De cometas y mensajes a la orilla del mar

Lo que más me gusta de las sirenas es su pelo. Sé que tienen otras características atractivas; su bonita cola, la facilidad para las matemáticas (¿no sabías que las sirenas son buenísimas para el cálculo integral?) y la voz con la que atraen a marineros incautos, pero si yo viviera bajo el agua en forma de cualquier otra criatura marina, extrañaría terriblemente mi cabellera. Me gusta cepillar mi pelo, trenzarlo, olerlo y cuando estoy nerviosa he llegado a comérmelo. No entiendo a la gente para la que su pelo no es importante. Y no hablo de tener una melena kilométrica ni nada por el estilo, tampoco de cuidarlo obsesivamente usando caros tratamientos. Hablo de, ya sabes, echarlo de menos si se te llega a caer más de lo normal, o hablarle de vez en cuando y pasar tus dedos con cariño para desenredarlo, tal vez contarle alguna historia. ¿Tu pelo sabe algo sobre la cabellera de Berenice y Cipris? ¿O le has hablado de cómo la Tierra ayudó a Buda a derrotar a Mara sacando de entre su pelo un océano? ¿Y qué tal el cuento de Rapunzel o el mito de Sansón? Otro ejemplo: la palabra cometa viene del griego κομήτης, de κόμη, que significa cabellera. Cualquiera que tenga pelo lleva un cuerpo celeste sobre la cabeza. Cabellera, según la segunda definición en el diccionario, significa «estela luminosa que rodea a un cometa». Somos, queda claro, un poco más que solo polvo estelar. Ahora que recuerdo, en la versión rusa de La sirenita, Rusalochka le pide ayuda a las estrellas para encontrarse con su querido príncipe. Tal vez era una forma poética de decirse a sí misma piensa; quizá observamos las estrellas de la misma forma en que vemos nuestro rostro en el espejo. Por eso creo que lo más especial de una sirena, es cada una de las raíces y de los tallos formados en los folículos pilosos, esa mata que en conjunto, bajo el agua, parece un fantasma o una mancha de pintura que tiene vida. Es casi otra criatura, con un lenguaje propio de ondas y figuras que se forman a su antojo, con una historia que no se limita a este planeta y una constelación de la que es parte. Así que, el día en que alguna bruja me pida mi cabellera a cambio de darme cola y bronquios para estar al lado de un príncipe tritón, definitivamente propondré una relación a larga distancia antes de convertirme en la primera sirena calva, y me conformaré con mensajes en una botella o barquitos de papel que me lleguen vía tortuga a la orilla del mar.