las ciudades no es mayor al que siento por ti.

Dicho esto, hoy — sábado — he decidido relajarme y pintar un poco, como sabes, para descargarme de este fastidioso dolor.

Empieza a caer la noche y el descenso de las nubes me recuerdan a lo que he venido. Tengo ya varias semanas viviendo con el tiempo justo, ahorrando hasta la mas mínima milésima de segundo para honrarte y demostrarte que Juan Pablo Malo hay solo uno.

Victoria hay una sola, de padre y madre únicos también.
Así como únicamente solo Sol y Luna saben hacerlo
La tierra se le antojó como su morada.
Vivió en Atenas desde que tuvo memoria.
Palas Atenea la acojió en su seno
haciendo de ella una mujer fuerte y serena.
Y el escriba quien con prisa iba
ante tu presencia se detuvo
Quién pensaría que aquel día
con su amada se encontraría.
La última de su linaje,
ahora la primera entre todas,
su forma calma hasta al más salvaje
¿cómo te llamas y quién es ese amante?.
Así toda la vida aparecerán falsos imitadores
pero descuida que ellos viven en estratos muy inferiores.

Der Maler, Juan Pablo Malo.

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