La muy conveniente práctica de hablar en primera persona

En algún momento aprendí que me resulta mucho mejor hablar utilizando la primera persona: «Yo confío en que…», en lugar de expresarme mediante el uso de la tercera persona: «Uno confía en…» o incluso la segunda: «Confías en…». Hablar en primera persona tiene dos efectos importantes para mí. El primer efecto es que al hacerlo envío una señal sutil e inequívoca de que hablo desde mi propia experiencia, de mis sentimientos y de mis percepciones. El segundo efecto, para mí el más importante, es que hablar desde la primera persona me mantiene unido a lo que digo, me hace dueño de mis reflexiones, no me separa de mi discurso colocándome en un espacio común.

Hablar en primera persona me obliga a practicar una consciencia plena sobre lo que digo y cómo lo digo, estoy presente aquí en este momento. Hablar en primera persona provoca reafirmación, soy dueño de lo que digo y con ello consolido la interpretación que hago de mis propias percepciones.

Ahora, con la práctica, me resulta muy extraño hablar desde otros sujetos que no soy yo. A veces caigo en la vieja costumbre… me doy cuenta y rectifico, con cariño y tranquilidad, sonriendo.


Por cierto, en un mundo diseñado para distraernos constantemente es fácil que meditaciones como esta permanezcan invisibles, por eso…

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