El engaño de las lluvias de ideas

Que Google lo haga. Como si el recordatorio activara el proceso creativo. Los silencios incómodos son culpa de la sobrevaloración que las personas hacen de sí mismas. Dado que los libros de superación personal les han vendido que todo es posible y que nunca es tarde para lograrlo, abundan los excesos de confianza de quienes pretenden resolver en minutos lo que no pudieron hacer en horas. La de ideas es la única tormenta que no se escucha. Porque ahí donde tendría que haber estruendo no hay más que susurros de simulación. Si los gestos de reflexión fueran directamente proporcionales al éxito de las juntas, no habría jornadas laborales con desperdicio. Se demostraría que el trabajo colaborativo funciona en muchos más escenarios que los de la tragedia.

El comfort cerebral atrofia las dinámicas creativas. La gente tiende a concebir la generación de ideas como un modo que se enciende y apaga. No entiende que pasar del estado de reposo a quinta velocidad es más difícil que mantenerse en un andar promedio. Lo voy a explicar con futbol. Un jugador que está completamente parado sufrirá más para arrancar y ganar una pelota que uno que se ha mantenido en movimiento. Vaya, hasta los dispositivos móviles demoran más en reaccionar cuando se reinician por haber estado apagados o en modo avión. Pero la sociedad actual se encuentra demasiado aferrada al concepto comercial de pasarla bien como para generarse incomodidades que no percibe necesarias. El cerebro es perezoso, casi tanto como la voluntad de las personas. Ejercitarse no es una opción. Y cuando lo es, el ejercicio físico está por encima del intelectual. Se nota más, se presume más y se celebra más.

Los seres humanos no saben lo que quieren. O lo que necesitan. Pagan por lo que por sí solos podrían generarse. Gary Vaynerchuk explica que los grandes negocios del presente son aquellos que regalan tiempo al usuario, lo optimizan. Uber es un servicio de transportación, pero más allá de su función elemental se encuentra el ahorro de tiempo que representa para los usuarios poder realizar otra actividad mientras esperan que llegue el transporte asignado. Las compras en línea también cumplen con esa función. La gente adquiere productos del supermercado a distancia, sin tener que desplazarse y sin los tiempos añadidos que representa la experiencia tradicional. Pero esa inteligencia de los usuarios está muy centrada en el consumo, no tanto en la creación. Si el tiempo optimizado se obtiene a partir de la inversión económica, el esfuerzo vale la pena. Si está sujeto a esfuerzos personales de otro tipo, la pérdida de tiempo es, por lo general, un mal con el que se puede vivir.

Siempre me ha frustrado. La mano al mentón. Los ojos hacia arriba. Los brazos cruzados. Los gestos de ansiedad. La mímica para comunicar pensamiento. El tiempo que es poco pero se hace eterno. Pasa que el silencio duele en sociedad. Lo del hombre es comunicarse con otros, dialogar, y casi siempre dispersarse. Estoy convencido que funciono mejor solo. Prefiero de cinco a diez minutos de aislamiento que estar entre gente que dice estar pensando. La generación de ideas requiere de pilares. Y esos no surgen del desorden creativo, sino de la estructura que se da fuera de la tensa calma del trabajo en equipo. En una lluvia de ideas abundan las tácticas sin estrategia, las ideas sin sustento y los conceptos sin convicción. Ahí se generan las ideas acordeón o las ideas paja. Que pueden ser entendidas como el peor es nada creativo de los que no quisieron pensar antes de la junta, pero que entienden que más vale hablar que correr el riesgo de quedar expuestos por no haber hecho la tarea. Más vale para muchos pasar por ineptos que por huevones.

El fracaso de las juntas creativas está vinculado al mito de la inspiración. Puede que los asistentes no le hayan dado vida a una buena idea en años, pero ni siquiera las pruebas de su fracaso son detonantes para que decidan prepararse para esa sesión en la que deberán exponer sus pensamientos sobre ese proyecto para el que fueron invitados. Piensan que Google Calendar lo hará por ellos. Que la notificación que cinco minutos antes les recordará lugar y hora de la cita hará que su cerebro se ponga a crear. Es como el gordo que quiere adelgazar unos días antes de sus vacaciones. A la capacidad de crear hay que ejercitarla a partir de la reiteración y la disciplina. Para que una tormenta de ideas funcione tendría que ser vista como un espacio para exponer, no como un espacio reservado para pensar. Las sesiones creativas están llenas de simulación. Ahí donde se supone que hay tormenta, no hay más que un grupo de personas reunidas sacando un paraguas cuando no llueve. La mano al mentón. Los ojos hacia arriba. Los brazos cruzados. Los gestos de ansiedad. La mímica para comunicar pensamiento. Simbología pura de los que no quieren pensar. De los que pretenden que sea Google quien les avise que es la hora de usar el cerebro. Para la gente, la alerta para una junta es como la del despertador. Y suena bien, pero olvidan que dormir es una necesidad; pensar, en cambio, un derecho que tendría que ejercerse siempre, no sólo cuando el calendario los alcance. Mientras tanto, seguiré diciendo que la de ideas es la única tormenta que no se escucha.

Nota del autor:

Supongo que ya lo tienen claro… Pero por si hace falta, aquí oficializo mi rechazo a las lluvias de ideas. La gente debe aprender a pensar en solitario. A estructurar, a dibujar, a diagramar, a materializar sus ideas. Si no, la sesión termina convirtiéndose en un tiempo muerto que incluso provoca depresión. Ver a un grupo de personas nadando en su pereza es la más pura descripción de una sociedad que no quiere pensar.

Contador: 49 de 49. Gracias por llegar hasta aquí. Tanto si me han leído una, dos, tres o cuarenta y nueve veces, debo agradecerles. Que lleguen a este espacio sin una alerta que les pida que se pongan a leer representa mucho para mí y para la humanidad. No porque mis letras sean únicas, sino porque ustedes forman parte de las personas que no esperan a que alguien les diga que vale la pena ponerse a pensar.

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