Revolucionando las reglas del fútbol

Tampoco es tan difícil cambiarlas… ¿te atreverías?

Este artículo va de fútbol. No puede clasificarse como tema sesudo, pero como sé que sé de fútbol, lo escribo para descansar y contrastar ocurrencias. Si no eres futbolero, puedes abandonar aquí mismo sin el menor remordimiento de conciencia, incluso evitarás que yo lo padezca por hacer perder el tiempo ajeno.

Cada apartado trata de un tema sin seguir un criterio de importancia. Sí procuro plantear cada cuestión con un enfoque disruptivo; para planteamientos previsibles, ya están los comentaristas de los medios; además, no abandonaré el carácter innovador que procuro impregnar en lo que escribo.

Saque de banda: ¿pies para qué os quiero?

Si cuando sale el balón por la línea de fondo, se convierte en un córner, ¿por qué no hacer algo semejante con los balones que se van por la banda? En lugar de devolver el balón al terreno de juego con los brazos, podría realizarse con los pies. Cada saque de banda se convertiría en una jugada a balón parado, una especie de saque de esquina escorado o saque de falta desde la banda. Crearía más interés/emoción/peligro sobre la portería atacada.

Una ventaja añadida es que los jugadores se empeñarían más en que no se les escape el balón con tanta facilidad… todos recordamos esos «patadones» hacia la grada para alejar la presión del equipo contrario. Una solución poco técnica. Práctica sí, pero poco exigente.

Adiós al penalti: una pena demasiado desproporcionada

Propongo eliminar el penalti. Sí, has leído bien. El penalti me parece una jugada excesiva y se entiende que haya acuñado el nombre de pena máxima. Con frecuencia, el peligro en el área se traduce en una condena exagerada. Propongo expulsar a quien comete la falta dentro del área. Se le expulsa y se ejecuta como cualquier falta.

Esta propuesta traerá casuística y polémica. Dejo abierta la posibilidad de que quizá podría dar lugar a reducir los penaltis a determinadas situaciones muy específicas. Tengo la intuición de que los defensas se lo pensarían mejor a la hora de entrar a un contrario. Indudablemente, los árbitros también se la jugarían al decidir: la cuestión es saber si se la juegan más o menos que con el penalti tradicional. Pues no estoy seguro.

Tanda de penaltis: cambiarla por juego y emoción

Como ya he dejado caer, la fórmula del penalti no me convence. Mucho menos cuando un partido termina con empate tras la prórroga: la llamada tanda de penaltis se aproxima al azar de echar una moneda al aire. El buen juego queda en entredicho.

Mi sugerencia consiste en que uno de los dos equipos empiece como si lanzara una falta desde cualquier punto de fuera del área grande, el que elija a su gusto. El otro equipo defiende como si la situación ocurriera en el partido. Acaba la jugada cuando sale fuera el balón, o se hace con él el portero del equipo contrario, o se consigue despejar el balón más allá de la mitad de campo. Si no ha terminado en gol, el equipo atacante pasa a defender y el defensor a atacante pasando a sacar a balón parado desde el lugar que elija.

Gana quien primero marque gol. ¿Quién empieza entonces la alternancia de este tipo de saques con balón parado? El equipo que tenía el balón cuando se señaló el final del partido (prórroga). Veo una ventaja interesante en esta fórmula porque según se acerca el final de ésta, ambos equipos querrán poseer el balón y no se limitarán a contener al contrario conformándose con que pase el tiempo.

Esta medida me parece de una gran honradez con el público, que asiste al estadio para ver jugar a los equipos, no a ver tirar penaltis donde no existen realmente jugadas.

Fuera de juego: el VAR no es la solución

El fuera de juego es una pesadilla para todos: jugadores, árbitros, jueces de línea, público y medios de comunicación que, a pesar de los gráficos y cámaras, son incapaces, a veces, de sacarnos de la duda.

La tecnología desde luego es un buen aliado pero no creo que el sistema de Video Arbitraje, denominado VAR, de próxima aplicación, resuelva todos los casos porque siempre queda un mínimo de error en la percepción visual.

