‘La expansión del cristianismo’, de Rodney Stark

Libro que da claves para explicar por qué el cristianismo se convirtió en la religión mayoritaria del Imperio Romano en tan poco tiempo.

Rodney Stark, un sociólogo especializado en cuestiones religiosas, a las que aplica criterios tomados de la economía, primero explica en qué formas, en qué lugares y entre qué gentes, se propagó el cristianismo. Habla del efecto que tuvieron los mártires —un importante factor de credibilidad—, y de la importancia que tuvieron las diferencias de comportamiento entre cristianos y paganos en relación a los enfermos —sobre todo durante las epidemias que hubo— , a los infanticidios —tan frecuentes en el mundo grecorromano—, a la vida matrimonial y la consideración de la mujer, etc.

El autor da todas las cifras que se han podido establecer, pero es cuidadoso en sus apreciaciones y señala cómo, si hacernos cargo de la situación religiosa de nuestro tiempo es difícil, lo es más aún si queremos estudiar un periodo tan remoto y mucho menos documentado. Citando a un colega suyo, habla de que comparte absolutamente su desdén «por los psicologismos históricos, tales como la perspectiva de que se trataba de una época plena de “ansiedad”, o de que hubo entonces una “falta de coraje” o que eran tiempos de “entusiasmo”». Señala también que, «como experimentado realizador de encuestas de opinión», es muy escéptico acerca de que puedan caracterizar sentimientos y pensamientos de millones de personas «sobre la base de unas pocas citas literarias o unas pocas inscripciones».

Stark habla de que, si las ideas cristianas de que Dios ama a quienes lo aman eran extrañas y revolucionarias para las creencias paganas, más extraña todavía lo era «la noción de que, debido a que Dios ama a la humanidad, los cristianos no pueden agradar a Dios a menos que se amen los unos a los otros», y la de que, «como Dios demuestra su amor por medio del sacrificio, los humanos deben demostrar su amor mediante el sacrificio a favor del prójimo».

Apunta también que, «como respuesta al caos, la miseria, el miedo y la brutalidad de la vida en el mundo de las ciudades grecorromanas», el cristianismo «ofreció tanto caridad como esperanza» y, con ellas, «una nueva base para la solidaridad social» pues, «en núcleos urbanos enfrentados a epidemias, incendios y terremotos, el cristiano ofreció atenciones y cuidados efectivos». Recuerda que, si Platón hablaba de arrojar a los mendigos fuera de las fronteras, el cristianismo enseñó que la misericordia era una de las virtudes esenciales.

Señala que muchos historiadores de hoy, reacios a tratar cómo las doctrinas pudieron haber moldeado los factores sociales, sienten como reacciones alérgicas cuando se les presentan argumentos que atribuyen la expansión del cristianismo a una teología superior. Sin embargo, el análisis de los datos y los hechos que presenta Stark conduce a una tesis que formula del siguiente modo: «Las doctrinas centrales del cristianismo hicieron surgir y mantuvieron organizaciones y relaciones sociales atractivas, liberadoras y eficaces».

Afirma que el cristianismo ofreció una cultura coherente, por un lado despojada de los componentes étnicos, y por otro acogedora con todos sin necesidad de pedirles que prescindiesen de sus vínculos étnicos. Estableció también un enfoque moral absolutamente incompatible con la despreocupada crueldad de la costumbre pagana de asistir a los espectáculos circenses habituales. Y, «finalmente, lo que el cristianismo devolvió a sus conversos fue nada menos que su humanidad. En este sentido, la virtud fue su recompensa».

En la conclusión del capítulo 9, «Oportunidad y organización», dedicado a la interacción del cristianismo con el mundo grecorromano dice lo siguiente: «El cristianismo no creció porque los milagros influyesen en las plazas de los mercados (aunque pudo haber habido algo de eso), o debido a que Constantino dijo que sí, o incluso a causa de que los mártires le otorgaron tanta credibilidad. Se expandió porque los cristianos constituyeron una comunidad intensa, capaz de generar esa “invencible obstinación” que tanto ofendía a Plinio el Joven, pero que proporcionaba inmensas recompensas religiosas. Y los medios esenciales de su crecimiento fueron los esfuerzos mancomunados y motivados del creciente número de creyentes cristianos, que invitaban a sus amigos, parientes y vecinos a compartir la “buena nueva”».


Rodney Stark. La expansión del cristianismo. Un estudio sociológico (The rise of Christianity. A Sociologist Reconsiders History, 1996). Madrid: Trotta, 2009; 219 pp.; trad. de Antonio Piñero; ISBN: 978–84–9879–068–9.