Miau

Para nuestro gato, Dante, que nos mira desde el futuro. Ojalá dentro de medio millón de años, su especie sea benigna con lo que quede de la nuestra.

Cali, enero de 2016

Dante va a la cama

Ha dejado sobre nuestra cama los restos de la lagartija con la que jugueteó varios minutos antes de arrancarle la cabeza y la cola. Esa cosa gelatinosa, oscura y amorfa entre los pliegues de nuestra sábana son las sobras de su festín juguetón. Dante es nuestro pequeño felino, un Hannibal Lecter de apenas seis meses de nacido y menos de dos kilogramos de peso. Esta ternurita sedosa despliega una crueldad sofisticada, inteligente y sinuosa que crece con los días. Empezó hace tres meses golpeando pelotitas y trocitos de plástico hasta hacerlos saltar o deslizarse bajo la cama, la nevera o el baúl de madera en la sala, de donde los sacaba de nuevo curvando sus patas delanteras y alargando las uñas cuando era necesario. Luego se aventuró con insectos de corto vuelo: aterrorizadas cucarachas oscuras, grillos que caían abatidos antes de entender su propio desconcierto, y cucarrones pardos, sobrevivientes recientes de murciélagos que los atrapan al vuelo entre los ramales de los árboles de mangos y los carboneros. Después vinieron las mariposas. Una monarca transcontinental terminó en nuestra cama. Y una gabita, de las de Mauricio Babilonia, acabó sus días de libertad amarillando la lengua áspera de Dante. Y ahora caen las lagartijas, que siendo tan hábiles en sus tretas de agazapamiento, escape y camuflaje, mueren vencidas por un gato que sabe esperar. Ya llegarán los pájaros y las serpientes pequeñas.

Dante mira a la cámara y al futuro. 31 de enero de 2016. Fotografías de Julián González.

Engatusados

Hay 230 millones de gatos en el mundo, y un millón y medio está en Colombia. Afortunadamente, muchos permanecen encerrados en casas y apartamentos. Allí el instinto predador sólo les alcanza para triturar ovillos de lana y juguetitos diseñados por una prospera industria felina que nutre y apereza a estos Garfield burgueses. Es una suerte. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza los considera una de las 100 especies más dañinas e invasivas de la Tierra. (Extrañamente, la lista no la encabeza el Homo sapiens sapiens, especie invasiva y dañina si la hay). Un gato mata al día entre 3 y 20 animales. Y en Colombia se zampan cada año 86 mil toneladas de alimentos procesados por la misma industria que fabrica la harina de nuestras arepas y tritura la soya de nuestros aceites. En 2014, los colombianos se gastaron 7 mil millones de pesos en pañitos para asearlos, en arena especial para que caguen y en juguetitos para el desarrollo cognitivo y afectivo de mininos (no se incluyen medicamentos, servicios de aseo y peluquería, hotelería y guardería, cuidados veterinarios, cirugías ni aplicaciones informáticas para entretenimiento felino).

Felis silvestris catus es el nombre científico de la especie pero sin duda Felis urban catus le calzaría mejor. Están casi completamente adaptados a las ciudades, y la poderosa Whiskas ha decidido terminar la tarea. Whiskas es filial de Mars Incorporated, una de las 10 compañías privadas más grandes de Estados Unidos, fabricante de los famosos M & M, las barras Mars y los Snickers. Afirma que «gatos y gatitos que se alimentan meramente de carne tendrán signos de carencia y como resultado problemas de crecimiento». Y sentencia: «Con una alimentación que usted mismo prepara será difícil proponerle a su gato todos los nutrientes vitales y en la relación correcta». Por supuesto, Whiskas ofrece el balance nutricional correcto para todas las razas de gatos, de todos los tamaños y de todas las edades: desde gatitos bebés hasta envejecidos gatos cojos, desde gatos estresados hasta gatas parturientas, desde gatos de pelambre espeso hasta mininos de pellejo lampiño como piel de cerdo. Para Whiskas el gato común es inviable sin su bien pensada e industriosa artillería nutricional. Es decir, nuestro Dante —el producto de la deriva filogenética de un tipo de gatos salvajes que empezó a cuajar hace unos 130 mil años y que se hizo doméstico hace casi 10 mil años— sería un espécimen desnutrido, triste y azul, como la canción de Roberto Carlos, si Whiskas no hubiera llegado a rescatarlo ofreciéndole su maná redentor. Pero es obvio, señores de Whiskas, que los gatos se las han arreglado bastante bien sin ustedes a lo largo de cientos de miles de años. En cambio me temo que ustedes no podrían sobrevivir ni un año si un día, gatos y dueños, decidieran que el balance nutricional de sus granos no es sustancialmente distinto al de una buena merienda de carne cruda o de pescado a medio hervir.

