‘La muerte de Iván Ilich’, de León Tolstoi

Otro de los relatos cortos ineludibles entre los que nos hacen pensar con seriedad en la muerte

Cuenta George Steiner en Errata que una vez su padre le leyó, en su sexto cumpleaños (¿?), el canto XXI de La Ilíada donde Licaón pide perdón a Aquiles pero este lo mata: «Llevar dentro de uno mismo este relato (aprenderlo de memoria) es poseer una guillotina contra la ilusión». Y continúa Steiner: «Junto con La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi (Tolstoi es uno de nuestros más eximios lectores de La Ilíada), el fatalismo de Aquiles —su ternura momentánea, vacía como los ojos de las figuras arcaicas griegas— nos instruye contra nuestra propia trivialidad» (George Steiner, Errata. El examen de una vida, Madrid: Siruela, 2001, 4ª ed., p. 30).

Lo importante del relato de Tolstoi es lo que tiene de análisis psicológico del mundo interior del protagonista y, secundariamente, lo que tiene de estudio sociológico de la burguesía de la época. Iván Ilich, segundo hijo de un funcionario, fue ascendiendo en la escala social hasta realizar un matrimonio ventajoso y llegar a ser un importante juez. Pero se le declara una imprevista enfermedad y, con cuarenta y cinco años, muere. Lo que la narración resalta es cómo, a lo largo del proceso de su enfermedad, ya en la cercanía de la muerte, Iván Ilich desarrolla una progresiva lucidez para enjuiciar su vida anterior y adquiere la conciencia de ser un juez juzgado.

El narrador señala que sus sufrimientos morales, más atroces que los físicos, surgen cuando compara su vida con la de su bondadoso cuidador Gerasim. Entonces su mente se abre a lo que hasta entonces le parecía imposible: «a saber, que no había vivido su vida como la debía haber vivido», que haber buscado siempre lo que la gente de alta posición social consideraba bueno podía ser falso, que su carrera y su estilo de vida «podía haber sido fraudulento». Y cuando trata de defenderse ante su propia conciencia, se da cuenta de la debilidad de su posición y, por fin, reconoce que «no había nada que defender».

La muerte de Iván Ilich , un relato que también conmueve por su convincente sobriedad, se puede poner como ejemplo de que «la gran literatura sabe que la muerte no es un puro acontecimiento, y menos aún un suceso negativo. La muerte es el acontecimiento más auténtico de la persona y la más incuestionable realidad del hombre y del mundo […]. Todo puede ser aparente, y en buena medida lo es, menos la muerte. Es “la hora de la verdad” y quizá el único momento en el que la verdad comparece sin adornos ni aditamentos» (Alejandro Llano, Deseo, violencia, sacrificio. El secreto del mito según René Girard, Pamplona: Eiunsa, 2005, p. 42).


León Tolstoi. La muerte de Iván Ilich (Smert´Ivana Il´icha, 1884–1886). Edición que también incluye Hadyi Murad (1912). Madrid: Alianza Editorial, 2003, 2ª impr.; 88 de 260 pp.; col. Área de conocimiento: Literatura - El Libro de Bolsillo; trad. y notas preliminares de Juan López-Morillas; ISBN: 84–206–7289–0. Otra edición posterior en 2011; 320 pp.; ISBN: 978–8420674339.