Me eclipsaste en el amor

Una historia del cómo me di cuenta que debía dejarte ir

New moon rising, imagen de Chris Child | Unsplash

15.11.2012

Las cicatrices no solo llevan una pigmentación más clara a nuestra piel, en ellas también hay nombres, apellidos, fechas y recuerdos que las hacen sangrar, pesar, doler.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escuché tu nombre o tan siquiera te vi. Ve la importancia que te he dado que aún hoy mis dedos claman por ti, anhelan sentirte, clavarse en ti y no dejarte ir… Ya no recuerdo el color de tus ojos o el sabor de tus labios, los lunares de tu cuerpo son ahora recuerdos distantes de un camino que sabía de memoria aún en la basta oscuridad de nuestros encuentros candentes. Hoy me he dado cuenta que eres una esencia sin rostro ni detalle, sin olor ni voz: solo estás tú, o lo que se supone deberías ser. Pero amor, un rayo de luz se ha filtrado en la oscura habitación y me ha dejado ver que allí no hay nadie más que yo.

Te he olvidado.

¿Cierto?

Tienes tiempo sin estar aquí conmigo, no sé por qué te fuiste… solo sé que no miraste atrás, no me miraste a mí que me dejaste en aquél sitio en donde juré esperarte, en donde me juré ser fiel al sentir más puro.
El lugar en donde me proclamé un idiota esperando algo que hoy sé no llegará.

Amor, tú me eclipsaste en el amor.

Las caricias banales que le he dado a otras mujeres no me han hecho sentir lo que con tu cuerpo lograba, los besos no me transportan, el sexo no me libera. Ellas no son tú, pero hoy entiendo que, si bien me diste un eclipse fui yo quien te dejó ahí. He sido yo quien ha tenido un punto de comparación entre tus caricias y las nuevas caricias, entre tus acalorados besos y los nuevos besos, entre la danza de tu cuerpo sobre el mío y las embestidas dadas en la perenne búsqueda de placer que se fue contigo. Estuve ciego, fui eclipsado.

¿Adónde vas ahora que he decidido volver a brillar? ¿Dónde estás ahora que un nuevo rayo de luz me ilumina? ¿Qué ha sido todo esto? Simplemente no lo sé.

Quiero pensar que lo nuestro tuvo una sepultura digna a lo vivido, a lo sentido, a lo logrado. Si bien me perdí, hoy nuevamente vislumbro el camino: hoy el eclipse ha llegado a su fin. Hoy soy nuevamente ese niño que ve el globo irse: aunque el niño ya es adulto, y ese adulto ha decidido soltarlo.

No voy a decir que gracias al rayo de luz he vuelto a reír, he vuelto a soñar, he vuelto a tener algún sentido. Pasó mucho tiempo — es cierto — , pero he vuelto a encontrarme. Y te digo — donde quiera que estés — , que es maravilloso.

No puedo darte más que el gracias.

Un golpe te tumba.
Al caer piensas en todo lo que pasó antes de recibirlo.
Meditas.
Te encuentras… sonríes y…
te levantas.

No eres el mismo que cayó. Y al final entiendes, que la tormenta, que el golpe, y que el eclipse no eran por ti. Solo era yo haciéndome más fuerte.