La brecha de ser niño

Nota: Esto lo escribí un 30 de Abril de 2016. Cuando se celebra el día del niño en México.


Ser niño un día como hoy tiene una connotación distinta a la que tenía cuando tú o yo fuimos niños. Hoy, las actividades que hacías como niño, los juegos, la creatividad para jugar, las reuniones con tus amigos y vecinos, pueden parecer cosa del pasado. Aburridas. Sin chiste.

Esto porque el tipo de entretenimiento ha cambiado a lo largo de los años. No es que esté mal, solo cambió.

Hoy tenemos juegos de video, realidad aumentada, smartphones, smartwatches, dispositivos wearable, Smart TV’s, smart-esto, smart-aquello, iPod, iPad, i-esto, i-aquello, y está bien. Son herramientas que nos permiten tener otra perspectiva de las cosas, conectividad, acceso a la información, entretenimiento de alto nivel, miles de pistas musicales a tu alcance, miles de libros en tu bolsillo, etc.

Todo esto ahora es parte de ser niño. Ser niño hoy en día es sinónimo de ser cool. No eres un buen niño si no tienes un dispositivo similar a este, es una extensión de ellos. Niños de siete años con tablets de última generación, smartphones que valen en ciertas ocasiones más de lo que tú o yo ganamos en un mes de trabajo, etc. Todo está bien, no tengo nada en contra, los tiempos cambian, yo lo sé y no lo critico. Y tal vez nosotros nos quedamos en la prehistoria.

Todo cambia cuando por algún movimiento inesperado del universo te encuentras en una región alejada de lo que conoces, alejada de todo esto que es ser niño en tu entorno o el mío. Y te encuentras con una realidad muy distinta, donde ser niño en, por ejemplo, un pueblo maya (y no en medio de la nada), a unos cuantos kilómetros lejano de una ciudad como Valladolid en Yucatán, consiste en jugar con tus amigos, jugar con tus hermanos, tus vecinos y, en muchos casos, tener que caminar horas para llegar a la escuela.

Imagina la siguiente situación.

—Hola
—Hola :)
—Oye, ¿Qué es lo que tienes colgado en tu pantalón?
—Es una radio.
—¡Una radio! ¡Es una radio! —gestos de asombro de una multitud de niños. Tú sonríes mientras procesas lo que sucede.
—¿Y para qué sirve?
—Emmm. Pues para hablar con alguien que se encuentra lejos.
—¡Habla con alguien!
—¡Hola, Juanito! ¿Me escuchas?
—¡Sí, te escucho, ¿qué pasó?! —Silencio total de una multitud de niños. Asombro.
—¡Ohhhhh! Habla otra vez. —El proceso se repite.

Ahora imagina esta situación.

Estás tú, obsequiándole un juguete a ese niño. Es una muñeca sencilla, es una pelota, es un mini juego de té, un carrito de plástico.Un niño feliz, un niño sonriente. Un niño que te toca el alma y te hace pensar en qué mundo vives.Das un juguete y otro más. De repente te sobran juguetes y le dices a un niño:

—Ten esta pelota.
—Ya me diste un juguete, gracias.
—Pero ¿dónde está tu juguete?
—Fui a dejarlo a mi casa.
—De verdad, ten esta pelota, te la regalo.
—Ya me diste uno, muchas gracias. Si quieres le hablo a mi primo, a él no le dieron.

¿Qué te hace pensar eso?

Piénsalo.

Es una situación que no es alejada de la realidad y que realmente marca la vida de quien lo vive. Tú y yo vemos niños aquí con lo último en tecnología, mientras existen niños, ni siquiera fuera del país, ni fuera de nuestro estado, en muchas ocasiones con reacciones así. Para ti, para mí, para nuestros niños, una radio o una pelota no son nada, nada.

Una radio es inservible, no es cool, no tiene valor, es algo aburrido que no entretiene. Mientras que para otros niños con un nivel económico, de conocimiento, de acceso a distintos productos y/o servicios distintos a lo que estamos acostumbrados es una maravilla, es algo mágico, algo que les cambia la vida. Pero por la tangente de la situación la vida te cambia a ti, como testigo de esos hechos.

Yo no digo que regalar a nuestros niños lo último en tecnología sea malo, no estoy en contra de esto y no pretendo que dejen de hacerlo.

A veces pensamos que nuestro país, nuestra sociedad y nuestro mundo está mal, hablamos de consumismo, de esclavitud, de buena voluntad, buena vibra, de ser positivos. Detengámonos a pensar qué les enseñamos a nuestros niños, qué le enseñas a un niño de ocho años cuando está inmerso en ese mundo virtual con su propia tablet.

Pensemos también en esos niños que están allá, viviendo una realidad aparte, una realidad que no queremos ver.

¿Realmente nuestros festejos son congruentes con lo que pensamos, realmente son congruentes con lo que creemos, con lo que deseamos, con lo que esperamos que sea en el mundo? Pensemos.

El día del niño, de acuerdo con la ONU, es un día dedicado a la fraternidad, a la compresión entre los niños del mundo, promoviendo el bienestar y los derechos de los niños.

Hoy en día hay una brecha inmensa en ser niño. Una brecha que no tiene nada que ver con el tiempo, ni con el espacio, pero sí con los derechos, con la fraternidad, con el bienestar, con la integridad.

Hoy festejemos a nuestros niños, tomando en cuenta esto, la fraternidad, el bienestar, los derechos, la inocencia, el derecho de ser un niño, el derecho de disfrutar de serlo.

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