Restos

Siberia, 11 de julio de 1899. Biblioteca digital mundial.

Abro el refrigerador y busco sobras. Hay cosas recién compradas pero debo comer las sobras antes de que sea demasiado tarde. Las saco del frío y les doy un calor que ya conocían, que quizá extrañaban. El olor me trae recuerdos y tengo la impresión de que voy a alimentarme no de restos de comida sino de los restos de otros días, días mejores que este. Sé que hoy no sobrará nada, ni siquiera cosas malas. Es un día fantasma.

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Gepetto vivió dentro de una ballena con su gato y su pez dorado y los indígenas Yupik usaron los restos de una para construir un refugio de invierno en Siberia. Una ballena es una casa, viva o muerta.

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Acompañé a un hombre a una tumba y lloró. Ahí yacían, desde luego, los restos de un muerto. Alguien que nunca conocí. También lloré o estuve a punto de hacerlo, no recuerdo bien. Pero fue por los restos del vivo.

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Yo no sé si los restos del amor sean cenizas. Tal vez sean migajas de pan que damos de comer a las palomas. A veces miramos el cielo nocturno, pensamos en ellas, deseamos de corazón que se encuentren bien y recordamos que nosotros también comimos un poco de ese pan antes de emprender el vuelo.