El nuevo café de la esquina y lo que me hizo pensar sobre la maternidad

Y la mejor tostada de aguacate de Bay Ridge

La ‘avocado smash’.

The Coop, otro health bistro que se suma a Bay Ridge, llevaría al menos un mes entre nosotros, los residentes del sur de Brooklyn, cuando decidí visitarlo hace una semana. No es que me haya cansado de trabajar en Cocoa Grinder —de echo, escribo desde aquí — sino que quería darle una oportunidad al nuevo establecimiento y probar la tostada de aguacate que vi en una de las pocas fotos que comparten en Yelp sobre el nuevo lugar.

Y estaba muy deliciosa. Y así se lo dejé saber a una señora muy simpática que ordenó lo mismo que yo luego de pasar por mi lado y mirar detenidamente mi plato. También se lo dije a un señor que entró muy curioso hasta la pizarra del menú —no se lo dije porque sí, más bien él me preguntó qué tal estaba—. Comparé la visita de este último don a la de cualquier señor merodeando al nuevo vecino en la vecindad.

Hasta ahí todo iba muy bien, y para que vean lo que puede hacer una buena tostada de aguacate, llegué a pensar incluso que podía sustituir a Cocoa por un tiempo. El café también se llevó un diez, sobre todo porque era una taza grande, una de verdad, pero apenas llegué a tomar la mitad porque se enfrió —una verdadera pena—. Ojo, que se enfriara nada tiene que ver con el empeño del barista, no no, nada de eso. El simpático chico, que me pareció hispano, lo sirvió muy caliente. La culpa de que el café se enfriara fue más bien mía por quedarme pasmada mirando la cantidad de mujeres que llegaban al establecimiento en un abrir y cerrar de ojos.

Mujeres que no venían solas.

Llegaban de dos en dos y cada una cargaba, al menos, una cría. En menos de diez minutos, luego de comer la tostada de aguacate —al menos— estaba rodeada de cuatro cochecitos de bebé.

Con mis 4' 9" de estatura ya imaginarán que ni un cabello.

La taza grande.

Vamos, no es que no haya visto jamás una multitud de madres en un café de Nueva York. Bueno, ahora que lo pienso, creo que nunca había visto una multitud de madres en un café de Nueva York. Es que, eran apenas las once de la mañana, y mientras tenía la intención de empezar a tomar el café e iniciar mi tarea, ellas traían a sus bebés a pasear al nuevo café de la esquina. Se trataba de mujeres jóvenes, podría decir que gran parte de ellas rondaban mi edad —y soy realmente joven (sin sarcasmo)— . Estar allí, entre ellas, solo me hacía pensar en nuestros oficios tan diferentes; el de ellas más arduo, sin duda.

The Coop (cuando el café aún estaba caliente).

Observarlas —¿recuerdan que se enfrió el café?— también me hacía repensar en lo mucho que me agrada mi trabajo y en lo poco que me gusta el de ellas. Mientras más madres llegaban, más aumentaban mis pensamientos al respecto y más me cuestionaba entonces si algún día estaré dispuesta a dejar de ir al café a pasar el rato en una mesa —con enchufe en la pared, un latte y una tostada de aguacate—, para en cambio ir a llevar a mis críos para que jueguen con otros niños mientras charlo con sus madres. Editar y escribir es mi oficio, el mejor oficio del mundo. ¿Podría o querría tener otro? ¿Otro tan complicado como el de pasear a un niño en un carrito, alimentarlo, bañarlo, enseñarle, criarlo y charlar con las madres de sus amiguitos? En esos momentos… allí, con el café frío y mientras nadie podía verme ni un pelo, no me creía capaz de sustituir tareas.

Y no se trata de no ser capaz de asumir tal responsabilidad —¿o quizá sí?—, sino de que algunas personas pueden decidir que es un trabajo a tiempo completo —noche y madrugada incluidas— que no quieren. Es muy difícil asumir un crío, un coche de bebé y un patio de juegos, luego de haberte dedicado por tanto tiempo a crecer en otras facetas de tu vida. Y no hay nada de malo en ello, así como tampoco hay algo malo en que esas madres hayan escogido el mismo día que yo para ir al nuevo café de la esquina con sus hijos. Fue una casualidad que no solo me lleva a analizar y admirar el gran oficio de la maternidad sino también —y sobre todo— a valorar el mío como editora.

Y eso es todo.

Dejando a un lado el tema de la maternidad, porque no quisiera que relacionaran al nuevo establecimiento y su magnífico servicio con este otro tema, me parece bien culminar diciendo que The Coop tiene las tostadas de aguacate más deliciosas que he probado hasta hoy. Decir que no los visitaré más porque es un lugar para mamás y críos no me parece justo —ni para ellos ni para mí que tendría que olvidarme de las tostadas—. Por ellas, por las avocado smash, sí que volvería. Solo que, bueno…

las pediría para llevar.

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