‘La experiencia de leer’, de C. S. Lewis

Libro en el que su autor sugiere un experimento: intentar ver «hasta qué punto sería razonable definir un buen libro como un libro leído de determinada manera y un mal libro como un libro leído de otra manera». De su contenido, muy rico, comento unas pocas ideas.

Lewis explica cómo actúan los buenos lectores, que «siempre están buscando tiempo y silencio para entregarse a la lectura, y concentran en ella toda su atención», y describe a los malos, quienes «salvo por obligación, nunca leen textos que no sean narrativos», que además deben ser de ritmo rápido y con el elemento verbal reducido al mínimo. Distingue bien entre las lecturas valiosas, en las que «lo que buscamos es una ampliación de nuestro ser» y «ser más de lo que somos», y esas otras lecturas a las que vamos para encontrarnos con nosotros mismos.

Entre otras cosas, Lewis hace notar la diferencia entre realismo de contenido y realismo de presentación. Ambos son independientes entre sí, aunque indudablemente pueden mezclarse. Así, Tolstoi con Guerra y paz o George Eliot con Middlemarch, componen obras con realismo de contenido y de presentación: nos sentimos inclinados a decir «la vida es así». La tragedia francesa es realista de contenido pero no de presentación. Los romances medievales lo son de presentación pero no de contenido. Y hay obras sin ninguna de las dos clases de realismo, como Edipo rey u Orlando furioso. El lector maduro sabe que cada libro ha de tener el tipo de realismo que pretenda tener y no se verá engañado por ninguno, porque no confunde el arte con la vida ni con la filosofía.

Esto conduce a una idea que Lewis repitió más veces: «Como nadie puede engañarnos sin antes habernos convencido de que dice la verdad, es más fácil que nos engañe una historia que se ajuste a un realismo de contenido al menos superficial o aparente. Por eso podemos decir que el romántico más descarado engaña mucho menos que el realista más superficial, que la literatura ostensiblemente fantástica nunca consigue engañar al lector. Los cuentos de hadas no engañan a los niños. Las historias que sí suelen engañarlos, y mucho, son las historias que oyen en la escuela. La ciencia-ficción no engaña, las revistas femeninas sí. El peligro real acecha en las novelas de aspecto muy sobrio donde todo parece muy probable pero, en realidad, están concebidas para transmitir determinado comentario social, ético, religioso o antirreligioso “sobre la vida”. Hablo de engaño porque al menos algunos de esos comentarios tienen que ser falsos».

Por otro lado, el tono positivo y nada defensivo de los planteamientos de Lewis a la hora de la formación lectora de los niños, que en La abolición del hombre formulaba diciendo que «la defensa adecuada contra los sentimientos falsos es inculcar sentimientos justos», aquí se aprecia de nuevo en una nueva frase brillante y feliz: «La mejor defensa contra la mala literatura es una experiencia plena de la buena; así como para protegerse de los bribones es mucho más eficaz intimar realmente con personas honradas que desconfiar en principio de todo el mundo».


C. S. Lewis. La experiencia de leer. Un ejercicio de crítica experimental (An Experiment of Criticism, 1961). Barcelona: Alba, 2000; 142 pp.; col. Trayectos; trad. de Ricardo Pochtar; ISBN: 84–8428–037–3.