Poliamor y ETS

Yo tenía 27 años y una novia de 21 años que quería hacer un trío. Era insistente: «Quiero hacer un trío, ¿pero si me dan celos y si te enamoras de ella?». Yo le decía que algún día lo haríamos y cambiaba de tema.

Marcela no era adicta al sexo ni nada por el estilo. Era una mujer de nuestros tiempos. Le gustaba la literatura, la fotografía y tomaba clases de pintura, además de ser políticamente «activa». Participaba en asambleas, paros, bloqueos, tomas de casetas, etc. Iba a seminarios sobre feminismo, revueltas en América Latina, arte y resistencia. Siempre haciendo algo.

¡Ah! El sexo. Tuvimos sexo en todas las universidades públicas de la Ciudad de México excepto en la UACM. Nunca en un cine. Sí en varios autos, sí en casas de los amigos, sí en muchos moteles. A Marcela le gustaba el sexo anal con nalgadas y escupitajos. Si teníamos tiempo siempre me pedía que le metiera el puño en la vagina (complicado al inicio). Como ven, todo normal. Lo que haría cualquier pareja de jóvenes llenos de vida y deseo.

Bueno, viajábamos regularmente al sur de México. En uno de esos viajes conocimos a unas brasileñas de Sao Paulo. Estarían dos meses en el país. Intercambiamos números y quedamos de encontrarnos en DF.

Es la relación más larga que he tenido (tres años). Cuando conocimos a las brasileñas llevábamos dos años de novios. Nuestra relación se había empezado a relajar. Ella me conoció en una etapa de «sana» promiscuidad. Y después de un año y medio de conocernos (borracheras, sexo casual, cine, parques, museos y exposiciones, etc.) fuimos novios. Salvo en algunas ocasiones que en ese entonces creía inevitables, dejé de meterme aquí y allá.

Marcela siempre me decía: «Sé que te gustan otras. Sé que no puedes estar solo con una mujer. Te conozco y no está mal. Me confunde que solo estés conmigo. Tú no eres así». Y tenía razón. Claro que me atraían otras mujeres, hay mucha gente linda en este planeta, pero yo estaba tranquilo solo con ella. No quería más. Además me sentía sin energías para salir y meterme con otras mujeres.

Esa época me parecía dorada. Estaba terminando mi carrera universitaria, era el novio de una mujer de corazón noble, tenía un departamento, el alcohol ya no me dominaba, tenía buen sexo y el futuro parecía lejano. Carpe díem. ¿Amigos? Me había alejado un poco de mis amigos. La mayoría de ellos tenían problemas con el alcohol y la marihuana. Esas sustancias los dominaban. No sabían de tantito. Siempre tomando y fumando al full. Solo seguía saliendo con una de mis amigas que andaba en la misma onda que yo. Un poco de alcohol, muchos libros y uno que otro enamorado.

Aquí empieza todo. Mi amiga Elisa (25 años) tenía una amiga, Isabela, de 18 años que acababa de llegar a DF para estudiar en la UAM. Comenzamos a salir los cuatro y alguna que otra persona se nos sumaba de vez en cuando. Frecuentábamos los bares del centro: La Purísima, Marra, Regina, Los Jarritos, El Río de la Plata, Terraza Madero, El Dober, Regina, Las duelistas, La risa, La burra, El argentino y muchos bares que recuerdo con cariño pero he olvidado sus nombres. Bueno, al final siempre terminábamos en el departamento de Isabela, que lo compartía con estudiantes de Guadalajara y Morelia.

Primero Marcela se besó con Elisa en La Puri, después yo me besé con Isabela en el Marra, después me acosté con Elisa y después con Isabela. Había días que en la tarde follaba con Marcela, en la noche con Isabela y en la madrugada con Elisa. Ellas tenían a sus chicos también. En medio de todo esto nunca dudé de lo que sentía por Marcela. Incluso me sentí mucho más unido y cercano a ella. Nunca estuve con dos de ellas al mismo tiempo. Poco faltó. No pasó.

En una de estás salidas se nos incorporaron las brasileñas. Eran divinas y tenían una muy buena vibra. Así que, aquella noche saliendo del Marra pasó un amigo de antaño en su carro por nosotros. Y con la loquera de la noche decidimos irnos a Cuautla, Morelos. Isabela se quedó. El grupo quedó así: dos brasileñas y un chico brasileño, que era gay pero besó toda la noche a mi amiga Elisa, mi amigo Jorge, Marcela y yo. En el auto música y alcohol.

En mitad del camino, una de las brasileñas le preguntó a Marcela si podía besarme. Marcela dijo que sí. Nos besamos. Minutos después, Marcela y la brasileña se besaron. Más adelante en una postura difícil nos besamos los tres. Fue difícil y ligeramente placentero. Llegamos a Cuautla. Bar. Marcela y Elisa bailando en una tarima. Yo besándome con la misma brasileña.

Regresemos un poco. La relación que teníamos Marcela, Elisa, Isabel y yo, no era puro sexo. En realidad era una relación fraternal. Compartíamos todo y siempre nos apoyábamos. Disfrutábamos mucho de nuestra compañía. Era algo idílico. No teníamos problemas y parecía que entre más estábamos involucrados más grande era el amor que sentíamos. En realidad era algo que nunca había experimentado. Me recordaba a la felicidad de mi niñez. Limpia, pulcra, sin maldad. Eramos pura sonrisa de gente idiotamente feliz. Compartimos, todo y mucho. Sentías el amor y el apoyo de todos. Sentías que alguien te quería de verdad sin importar en qué locura anduvieras. Todos siempre dispuestos y con tiempo. Diablos que era bello.

Entonces, llegamos a la casa de mi amigo y había un sillón y una cama disponible en el mismo cuarto. En la cama nos quedamos los tres que nos besábamos en el auto. En el sofá se quedó Elisa y el brasileño. Y bueno, pues, una fiestota de fluidos.

Meses después todos teníamos algún problema. Alguien tenía una úlcera en la vagina, o el sangrado no era regular, a otra más no le bajaba como antes, yo con una infección en las vías urinarias. Vejiga y próstata inflamadas. Obstrucción. Dolor. Antibióticos. Más antibióticos.

Marcela terminó conmigo (por otras razones). Dolió. Dolió mucho. Un mes de aislamiento. El segundo mes regresé al alcohol y la promiscuidad. Después de tres meses estaba repuesto. Pero con cada mujer que me metía le daba o pasaba una infección. Así que me revisé de nuevo. El doctor me dijo que tenía una bacteria que se resistía a desaparecer. Causada por vivir mucho tiempo en mi organismo o en el de alguien más. Ahora estoy limpió e intento tener relaciones que no tengan tanta carne de por medio. Sé que me dirán, por qué no usas condón y todo eso. Les cuento, el condón funciona unas cuantas veces, después uno anda borracho o medio grifo y ella no se aguanta y tú menos. Y lo metes y disfrutas como nunca y después otra vez la has cagado. La quieres, la aprecias y ahora los dos tienen una infección y no hay a quien culpar.

¿Cómo te cuidas cuando han tenido sexo toda la noche y a las 6 de la mañana se despiertan porque quieren más? ¿Cómo usar condón en toda y cada una de las relaciones que tienes? ¿Cómo lograrlo si disfrutas el alcohol, la música y las mujeres? Igual yo estoy mal y es algo sencillo. Ahora que tengo treinta años prefiero controlarme un poco y dejar el placer a un lado. No caer en la locura del deseo. Follar sí, pero no de forma descontrolada. Sí, es más aburrido. Pero ya no me duele la próstata y ya no infecto a nadie.