Entre puntos suspensivos…

Supermercados (empaques al ordenar productos), negocios con estantes de frutas y farmacias, principalmente farmacias.

— ¿Que número sacaste? —le pregunté con los cuatro golpecitos en la frente con el dedo pulgar.

— El 35 —dijo ella.

Buscando frenéticamente la pantallita en lo alto aparece el dígito: estábamos lejos, faltaban 10 números. ¡¿Saben lo que es esperar diez malditos números?! Por lo demás, ¿cómo es posible que un Snickers esté junto a las bolsitas de mentitas? ¿Es que nadie se da cuenta que no son de la misma categoría? Todo mal en esa farmacia. Snickers con Snickers, mentitas con mentitas. Y así empezamos a ordenar el estante.

—Deja de ordenar, la gente va a pensar que estas robando —dijo ella.

¡Y por fin mi turno llegó!

—¡35! — gritó la cajera .

«No grite señora, estoy en frente suyo», pensé.

—Acá, yo —dije.

Sus parpados caídos y sus lentes ladeados hacia el lado derecho me llamaron mucho la atención, ¿no le molestará? Porque yo hace rato hubiese mandado a arreglar ese tema.

— ¡¿Qué va a llevar joven?! — gritando de nuevo.

— Perdón, estaba mirando sus lentes chuecos, arréglelos no sale tan caro —le dije.

Frunció el entrecejo y esos lentes más chuecos quedaron.

—Sertralina, Clonazepan, Vitamina C efervecente y un Snickers (que yo mismo acomodé), por favor.

Entonces empiezas a ver cómo en una bolsa mezcla todo. TERRIBLE. Sertralina y Clonazepan en una bolsa. Vitamina C en otra bolsa y el Snickers en la mano. ¿Cómo no se da cuenta de la diferencia de los productos?

En 3 minutos todo se fue al carajo.

TODO.

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