Cuadrículas

Un instante imperceptible. El sonido se aleja.
Un mundo que se vuelca para esconder su desazón,
su vergüenza, tal vez su virtud.
La vasta noche donde solo sucede el color.

Ahora llega el desorientado amanecer.
El espacio se camufla con los latidos de una ciudad
que perece hasta convertirse en una silueta gris.

Las aventuradas cuadrículas se disfrazan de estos renglones,
emerjo como un demiurgo improbable y negligente.
Creador, como todos aquí.

Se propaga un perfume que intenta ser redentor.
Como el tiempo y la contabilización de granos de arena.
Las nubes me esconden para protegerme de la fútil obra
en la que soy un desaforado creador.

Vuelve la noche y me encuentra desarmando los sueños,
el tacto, las risas, el deseo.
Todo desemboca en un cuerpo desnudo que me paraliza
inundándome de belleza y amor.

El mundo deja de ser ese instante imperceptible.
Es magia, confusión y caótica perfección.