Terapia

Necesito psicoterapia porque mis ganas de comerme el mundo
se acabaron cuando sentí que el mundo se empeñaba en comerme a mí
y aquí no hay retórica, aquí hay alguien que tiene que aprender
que vivir no es ser almuerzo ni comensal
y no puedes esperar a que sea el mundo quien lo aprenda.
Marwan

Hoy, 28 de agosto, fue mi «última» sesión de terapia. Después de poquito más de tres años (creo que empezamos a mediados de mayo de 2014).

Todavía recuerdo cómo la contacté. Le pedí a un amigo que me pasara «el teléfono del mejor psicólogo que conozcas, por favor. Es urgente». Y sí, me pasó el número de Lore, quien se convertiría en la mejor psicóloga que he conocido jamás — para mí — . Lore atendió el Whatsapp y de seguro se dio cuenta de lo mal que estaba, porque creo que me dio cita para el día siguiente. Yo quería que me atendiera en ese preciso instante.

La gota que derramó el vaso — creo que, en mi caso, necesité esta ayuda urgente cuando ya no pude más — fue precisamente un desencuentro con el que ahora no nombramos más. Fue una desilusión muy grande, una tragedia griega para mí y Lore supo escucharme y ayudarme a recuperarme, como cuando te encargas de un pajarito que se cae del nido. Así me sentía yo: indefensa, desorientada y completamente rota.

Pero antes de platicar mi proceso de sanación debo decir que ella no fue la primera vez que visité a un psicólogo. La primera vez que lo hice tenía 22 años. Recuerdo un día llegar con mis papás y decirles: «Necesito buscar un psicólogo, no valgo nada y no siento una razón justificable por la cual deba seguir aquí». Mis papás no se lo tomaron a broma, tampoco se molestaron, al contrario, se pusieron muy tranquilos, hablaron conmigo y después de escucharme, me dijo mi mamá: «OK, vamos a ayudarte». Con aquella psicóloga no sentí gran empatía y, la verdad, al mes dejé de ir y poco a poco — no sé cómo — salí de aquella depresión — diagnosticada por ella, no por mí — . Cinco años después, fui con un psiquiatra. Tampoco fui constante esa vez.

Creo que el primer paso para poder recuperarte de cualquier «achaque» mental es ser totalmente honesto contigo y cuando conocí a Lore, decidí que tenía que sacar todos mis demonios: lo que yo era, lo que me asustaba, lo que ocultaba y todo aquello que había temido mostrar a un profesional de la salud mental — o, ahora que lo pienso, a cualquier persona — . Creo que eso me ayudó. Poco a poco me ayudó a salir de ese abismo — sí, yo creía que estaba en un abismo — y a creer más en mí. Me ayudó a sanar mis heridas — de mi yo niña, adolescente y adulta — , y a dejar de usar máscaras para enfrentar la vida. Ahora me considero una persona más fuerte y capaz de afrontar la vida y aquel problema por el que según yo fui, pues, fue el menor de mis problemas. Es como dije al principio, solo la gota que derramó el vaso.

Hoy que fue mi última «sesión oficial» — si así queremos decirle — me dio mucho gusto sentarme en ese sofacito, junto a esa cajita de Kleenex que ya no usé — después de que al principio sentía que me acababa las cajas al vaciar mis ojos y mi alma — y pude platicar con alguien que me ha visto crecer desde un plano mental y espiritual. Alguien que pudo escucharme sin juzgarme a pesar de que luego cometía errores garrafales en nombre del amor — según yo — y quien me ayudo a (re)conocer a la persona que soy hoy. Más que una sesión de terapia, sentí que fue una sesión de dos amigas que se platican cómo les ha ido en la vida. Y eso es lo bonito, no de «terminar mi terapia», sino de continuar mi camino con una yo mucho más fuerte.


¿Por qué les platico todo esto?

Uno: porque necesitaba hacerlo por mí.

Dos: porque necesitamos quitarnos ese prejuicio que quien va al psicólogo es porque está loco. La verdad, ahora, después de todo este proceso, creo que uno va al psicólogo porque se quiere, pero en ese momento no sabe cómo quererse. ¿Me explico? En ese momento en el que sientes que tocas fondo tú ya no sabes cómo vivir, pero son tantas tus ganas — aunque no parezca — de seguir viviendo que buscas un chaleco salvavidas. Yo lo encontré con mi psicóloga. Yo lo encontré aprendiendo a ver dentro de mí antes de ver hacia afuera. Lo encontré en permitirme ser honesta con una completa desconocida. Lo encontré en alguien que me tendió su mano y su experiencia para ayudarme a salir nuevamente de mi depresión. Lo encontré en alguien que me recordó lo mucho que valgo y por qué valgo, en alguien que me hizo recordar que está bien equivocarse, pero es mejor saber reconocer el error para no volverlo a cometer. En alguien que me enseñó que, y lo repito, yo no estaba loca — como aquella persona a quien ya no nombramos me quiso hacer creer — . Creo que nunca podrán ser suficientes las palabras para agradecer todo lo que me ayudó Lore en este proceso.

Hola, soy Adriana y fui a terapia porque necesitaba recordar lo mucho que me amo. :)

Lore y yo :)
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