Cuatro poemas sobre el hastío

1.

Si me permite una cartografía de mi cuerpo dudoso: Me desgajé en tres pedazos.
Para mí, para la cuna, para los amigos. 
Uno mudo, los otros sordos.

2.

El saber estar solo. La capacidad inevitable de perderse bajo las sábanas ácidas de un pescador iraní. De estar bien lejos, de caer bien hondo.

Ramón Casas

3.

No albergo otro espacio en mi alma, que no sea para la fantasía de las esquinas.
Ni sentidos para otra música que la de los talones arrastrándose en el pasillo. O cuerpo para más brisa que la desertora entre las almohadas.

4.

No hay culpa en los ojos y los oídos cerrados.
No hay culpa en el cansancio. Tampoco hay culpa en las piedras bajo los pliegos.
No hay culpa en adherirse a las conchas y llorar.
Todo es expiado cuando se asume la soledad. Y ella responde.

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