Dante juega con un cucarrón o escarabajo esmeralda. Cali, 31 de enero de 2016

El salto del gato

Para enmascarar lo evidente, alguien se inventó aquello de que los gatos nos obsequian a sus amos algunas piezas de caza. Hay que ser un poco ingenuo para creerse ese cuento sobre una especie que todos los días da muestra de que las personas no somos más que una extensión funcional y pródiga de sus dominios. Entonces miro a los ojos verdosos de Dante que me devuelve una mirada hipnótica, sin parpadeos, y entreveo allí el futuro. Digamos, un mañana dentro de unos 500 mil años. En un mundo gobernado por felinos, no me cabe ninguna duda de que, entre maullidos, risas y gemidos, los hombres seríamos generosa y festivamente desmembrados en complicados rituales felinos de caza, danza, juego y comida. Si los gatos experimentaran el mismo tipo de procesos que catapultan a los chimpancés y gorilas en los bizarros imitadores de los seres humanos del Planeta de los Simios, nuestra especie no tendría ninguna oportunidad de insurrección ni de redención.

Más torpes aún que las lagartijas, no sumaríamos como especie más de dos millones de seres humanos, mientras 10 mil millones de gatos se enseñorean sobre la Tierra. En El Planeta de los Gatos estaríamos reducidos a lagartijas de juego para gatitos, filón de zarpazos para gatos jóvenes en formación, piel de despelleje rápido y lento para estetas del corte y el arañazo, y carne de ronroneo para los gatos viejos y cansinos.

Dante juguetea con un cucarrón y su propia sombra
Dante y su cucarrón esmeralda
Dante calcula el golpe final
Dante y el cucarrón o escarabajo esmeralda (macraspis lucida)

Crecerían bosques robustos y enmarañados allí donde hoy prospera el cemento, y habría oscuras ciudades escarpadas llenas de aleros y pasadizos para correr, saltar y retozar. En la noche de la menta y la hierba de gato, cuando se entreguen a la embriaguez de las aromas y las alucinaciones, los seres humanos tendríamos que meternos en cualquier escondrijo para sobrevivir unos días más, un poco más, dentro de los largos y extensos galpones críacarnes. Allí dormimos apretujados junto a los cerdos, las vacas, los conejos y los venados. En la noche de la menta y la hierba de gato, el apetitito felino —insaciable de por sí— se ensancha tanto que tras la borrachera, se lanzan los gatos en masa a perseguir millones de presas. Y se sabe que no tenemos muchas oportunidades. Son felinos ágiles y bien alimentados acechando a millones de bípedos y cuadrúpedos terrestres sin más porvenir que el crujido de sus huesos. Los gatos se reservarán la noche del aire para cazar únicamente aves; y la de las algas para sumergirse en las aguas y hacerse a peces, delfines y crustáceos. Habrá algunos días de veda para evitar la desaparición de especies nutricias. «Son tan tiernos los sin cola», dirá un gatito gentil, en alusión a nosotros, los frágiles seres humanos.

En ese mundo sólo las ballenas crecen y se multiplican satisfechas porque el sabor de su carne les repugna. De resto, todos los animales corremos, volamos, huimos y nos escondemos para terminar siendo festín de gato, más tarde que temprano. En ese mundo, ningún ser humano muere de viejo.

Entonces pienso en el planeta de los humanos. La vida nuestra en el reino de los gatos, dentro de medio millón de años, se parece a la de las vacas actuales. Hay 1400 millones de bóvidos, y ninguno muere de viejo —excepto los toros de lidia indultados, las vacas sagradas en la India y los portadores de esperma y óvulos valiosos—. El resto, los terneros, vacas y toros comunes, que en condiciones normales podrían vivir más de 20 años, son destajados antes de los 7. Big Bertha, la longeva vaca que vivió casi 50 años, es una excepción.

En el pasado, hace cientos de miles de años, un bóvido nos ignoró

Alguna mañana de verano, hace 100 mil años, un uro enorme y vigoroso debió encontrarse frente a frente con un enclenque y pequeño ser humano de apenas un lustro. Quizás lo olfateó un poco y lo rodeó. Bastó un bufido suyo para que el pequeño se tendiera al piso aterrado.

Después el uro africano continuó su paso, satisfecho, orgulloso. Potente. No miró al bípedo a los ojos. Y no supo ver en ellos los trazos del porvenir y el parpadeo del futuro, los anchos y eficientes mataderos, las máquinas de ordeño, los frigoríficos acerados, las industrias que terminaron transformando millones de cascos en cientos de millones de botones. En fin, el destino de su especie.

Miro los ojos de Dante y me devuelve el profundo túnel aguamarina de su mirada. Maúlla. Ronronea.

Luego se escabulle.

No me teme…

Cientos de gatos semisalvajes en Australia. Fuente

…Yo le temo.

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