Justo a tiempo

Walter Ross graduándose de ‘High School’ a la edad de 90 años

El otro día escuchaba a una chica expresando su desesperación al notar que tenía 18 años y nunca había tenido un enamorado. «¿Y si me quedo soltera?», decía ella, mientras yo sonreía al escucharla. Y sonreía precisamente porque por mucho tiempo pensé lo mismo.

Esta y algunas otras situaciones recientes me hicieron pensar en esa necesidad que tenemos por hacer las cosas que los demás hacen, en esas ansias de cumplir con las expectativas ajenas.

Creo que la vida es como una canción y muchos piensan que estamos en la pista de baile tratando de seguir el ritmo, de no salirnos del compás que todos siguen. Pero quienes han aprendido a seguir su propio ritmo, quienes hacen el ridículo sin pensar en los demás, quienes se resbalan y se ponen de pie para seguir bailando son quienes disfrutan esta canción, son los que de verdad bailan.

Retomando la historia inicial, yo también tuve miedo de estar fuera del ritmo. Tenía preguntas, curiosidad, sentía que algo no andaba bien conmigo. Sin embargo, me encontré frente a uno de esos momentos de «revelación» en el que presté atención a una vocecita interior que me dijo: «¡Espera!». Y, ¿saben qué? Hizo la diferencia.

Dicen que la espera desespera, pero creo que vale la pena regalarte la oportunidad de esperar por lo que deseas, por lo que mereces. Soy una convencida de que debemos darle tiempo a las cosas para que lleguen en el momento justo.

Hagamos que las cosas pasen cuando y porque realmente queremos, no por seguir el paso del vecino, de nuestro amigo o de ese antiguo compañero de clase que ya lo está consiguiendo. Todos vamos a ritmos distintos y es importante que respetemos nuestros tiempos y entendamos que no debemos hacer las cosas solo porque alguien más las hizo.

Lo cierto es que la sociedad va marcando pautas sobre cuándo «deberíamos» hacer ciertas cosas, pero recuerda que no son más que paradigmas, así que ve con calma. Recuerda que estás justo a tiempo para empezar a bailar a tu propio ritmo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.