‘Coces al aguijón’, de Alexander Solzhenitsyn

En el espectacular Cien años de literatura a la sombra del Gulag (1917–2017), de Adolfo Torrecilla, se comentan extensamente los dos libros más conocidos de Alexander Solzhenitsyn entre nosotros: Un día en la vida de Iván Denisovich y Archipiélago Gulag.

Otro importante libro suyo que conviene recordar son sus Memorias (Coces al aguijón), un relato en cuya primera parte habla el autor de su escritura clandestina durante décadas, de las vicisitudes para publicar Un día en la vida de Iván Denisovich, de las razones para el éxito que obtuvo ese libro al principio, de los intentos del régimen de convertirlo en un escritor dócil, y del temor que su conducta y sus publicaciones provocaron después. Luego tiene cuatro complementos, escrito uno en noviembre de 1967, otro en febrero de 1971, un tercero en diciembre de 1973, y un cuarto en junio de 1974, cuando acababa de ser expulsado de la URSS.

El libro es detallista, extenso, y en él aparecen muchos personajes, algunos de poco interés ya para muchos y otros más conocidos entre nosotros como Rostropóvich y Sajarov —un milagro que apareciera alguien como él, dice Solzhenitsyn, «un alma que buscaba la verdad», «en el avispero de la élite técnica a sueldo, vendida, sin principios, y encima en uno de sus nidos principales, secretos, cubiertos de bienes: cerca de la bomba de hidrógeno»—. Habla pormenorizadamente de todas las circunstancias que rodearon la concesión del Nobel en el año 1970, y de cómo se precipitó la publicación en Occidente de Archipiélago Gulag y, con eso, su expulsión de la URSS.

La narración, a pesar de los ambientes asfixiantes que describe, respira buen humor y autoironía: «qué cosa tan pegajosa resultan ser unas memorias: mientras no estiras la pata, no las terminas. Todo el tiempo van pasando cosas nuevas, y hacen falta suplementos. Y maldiciéndome a mí mismo por mi pesada prolijidad, abuso del tiempo del lector y del mío». Las precauciones y maniobras del autor para realizar y preservar su trabajo, para ir ganando terreno frente a la intimidante maquinaria estatal, y los logros inesperados que alcanzó, ayudan a comprender por qué la escritora Lidia Chukövskaia calificaba a Solzhenitsyn, ya entonces, de hombre-epopeya, hombre-leyenda.

Lo anterior encaja con que, por momentos, el autor adopta un tono épico: «Pero vendrá nuestra hora, y saldremos de las profundidades del mar todos [los escritores rusos ocultos] a la vez, como los treinta y tres caballeros de la leyenda, y así renacerá nuestra gran literatura». Y, más adelante, dice: «Me fue concedido llegar con vida a esta dicha: asomar la cabeza y tirar las primeras piedrecitas a la estúpida cabezota de Goliat. A la cabezota no le pasó nada, las piedrecitas rebotaron, pero al caer en tierra, florecieron con estrellas de las nieves, y las recibieron con alborozo o con odio, más nadie pasó simplemente de largo».

Una visión panorámica de la vida y la obra de Solzhenitsyn está en Un alma en el exilio, una biografía que firma Joseph Pearce. Siguiendo el arco de la vida del escritor ruso —familia, estudios universitarios de física y matemáticas, juventud en sintonía con la ideología comunista, participación en la segunda Guerra Mundial, nueva comprensión de la vida y conversión en claro paralelismo con Dostoievski, obras literarias, expulsión de la Unión Soviética, estancia en Vermont, regreso a Rusia—, Pearce presenta un resumen de la historia reciente de Rusia y, gracias también a las conversaciones personales con el autor y sus hijos, dibuja de cerca la personalidad de un Solzhenitsyn al que da una talla casi de profeta.


Alexander Solzhenitsyn. Memorias (Coces al aguijón) (1975). Barcelona: Argos, 1977; 461 pp.; trad. de V. Lamsdorff; ISBN: 84–7017–337–5.