Escamas, Alexandre Hamada Possi. Flickr.

Soñé con una culebra

Paisaje onírico 2

En mi regazo, enroscada. Aún no eran las 3 a. m.

Tenía una salpicadura en su lomo. Costó distinguirla pero cuando los ojos se habituaron al brillo semiopaco de sus escamas, aprecié el rojo deslavazado de la sangre.

¿Habría tenido alguna gresca antes de llegar aquí?

Le temía. Los latidos podían ser escuchados en cualquier parte porque era el momento más tenebroso de la noche, cuando los durmientes dan vueltas en sus camas e intentan abandonar sus pesadillas.

Pero acá no había horror, ni angustia. Tan solo una culebra, no muy larga, enroscada en mi regazo.

«Ahora que lo sabes todo, puedes buscarla» —dijo entre un silbido con eco de eones.

2 a. m.

15–05-2017