Cuestiones borgianas

I
Antes de morir algunos personajes de Borges abren con fuerza los ojos. Desmesuradamente y sin miedo, intentan captar una última transformación que emerja de su último instante sobre la Tierra y le otorgue sentido a su vida. Son cuentos que agonizan con puntualidad hacia una claridad final.
II
—¿Por qué nunca ha escrito novelas?
—Prefiero la limpia y súbita velocidad del cuento. Creo que, si yo empezara a escribir una novela, me daría cuenta de que se trata de una tontería y que no la llevaría hasta el fin. La ventaja esencial que le veo es que el cuento puede ser abarcado de un solo vistazo.
III
«Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Estos no mordieron su carne, estos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo». (Final de Las ruinas circulares).
IV
J. L. Borges murió en un sosegado lugar de Argentina llamado Ginebra, trece años antes de que W. G. Sebald publicara Sobre la historia natural de la destrucción, y tal vez en el momento exacto que este diera el salto a la escritura. A diferencia del argentino, cuyas obras orbitan las posibilidades de la ficción para incidir en la realidad, Sebald rebuscó en el olvido colectivo y en las ficciones que recubren ruinas.
V
Al instante de morir la retina congela la última luz que observa y transforma aquello que percibe en la forma de su superficie. Entonces, los ojos dejan de ser instrumentos de transmisión de datos y se vuelven la fotografía del momento de su muerte.

VI
Quien agoniza recostado sobre la pampa hace del cielo la geografía de su claridad final. A diferencia del cuento, el espacio celeste no puede abarcarse de un solo vistazo; se debe enmarcar lo que se volverá parte de los ojos. Y es precisamente buscando en el cielo el sentido de un final que, antes de morir, los personajes de Borges se vuelven vigilantes.
VII
«Corre el rumor —escribe Chateaubriand en sus Memorias de ultratumba— de que el Kremlin está minado… Las distintas bocas de fuego se extienden hacia fuera, se alimentan y se unen entre sí. La torre del Arsenal arde como una alta bujía en medio de un sagrario incendiado. El Kremlin no es más que una isla negra, contra la que rompen las olas del mar de llamas. El cielo, en el resplandor de los incendios, parece temblar por los reflejos de la aurora boreal». (Sobre la historia natural de la destrucción).
VIII
Un triángulo de hechos delimitan eso que podría considerarse lo borgiano: dos de carácter estrictamente literario, las publicaciones de Ficciones y El Aleph, de 1944 y 1949, donde se cifra su estilo y postura; y otro, improbable, de naturaleza ficcional, ocurrido entre los anteriores y sin consentimiento de Borges. El incidente ovni de Roswell.
IX
Antes de estrellarse en la Tierra, el objeto argentino de procedencia desconocida, presuntamente extraterrestre, sobrevoló varias granjas y terrenos apenas poblados, apareció por algunos minutos en el horizonte de Nuevo México, y siguiendo una trayectoria recta colisionó en algún lugar entre Roswell y Corona. Dicen que un resplandor ominoso iluminó por algunos segundos los alrededores del desastre.

X
Rodrigo Fresán escribió en 1999 que la muerte de Borges, ocurrida trece años antes, fue una muerte definitivamente argentina porque el extranjero es el lugar más argentino de todos. Porque se puede ser escritor y argentino en cualquier parte. Porque la Argentina, continúa Fresán, como la muerte, funciona en todas partes y en ninguna. La Argentina es otro de los tantos nombres de Tlön. Un lugar para llevarse a morir.
XI
En Los anillos de Saturno existe una referencia a «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius». ¿Es posible que Sebald, un escritor siempre extranjero y por lo tanto sumamente argentino, haya heredado de alguna forma la memoria de Borges, como en ese cuento donde Borges recibe la de Shakespeare?
XII
Varios testigos del accidente en Nuevo México dijeron haber visto morir a uno de los extraterrestres recostado pacientemente en los pastizales aledaños a su nave. Sus ojos negros, o aquellas superficies oscuras que semejaban ojos, parecía que miraban apacibles el amanecer del 10 de julio de 1947.
XIII
¿Vino un habitante de Tlön a morir recostado sobre pastizales terrestres buscando otro tipo de claridad en la superficie de nuestro cielo? ¿Es nuestro planeta la ficción de otra realidad? ¿Nuestra propia realidad futura? ¿Fue aquel incidente de 1947 un viaje en el tiempo?
XIV
Actualmente se sigue discutiendo la procedencia de aquella aeronave. Es un misterio si fue un globo del ejército estadounidense, una nave soviética, un artefacto del espacio desconocido, o si acaso todo fue una ficción.

XV
«El fuego y el relato, el misterio y la historia, son los dos elementos indispensables de la literatura». (El fuego y el relato, G. Agamben).
XVI
Para Borges, morir era una historia de horror que al final de su última oración se transforma en un desierto nocturno e infinito, tan real, por el cual se podría vagar eternamente, vigilando el cielo. Y en donde, tal vez, uno podría toparse con las ruinas de una civilización desconocida, devastadas por un fugo arcaico, tan antiguo y poderosos como el relato mismo. Para comprobar la muerte, decía Borges, uno debía tomar un espejo para no encontrarse.
XVII
La muerte es la fotografía que nunca veremos en la superficie de nuestros ojos.
XVIII
Borges abre los ojos sin temor, sabe que aunque nunca pueda verlo, sus ojos amarillos capturarán un último marco de luz. Algún día, piensa mientras el proceso químico de la obliteración arranca en su cuerpo, tal vez en este momento de 1986, comience la inevitable destrucción de todos los idiomas, el olvido que recubrirá nuestras ruinas y harán que el mundo comience su transformación natural en Tlön. En ese mismo momento W. G. Sebald imparte una conferencia en Londres sobre la destrucción y el fuego, cuando algo lo invade.
26/agosto/17

