El uso normal del género gramatical no es lenguaje sexista

Minerva, diosa romana de la sabiduría. Obra de Emily Balivet (2012)

No puedo más. Hace mucho tiempo que quería escribir sobre la pesadilla —al menos en España— que supone oír a políticos de todos los colores el típico «compañeros y compañeras», «candidatos y candidatas», «amigos y amigas», y así hasta la náusea. Es poco estético y le pega una patada en sus partes pudendas a la gramática castellana o española.

Según la Guía de lenguaje no sexista de la Oficina de Igualdad de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), «el sexismo lingüístico es el uso discriminatorio del lenguaje que se hace por razón de sexo». Por ejemplo: «Cuantos más caballos tiene el coche de un tío menos neuronas le quedan en el cerebro» (el ejemplo es mío).

Citando a la lingüista Eulalia Lledó, «el lenguaje no es sexista en sí mismo, sí lo es su utilización». Un modo muy fácil de distinguir si hay una utilización sexista del lenguaje es aplicar la llamada «regla de inversión», que consiste en probar si el texto sigue siendo correcto al sustituir los términos femeninos por los masculinos o viceversa. En el ejemplo anterior se puede comprobar que si en lugar de «tío» se dice «tía» la frase deja de tener el mismo sentido, ya que normalmente ver a una mujer al volante de un coche de alta gama habla bien de ella (elegante, competitiva, educada) y nadie piensa que por ello tenga que ser menos inteligente.

Es obvio que el sexismo del lenguaje no está en los signos o términos empleados (las palabras) sino en su significado, que varía con el contexto, la fuente, el destinatario, la intención… Lo acabamos de ver en el ejemplo anterior.

Si alguien dice «los elefantes se rigen por matriarcados» todos entendemos que «elefantes» engloba a machos y hembras, y nadie ve en ese sustantivo masculino plural sexismo ni por asomo. Igualmente, si alguien dice «los profesores pidieron más recursos para la educación infantil» no debería ser considerado un uso sexista del lenguaje porque se sobreentiende que está refiriéndose a profesores y profesoras por igual.

Sin embargo, de acuerdo con la citada guía de lenguaje no sexista de la UNED y otras publicaciones similares hay que emplear «profesores y profesoras» o «profesorado» en documentos «abiertos» (para cualquier usuario, como un formulario). Está claro que esa regla no tiene en cuenta el contexto y pretende luchar contra el sexismo confundiendo lenguaje sexista (donde lo que cuenta es el significado de las palabras) con género gramatical («caballo» es masculino, «yegüa» es femenino y «caballos» designa al conjunto de machos y hembras).

Es más cómodo llenarse la boca de «nosotros y nosotras» que cambiar realmente la sociedad para que la mujer esté más formada, más protegida laboralmente y tenga igualdad real de oportunidades

Pues bien, la Guía de lenguaje no sexista de la UNED considera palabras sexistas, entre otras, «los alumnos», «los aspirantes», «interesado», «abonados», «el abajo firmante», «minusválido», «emprendedor», «los mayores»…

La mencionada guía propone reemplazarlas por «los alumnos y las alumnas» o «el alumnado»; «las personas aspirantes», «quienes aspiren» o «quienes concurran»; «persona interesada» o «interesado e interesada»; «las personas abonadas»; «quién abajo firma»; «persona con discapacidad»; «persona emprendedora», y «las personas mayores», respectivamente.

Cuestión aparte es el tratamiento personal, donde es lógico que una mujer sea llamada «profesora Carmen Pérez» o «ingeniera Inés Cortázar», por ejemplo.

Pero en entornos colectivos, como en la redacción de una nota circular en un colegio o en un mitin político, en mi opinión es mucho mejor utilizar el género gramatical como lo define la Real Academia Española y nadie tiene por qué ofenderse si dicen «se ruega a todos los docentes» o «los trabajadores estamos hartos de tantas mentiras» en lugar de decir «se ruega a todos y todas las docentes» y «los trabajadores y trabajadoras estamos hartos de tantas mentiras». ¿No te parece?

Porque al final, con la pretensión de combatir el lenguaje sexista estamos perjudicando a la economía y corrección del lenguaje y convirtiéndolo en más feo y farragoso.

No se combate el sexismo solo con decir «alumnos y alumnas» sino ofreciendo igualdad de acceso a la educación a las familias pobres y ricas, a niñas y a niños a la vez, por ejemplo. Pero eso es menos vistoso y más difícil de hacer para cualquier político. Es más cómodo llenarse la boca de «nosotros y nosotras» que cambiar realmente la sociedad para que la mujer esté más formada, más protegida laboralmente y tenga igualdad real de oportunidades. Y al correcto uso de la lengua que le den.

Si tienes interés en profundizar en este polémico asunto te recomiendo la entrada Género gramatical y sexismo lingüístico (I) del blog de la profesora Elena Azofra. En la misma dice que «por su propia naturaleza, las lenguas huyen de imposiciones, tanto académicas como políticas, y evolucionan casi siempre en función de las necesidades comunicativas de los hablantes».

Afortunadamente.