«Portavos»

Desearte no es tan bueno como podría parecer… los sueños se empastan, las sábanas se almibaran, se hace inextricable prepararse el té maquinal de la mañana, ir a buscar el pan al almacén de la esquina es un viaje pedregado, la charla del almacenero es insulsa como permeable, etc. Todo camino del día es también una trampa, termino siempre en los mismos lugares, que no sirven para otra cosa que no sea sostener tu cuerpito dorado y también mentido, mentible.

Algoritmos de fantasmas paisajean toda la maraña de esas otras ilusiones que son las decisiones que tomo, que creo tomar, pero quién sabe. Eso. Quién sabe si en realidad yo no sirvo más que para ser tu posavaso.

Porque también, hay que decirlo, la tristeza, que nunca me cuesta demasiado, que corre al lado de mis canillas también se hace difícil de pensar, de dibujar. Es una magia imbécil la tristeza mientras dura la mentira, ya lo dije, que sos vos mezclada entre los ocios y las responsabilidades y en los entresueños.

Porque yo también necesito de mi necesidad de evocarte, si quiero. También necesito de mi tristeza para ser yo, para ponerme a caminar.

Portatú, portavos, portausted. Como un portatutto.

Por lo pronto, lo más fácil es pensar que estoy exagerando con todo esto. Pero quién sabe si no sos vos la que opina eso a través de mí.

Mi desnudez se empecina en el blanco delantal de la imposibilidad de tocarte.