De fines y finales

Muchos se preocupan por averiguar el fin del ser humano. Y, extrañamente, el nombre para la «razón» de nuestra existencia es: fin. Como si nos contara, además, algún final.

Y no sé si existe un fin en esta vida, pero sí creo que por lo menos hay algo antes del final, y es vivir.

Levantarte cada día, arrastrando sueños mudos de un mundo mejor. La razón que no te deja rendirte. Que te arrebaten un par de lágrimas de risa. Inundarte en el silencio de esa mirada. El tiempo que le dedicas a tu amor. Dar todo, volver con nada, y todavía seguir buscando. Animarte a ser vulnerable (aún con todo el miedo del mundo). Y ese momento sutil de humanidad que te hace sentir vivo.

¡Estás leyendo esto!

Estás.

Sos.

Porque nuestra muerte es esperable, pero la vida se nutre de lo inesperado.

De amistades perennes, romances de diez segundos y carcajadas sin razón; de aventuras espontáneas y miradas que duran dos eternidades; de sonrisas tímidas y labios mordidos.

Porque la muerte puede ser una certeza, pero el vivir es el bello misterio de saberse efímero y aún así sentirse infinito.