Tengo una propuesta que probablemente sea más fácil de implantar, con menos coste, incluso en equipos de divisiones inferiores. La fórmula es acudir a la trigonometría y la informática. Como —resumiendo mucho— la cuestión es saber en qué ubicación están los jugadores respecto al balón para que exista o no posición de fuera de juego, pienso que bastaría con que un cada jugador portara en sus botas un chip y hubiera otro en el balón, posibilidad tecnológica perfectamente asequible. Bastaría con un programa que geolocalice los chips basado en el algoritmo para que verifique que se cumple/incumple la ley del fuera de juego. A los árbitros les llega la notificación en el instante sin que se tengan que volver locos consultando a los jueces de línea que, a su vez, es materialmente imposible que puedan mirar el balón y al jugador, o jugadores distantes, al mismo tiempo. El fuera de juego ya no lo indicaría si la cabeza o el codo está en línea o no, sino el conjunto de chips conectados mediante software.

Una derivada de lo anterior es la posibilidad de añadir chips en las banderolas de las esquinas del campo y en los postes de la portería: resolvemos los balones dudosos, si han salido o no, los famosos goles fantasma… al indicar la posición exacta de éste respecto de las esquinas del campo y los límites de la portería de forma precisa e inmediata.

Si extendemos el concepto a las líneas del área, la conclusión es también interesante y útil a la hora de valorar si la falta se produce fuera o dentro del área. Ahí lo dejo.

Cesiones al portero: acabemos con esta jugada cobarde

¿Se abusa de retrasar al portero para evitar la presión del contrario? No sé si calificarlo de abuso, pero como de hecho se puede hacer, se hace, y se echan fuera las complicaciones. En definitiva, lo que se consigue con esta práctica de ceder el balón al portero es ralentizar la dinámica y perder minutos en juego de ataque e interés.

Propuesta: cada equipo dispone de un cupo de cesiones al portero. Por ejemplo, 10 cesiones cada partido. Y ya está, a partir de ese cupo cubierto no se le podrá pasar el balón al portero; en ese caso se señalará falta desde el punto desde donde se realizó el pase, solo en el caso de que éste llegue a tocar el balón (similar al fuera de juego).

Protestas de los jugadores: sin palabras

Aquí voy a ser aún más drástico. Los jugadores no tienen nada qué decir al árbitro. Desaparece la figura del capitán. El árbitro y sus acompañantes, arbitran y los jugadores juegan. Tampoco es tan complicado de entender. Una sola palabra o gesto hacia ellos supondría —aunque se pueden pensar correcciones de diverso rango— la expulsión del jugador durante 5 minutos, por ejemplo. Sería cuestión de reglamentar las reincidencias, etc., que hasta acabarían con posible expulsión definitiva.

¿Cómo discrepan o se comunican los equipos en caso de no estar de acuerdo con las decisiones arbitrales? A través de sus delegados, que estando en los banquillos se dirigirán al 4º árbitro, para que decida si es pertinente trasladar la observación al árbitro que la realizará de forma inmediata gracias a la interconexión que existe en el equipo arbitral.

Por supuesto, lo anterior se hace extensible a entrenadores, jugadores suplentes…

Tarjetas: amarillas, rojas, rojas directas…

No voy a retocar el significado de las tarjetas ni los motivos por los que un jugador llega a merecerlas. Pero sí el sistema de anotación. Me explico: lo habitual es que cuando el árbitro muestra una cartulina apunta el número del dorsal del jugador. Mi propuesta es que él no se encargue de esa tarea, ni siquiera ha de esforzarse en buscar el número: muestra la tarjeta al jugador y es el 4 º árbitro quien toma nota del número. De esta manera se evitaría el cierto condicionamiento de que los árbitros no muestren una segunda amarilla a quien se la merezca, pues les consta que ya recibieron una y quieran evitarlo. El árbitro valora si la falta es de cartulina y es el 4º árbitro quien le comunica si hay acumulación para la roja.

Por supuesto el acoso al árbitro demandando una tarjeta para un jugador rival, nos lleva al apartado anterior.

Gestos y actitudes: ‘fair play’ de todos hacia todos, de verdad y siempre

Tanto cuando se pierde como al ganar es relativamente fácil caer en comportamientos que no son de recibo: burlas, gestos soeces, insultos, provocaciones hacia los árbitros, el equipo contrario, e incluso al público.

Entiendo que alguna de estas actitudes es complicado de valorar, pero el sentir general sabrá discernir la intencionalidad cuando se dan este tipo de reacciones impresentables, independientemente de a quién o a quiénes se dirigen.

La situación es manejable con las tarjetas. Si hay reincidencia, hay expulsión. Si sucede al acabar el partido lo aplicaría al siguiente partido que juegue.

Por supuesto, quedan otras cuestiones por analizar… pero se trata de que el fútbol siga siendo el rey, de que no pierda espontaneidad lo cual no quiere decir que no pueda innovar y evolucionar. ¿Tienes algo qué aportar? Seguro que sí.