Día cuarenta y nueve

Drogas que no son drogas

PapaJuan
PapaJuan
Jul 23, 2017 · 5 min read

NNos encontramos a la mitad del verano —mitad del invierno para nuestros amigos del cono sur — . El verano —y el invierno, a veces— significa vacaciones para los estudiantes y niños. Significa días más largos, descanso, diversión y desenfreno. Quienes pueden buscan una playa o lago o cualquier cuerpo de agua de buen tamaño para zambullirse y refrescarse. Se viven los amores de verano, se hacen amistades efímeras o no tanto, la gente está de buen humor y semidesnuda, enseñando carnes tonificadas o no tanto. Las personas productivas van a cursos, aprenden cosas nuevas, llevan a cabo proyectos especiales con su tiempo libre. Otros preferimos el malsano descanso en combinación con ocio. El planeta se estremece con libido insaciable. El verano es tiempo de descubrir y llegar a nuevos horizontes, antes de volver a nuestra odiosa rutina de clase trabajadora y estudiantil —la gente rica no tiene noción de las estaciones.

Y ya que mencioné nuevos horizontes, es tiempo de drogarse, ¿por qué no? Si hay algo que caracteriza el verano son las drogas. Unas cervezas con los compadres, unas noches de borrachera con nuevas amigas, unas cajetillas a la orilla del océano, unas líneas de coca en el club nocturno, unos cuantos churros para relajarse en el parque, pastillas, jeringas, supositorios, etcétera. A mi parecer, el consumo de estupefacientes se dispara durante el verano.

Es hora, entonces, de hablar de las drogas que no son drogas. Cosas, lugares, gente, momentos que tienen un efecto parecido a las drogas. Todo el mundo tiene su droga, aunque no sea exactamente una sustancia que se ingiere. Y antes de que respondan que, efectivamente, se tratan de drogas reales porque mi cerebro libera hormonas / neuroreceptores / químicos / espíritus mágicos que son considerados drogas porque pueden modificar el pensamiento, las sensaciones y las emociones de uno, entiendan que soy un ser romántico y no entran en mi definición de drogas porque no me tengo que sumergir en el hampa y pagar al dealer por unos gramos.

He aquí algunas de mis drogas que no son drogas. Adictivas en su mayoría, producen placer y un sentido de bienestar:

Soy un melómano. Vivo para escuchar música; no es de extrañar que mis mejores recuerdos sean de conciertos. En mis ratos de ocio busco nuevas canciones y/o artistas para agregar a mi repertorio. Si es verdad que ciertas drogas se sienten mejor con la música adecuada, creo que es incorrecto, se trata de una mezcla de drogas. No toda la música tiene efecto narcótico. Algunos versos de Kdot y MF Doom, los espectaculares sintetizadores psicodélicos presentes en Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea, unas pocas producciones downtempo de Regan Matthews, el swing de Herb Alpert y el Tijuana Brass, las notas de piano de Thelonious Monk, los gritos estridentes de Gerard Arthur Way, las mezclas descollantes de los experimentos de Flume; son ejemplos de adormideras musicales. Nada de sandungueo —léase reguetón.

Las drogas auditivas y los sonidos binaurales no entran aquí. He probado ambos; los primeros son una farsa que necesita de mucha sugestión para surtir efecto y los segundos únicamente sirven para meditar. Ustedes pensarán, queridos lectores, que estoy en lo incorrecto y que, de hecho, las drogas auditivas son más que un mito urbano creado por pubertos ociosos que pasan sus horas en Internet. Los invito a teclear en su navegador drogas auditivas para que pierdan treinta minutos de sus vidas escuchando ruidos molestos.

¿Recuerdan el filme Le fabuleux destin d’Amélie Poulain? ¿Y aquellas escenas que ilustran los pequeños placeres que deleitan a Amélie? Después de ver esta comedia romántica probé cada uno de ellos. Todos son exquisitos, pero me fue adictivo hundir mi mano en una bolsa de semillas —una bolsa de canicas es todavía mejor—. Placentero al tacto. Inténtenlo.

Lo sé: el café no es precisamente bueno para la salud. Sí: la cafeína es una droga. Ok: la industria cafetera es corrupta, nos vende mentiras, y la tradición de tomar café por las mañanas es artimaña y complot capitalista.

Pero no me refiero a la taza de líquido amargo solamente, sino en conjunto con la cafetería donde se vende. Las cafeterías son lugares de esparcimiento, o al menos eso deberían ser. En sus orígenes —siglo XV— las cafeterías eran espacios para discurrir y charlar sobre temas intelectuales y no tan intelectuales, entre tazas de café se discutían e intercambiaban ideas, se debatía sobre asuntos políticos. El café es la bebida socializadora por excelencia —después del alcohol—. El rito de frecuentar una cafetería, entablar conversaciones con desconocidos entre sorbos de café, pasar el tiempo allí, escribir embriagado por la cafeína, eso es a lo que me refiero.

Me fastidian tanto como a ustedes, queridos lectores, los anglicismos. Pero no encontré un vocablo en español para esta droga. Window seat es aquel asiento adjunto a una ventana, como puede ser el asiento del pasajero en automóviles, o asiento de ventanilla en avión/autobús.

Todos, al estar en el window seat y observar con aquella lupa un mundo en movimiento que dejamos atrás, entramos en trance, ensimismados, a veces, emberretinados con la introspección sombría de los recovecos oscuros de nuestra alma; o puede que como estamos inconexos con el ambiente, resguardados por el fino cristal, hacemos crítica mordaz de la sociedad en decadencia, de las tradiciones anticuadas y podridas, del mundo entregado al ocio. Meditabundos, nos parece corto o largo el viaje, conforme al grado de trance.

La playa me produce sentimientos opuestos. Por un lado, me pongo inexplicablemente nostálgico y triste; sobre todo al alba y al atardecer. Me gusta sentarme en un muelle, con sendos pies colgando, y ahogarme en tristeza y emociones depresivas mientras el astro rey desciende/asciende. Por otro lado, me encanta pasearme a lo largo de la playa, sentir cálidos rayos solares sobre mi piel, acostarme en la arena y tomar una siesta, arrullado por el ruido incesante de las olas rompiendo contra la playa.


Estas son mis drogas que no son drogas favoritas. ¿Tienes alguna mejor? Compártela en las respuestas.

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Perdóname si no te sigo, pero me aburre caminar.

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