Habitar

Afuera olía a basura y la humedad empeoraba las cosas. Decidí salir a buscarte, caminé hasta la esquina y te vi cruzar; apuré el paso, pero te perdiste en la avenida. Sin perder tiempo volví a mi casa, para habitarla y devolverle la vida.
Ella se fue, con sus inquietudes e indecisiones. Me sentí aliviado de que se fuera. Ahora puedo decir que estoy solo en la casa.
El frío de la habitación se extingue en el sol de la ventana. Los muebles del cuarto son viejos y están dispuestos de forma tal que distan de ser funcionales. Agotado por la discusión y con la confusa alegría de perder me dejé llevar por el impulso del sueño.
Viví tanto tiempo aquí, y siempre las cosas me parecieron tan familiares, los colores pasteles en las paredes, los azulejos de la cocina. Tengo la sensación de no haberme ido nunca. Llegué ayer, no paro de hacer cambios, sin descanso y con la propulsión de energía que dan los comienzos, me dispongo.
Esa ventana es todo un símbolo, no da a la calle ni tampoco al patio. La pintura es un cuadro rectangular comprado a un artesano en el puerto de Valparaiso, la ciudad se puede ver en el paisaje y el cuadro funciona como ventana; basta con solo mirarlo para salir. Coloqué el dibujo lo más cercano a mi alcance visual. Es mi forma de trascender las paredes y extender las dimensiones de mi pequeña habitación.
Mientras me ocupo con empeño en arreglar mi casa, afuera seguramente estarás vos, cruzando avenidas y tan lejos de mi alcance. Mi pensar se volvió denso y misdecisiones avanzan más rápido que yo.
Las paredes se completan de fotos y dibujos, los espacios blancos quedan atrás y lo importante resalta por sobre el resto. Los libros buscan apilarse por el lomo, ellos también ansían su protagonismo. Algunos más respetuosos se quedan en su lugar sin sobresalir, confiando en sus atributos para ser leídos. La ropa sale de los cajones y se cuelga de donde puede. Los recuerdos de viajes muestran amablemente las experiencias y sensaciones vividas. Un disco eterno suena en mi casa y no se detiene ni con un corte de luz. La música acompaña cuando el vacío se hace notar.
Siento complicidad con la casa, nos estamos conociendo; mejor dicho, nos reencontramos, me invita a ser parte. Los objetos se desdibujan, su vuelven piezas que buscan lo mismo que yo busco. Soy el único habitante, mi observancia se convierte en objetivo y es curioso porque me sucede lo mismo pero al revés. Mirar me lleva hacia donde quiero estar. Y aunque la casa es grande y tiene otros cuartos ya no quiero compartirla.
Hay sol y en mi ventana también es de día, como siempre. Llevo varios días acá y parecen semanas, siento eso que habremos sentido todos alguna vez en la vida, esa sensación parecida a la ansiedad, a veces aún pienso en salir a buscarte o mejor que eso, fantaseo que sos vos la que me busca.
Las fotografías de bicicletas ocupan una pared completa, del lado opuesto a la ventana. Siempre las imagino rodando, cumpliendo el fin para las cuales fueron creadas. Aunque debo admitir que siempre me resulta una palabra altanera, como así también la palabra nunca. Hay que estar muy seguro para utilizarlas. También están esas veces en que solo imagino esa bicicleta frenada, esperando que alguien la ande a rodar por la calle y todas sus partes se vuelvan útiles. De lo contrario, solo es igual a una casa sin gente, bien podría ser la mía. Pero aquí estoy yo, sentado en mi cama, viendo la madrugada transcurrir. ¿Y qué decir del mapa al revés? No es que no sepa que el norte es el norte y el sur está abajo, pero me resulta conveniente de vez en cuando, cambiar el modo de ver las cosas establecido de la casa, como una rebeldía casera. De la misma forma me surge la idea de imaginar un nuevo mundo, diferente al existente. Consideré la idea de comprar un globo terráqueo, aunque son costosos y el material de que están hechos no me convence. ¿Y para qué tanto si solo tengo estas cuatro paredes y con eso me basta?
Es hora de descansar, pienso, es hora de distraerse y pensar en vos. Ya no estarás por la calle, quizá sí, en tu mundo, en tu casa y rodeada de tus cosas, que son de alguna forma, una extensión tuya, forman parte de la órbita de tu atracción. Al igual que yo, a la distancia y desde tan lejos o tan cerca. Nunca supe bien dónde vivís ahora, pero creo prefiero no saber; de saberlo, tal vez, quizás, me seduzca la idea de buscarte. Sos la chica de la foto que falta en mi pared, sos esa idealización que es perfecta. Ahora que lo pienso bien, es más bien lógico que no estés a la derecha del calendario ni a la izquierda de la foto que me saqué en Rosario al lado del Río Paraná, ya no sos algo que esté a mi alcance y tal vez te pienso cruzando por esa avenida, porque estoy seguro que desde mi ventana jamás voy a verte pasar.
Cada tanto salgo a ver otros techos, otras luces, respirar esa bocanada de aire, que solo me es necesaria cuando me olvido de abrir un poco la ventana. Para no volver a verte entrar.

