Eficiencia local, absurdo global: la asombrosa máquina esparcidora de polvo

Cali, julio de 2015

Tomado de http://www.titanic-nautical.com/RMS-Titanic.html
Si la serendipia refiere un hallazgo afortunado y casual cuando se está tras un objetivo distinto, ¿qué nombre darle a los desastres impensados provocados por una iniciativa sensata, inteligente y aparentemente inocua?

Si quisiera construir una enorme expulsora, una máquina que en vez de aspirar polvo lo esparciera, haría una gran campana. En la parte superior, donde termina el cono, abriría un hoyo por el que se proyectarían chorros de mugre hacia la atmósfera. Para ello habría que disponer en la base un ventilador eficiente para elevar la polvareda mediante un remolino gigante. No hace falta usar aspas. Basta con refrigerar el aire de abajo y el aire caliente ascenderá rápidamente desplazado y empujado por las corrientes de aire frío. El aire caliente arrastrará el polvo y, una vez arriba, saldrá expulsado a través del hoyo en la parte superior de la campana. Luego de enfriarse, volverá a caer por fuera de la campana, pero mi máquina se encargará de recapturarlo para canalizarlo y catapultarlo de nuevo. Así, una y otra y otra y otra vez.

Si no entendió nada, observe el gráfico a continuación.

Ilustración elemental de la Máquina Esparcidora o Expulsora

Nadie en sano juicio haría una máquina esparcidora como la que describo. Eso es verdad. Pero no hace falta estar loco para hacer algo absurdo como eso. Basta con actuar y diseñar cosas y objetos concentrándose celosamente en el éxito local, descuidando el contexto e ignorando los fenómenos que se enhebrarán con nuestras acciones locales conforme pase el tiempo.

Esperpentos globales como máquinas que expulsan polvo, iniciativas que destruyen la vida de millones de personas, medicinas que procuran deformidades corporales, proyectos de desarrollo que crean smog hasta intoxicar a millones, o decisiones que arrasan cientos de miles de hectáreas de bosques, suelen empezar con ilusionadas invenciones locales que parecen perfectas sobre el escritorio de los planificadores. La belleza y funcionalidad local es, con frecuencia, el camino correcto hacia el desastre global.

Por ejemplo, me encontré una extraña y enorme máquina expulsora en un lugar idílico y reluciente: el centro comercial Unicentro de Cali. Es paradójico que este reino del aseo obsesivo y esmerado haya instalado esta máquina absurda. La tiene trabajando sin cesar y a todo vapor desde hace algunos años. Todo debió empezar con infinidad de planos detallados, algunos tridimensionales, en que se visualizaba un costoso proyecto arquitectónico imaginado por un pool de expertos constructores al servicio de Pedro Gómez Barrero y Compañía.

A continuación, les presento la Expulsora:

La parte superior de la máquina expulsadora
A la izquierda el hoyo de salida de polvo y a la derecha, la base: una fuente de agua, un poderoso enfriador
Si se observan las paredes con cuidado, se notará la acumulación veloz de capas de polvo, incluso en las hojas de las plantas. La expulsora funciona a todo vapor.
La fuente, el dispositivo refrigerante, en funcionamiento.
En las paredes y las telas puede apreciarse cómo, día a día, se acumula el polvo. Y es poco probable que pueda cesar el proceso. Imagino que asear las paredes cada día sería costoso, engorroso y muy difícil. Será cuestión de pocos meses o años para que la nata de polvo se haga visible e insoportable. Todas las fotografías, Julián González
Hojas con persistente acumulación de capas de polvo en Unicentro, Cali. Fotografías Julián González
Unicentro, Cali. Fotografías Julián González.

Cuando visite Unicentro, Cali, observe con cuidado cómo la eficaz maquinaria va desplegando su tarea, sin cesar, en las paredes blancas y en las hojas verdes de decenas de palmeras y filodendros que penden de las terrazas. Un día usaré un filtro, una tela blanca (¿una servilleta?), para probar cuánto polvo se acumula a lo largo de pocas horas.

Para cerrar, échele un vistazo al mensaje anclado a la base de la máquina esparcidora. Si a las buenas intenciones locales les sigue el desastre global, al desastre global le sigue una oleada de humor paradójico local:

Libre de Humo. Fotografías Julián González
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