La calle sin tambores

Los hermanos Grimm son famosos por rescatar leyendas del folklore europeo y adaptarlas a un ámbito infantil; las versiones que normalmente conocemos de historias como Caperucita Roja, Hansel y Gretel, Blanca Nieves o Rapunzel son versiones bastante suavizadas en comparación con las originales; muchas de estas historias, de hecho, ocurrieron en realidad, pero de una forma muy diferente a la que conocemos hoy.

La historia del Flautista de Hamelin es especialmente macabra porque involucra (y sugiere) elementos como el asesinato infantil, la desaparición de niños, la codicia y la peste. Hoy, siete siglos después del incidente aún no se le permite al la gente tocar o bailar en Bungelosenstrasse: la calle sin tambores, la calle en la que supuestamente los 130 niños fueron vistos por última vez, saliendo de la ciudad.

Según la versión de los hermanos Grimm, había una plaga de ratas aquejando a la población del Hamelin medieval, y un día aparecío una figura aparentemente heroica: un extraño misterioso vestido de rojo y amarillo que promete librar a la ciudad de la plaga; por lo que los ciudadanos desesperados le prometen dinero a cambio. El colector de ratas tiene un don extraño, casi sobrenatural: toca en su flauta una melodía que atrae a las ratas al río Weser, donde todas se ahogan. Pero, cegados por su codicia, los habitantes de la ciudad se niegan a pagarle al flautista, así que este abandona Hamelin, planeando su venganza. Cuando vuelve a la ciudad, vestido como un cazador, toca una melodía que hipnotiza a los niños, y estos lo siguen a las montañas, para nunca más ser vistos de nuevo.

El señor de las ratas

La ciudad está repleta de referencias a la leyenda, pero las más antiguas no sugieren en realidad que las ratas hayan tenido un papel importante en los eventos de Hamelin. La tradición ha asimilado la figura del Flautista como la de un cazador de ratas. Se cree las ratas son más un elemento añadido a la historia que una circunstancia original; estas sirvieron para darle profundidad al cuento y una cercana relación con la muerte. La imagen de una ciudad infestada de ratas hace pensar de inmediato en la peste.

En la Edad Media la muerte solía ser representada como un esqueleto vestido de rojo y amarillo, por lo que también se cree que la figura del Flautista podría ser una alegoría a la peste, la muerte negra personificada, responsable de llevarse a 130 niños.

Sin embargo la epidemia de peste bubónica en la Europa medieval no alcanzó un nivel crítico hasta más de sesenta años después del incidente en Hamelin, por lo que es muy poco probable que para 1284 el pueblo estuviese siendo aquejado por un brote de peste, eso sin mencionar que la plaga habría acabado con la vida de muchas personas y no solo con la de los niños de una ciudad; es por esto que se cree que las ratas fueron agregadas a la historia en versiones posteriores a la peste.

Los niños perdidos

Los hermanos Grimm añaden al final de su versión que «algunos dicen que los niños fueron llevados a una cueva, y que volvieron a salir en Transilvania» por lo que algunos eruditos han sugerido que el Flautista pudo haber sido en realidad un emisario de la nobleza enviado para promover una campaña para la colonización de Moravia, Prusia Oriental, Pomerania o las Tierras Teutónicas al Este; y que la expresión «hijos de Hamelín» podría haber sido un término general para todos los habitantes de la ciudad que se fueron tras este extraño forastero, brillantemente vestido.

Otros han apuntado a que el Flautista de Hamelin fue enviado a reclutar niños para luchar en las cruzadas. Esto se debe a que en supuestamente en 1212 tuvieron lugar un suceso conocido como La cruzada de los niños; se decía que la cruzada había sido dirigida por un niño pastor, de Alemania, que predicó que la pureza de los niños les permitiría conquistar Tierra Santa; según la leyenda los niños que partieron tras él murieron de hambre en el camino.

El baile de la muerte

En 1237 en la ciudad de Erfurt, 271 kilometros al sureste de Hamelin. Un grupo de niños marchó bailando en una procesión hacia Arnstadt, donde se decía que habían caído agotados. Los niños de Erfurt fueron rescatados por sus padres y llevados a sus hogares. Aún así, algunos de ellos murieron y otros quedaron afligidos con un temblor permanente. Esta serie de acontecimientos en Erfurt son considerados como una de las primeras manifestaciones del fenómeno medieval conocido como la Manía del Baile, generalmente interpretada como una forma de histeria colectiva. Según informes, la «Manía del Baile» se extendió por «la vista de los enfermos, como una epidemia demoníaca, sobre toda Alemania y los países vecinos al noroeste». Los afectados fueron descritos como incapaces de controlar sus movimientos o de detener su interminable danza, y se dijo, incluso, que muchos murieron de agotamiento. Como en Hamelin, una multitud de niños fue arrastrada por la música hasta su muerte.

A la Manía del baile se la conocía también como Baile de San Juan o Baile de San Vito. Y dado que según la leyenda los acontecimientos de Hamelin sucedieron el 26 de junio, durante la fiesta de San Juan, también se cree que la leyenda del Flautista puede estar relacionada con la Manía del Baile.

Durante setecientos años el Flautista de Hamelin ha sido percibido como un secuestrador, un pederasta, un psicópata asesino de niños, como la muerte e incluso como el diablo mismo; Jobus Fincelius, un físico y humanista alemán escribió en su obra De miraculis sui Temporis: «Del poder y la maldad del Diablo voy a contar aquí una verdadera historia. Hace unos 180 años, en el Día de Santa María Magdalena, en Hamelin, en el Weser, en Sajonia; el Diablo recorrió visiblemente las calles en forma humana, atravesó el pueblo y atrajo a muchos niños y niñas, y los condujo a través de la puerta de la ciudad hacia una montaña».

Cuando los hermanos Grimm agregaron la historia del Flautista de Hamelin a Deutsche Sagen, su compilación de leyendas tradicionales alemanas trataron, obviamente, de hacerla apta para niños; pero la verdad es que ni siquiera esa versión de la historia está lejos de ser perturbadora. Sea lo que sea que haya pasado en Hamelin, no fue bonito.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.