Tres escritores racistas

Cuando Windows (10 en mi caso) dice «estamos trabajando en ello» para previsualizar una imagen que quieres subir y adjuntar en un texto y se te acaba la taza de café antes de mostrar nada, es momento de cambiar de notebook. Tengo un Acer Aspire E 14 que compré el 2015, allá por marzo/abril, pero creo que el compadre ya cumplió su misión en esta vida. Quedó obsoleto y sus 2GB de ram no aguantan más que para ejercitar tu paciencia y jugar Doom 1.

Estamos trabajando en ello

Lo malo es que yo soy un usuario que trabaja con bastantes aplicaciones. Puedo decir que tengo más de una década de experiencia con software, así que, algo sé. Por lo general, uso Chrome como principio, abro el diario por las mañanas (Emol), leo cómics, uso Drive, uso Strava, uso yWriter y Liquid Story Binder, algún bloc de notas así a la rapidita, paso mucho tiempo mirando Youtube, leo más noticias en el feed de mi smartphone, tuiteo, abro Wattpad, en fin: hago todo. Y así y todo el estamos trabajando en ello sigue aquí, mirándome, con esa sonrisa malévola que solo Microsoft puede enseñarte cuando se le da la gana. Ah, también juego Dead Space y Elder Scrolls Legends en la mínima calidad. ¿Porno? Sí, Xvideos. De preferencia en 320.

Qué raro todo porque desperté tipo tres y media de la madrugada sabiendo que debía dormir bien porque, en un rato, saldré a entrenar y necesito descanso anticipado. Para lo que pretendo pedalear, al menos lo conveniente son ocho horas de estar haciéndole el amor a tu colchón de la forma más principesca. Pero ayer fue mi primer día de descanso así que venía con el sueño cambiado y acá estoy, con el puto «estamos trabajando en ello». La imagen era importante porque justamente tomé una foto de Los hermanos Karamazof de Dostoievski y por él fue que se me ocurrió la idea de publicar contenido de los primeros tres autores que se me vinieran a la cabeza que fuesen racistas. Claramente Fiodor no lo fue, es más, vivió la otra cara de la batalla, no digo moneda, batalla es más atinado, con su lucha desde el lado de víctima. Y los primeros tres en quienes pensé fueron Lovecraft, Bolaño y Tolkien. Y después pensé algo más: «Nadie negará que el primero fue racista». Y después, también pensé «muchos defenderán que los dos últimos lo fueron». Y después, «¿qué pasa con la puta visualización de mi imagen tomada hace más de media hora?»

La última vez que critiqué a Tolkien, una camada de fan boys incondicionales, gente devota, salió en su defensa intentando quebrar mi moral. Cosa improbable, puesto que no tengo moral; es más, mis códigos son a la inversa de cosa cualquiera. ¿Ya va entendiendo? Fue en una web de fantasía chilena ya extinta debido a las malas decisiones de los fundadores de otorgar poder a gente que, por ese entonces, quería hacer su propia dictadura en cuanto a lo que se publicaba. O no. Fantasía Austral ya llevaba unos dos años y fue bajo esta escena que yo escribí una entrada sobre el autor de El señor de los anillos donde decía que era racista. No era ese el propósito de la entrada, en serio, más bien trataba de la religión católico romana de él y cómo esta influía en su obra. Y a partir de ahí, yo decía cosas del tipo que por qué los orcos eran negros y feos y olían mal y un montón de otra cháchara fatalista farandulera pero que, al fin y al cabo, era cierta. Y es que ser católico, devoto, no implica no ser racista. Para Tolkien, los orcos eran los malos y los malos eran negros. Punto. Pero, a la vez, pienso que un judío también puede ser racista odiando gente mestiza (¡por qué se piensa en racismos solo en blancos y negros y no en grises?). Pero, a la vez, y es que oye, acá evoco lo que dije allá arriba de que no tengo moral y pienso a la inversa: hasta un santo tiene tendencias racistas. El punto es cuánto lo demuestras o cuánto lo admites o, incluso, cuánto lo ocultas. Todos somos racistas y tenemos algo que rechazamos, un grupo de personas que nos gusta más o menos que otras, pero que venga un grupo de personas hablando de colores en Ginebra, y sí, me refiero a la ONU, y que determinen prohibido el racismo, me parece una equivocación. Y el problema es grande cuando la gran masa de seres humanos pensantes están convencidos que el racismo es algo malo. Aclaro acá que no defiendo que sea algo bueno, el claustro significativo y preocupante es que mucha gente se deja llevar por lo que otros determinan y pierden así su poder de determinar qué es lo bueno y qué es lo malo. Lo dicho, no hay grises para ellos. Solo blancos y negros. Y si nombras a una negra que va por la calle y dices «hey, mira qué bonita esa negra», los defensores, seguramente esos mismos que leyeron la noticia de Ginebra, te rechazan y te tildan de racista.

Todo esto termina en la incapacidad del ser actual para pensar (llegado a este punto, ya no sé cómo llegué a este punto), y es que siendo sinceros, el humano, hoy, es cómodo. ¡Y claro que es cómodo que haya gente detrás, que existan políticos determinando decisiones sobre qué es correcto y nosotros tomando café y esperando que acabe ya el «estamos trabajando para ello»! Es más, ¿no sería más sensato abrir la puta ventana de descargas y arrastrar la imagen al texto? Probablemente…

Lo importante es la pasión. Sentir que es necesario hacer el cambio y para eso debemos tener opinión propia, una fundada a partir de nuestras propias conclusiones (obviedades mode on) y si pensamos que un blanco es un blanco, está bien. Que nadie les diga lo contrario; ojo, seguramente les dirán que están siendo racistas, pero pueden sentirse bien sabiendo que leyeron este artículo siniestro. Todo esto me trae a la mente los experimentos sociales. ¿Vieron ya ese programa siempre tan mal subtitulado en YouTube de what would you do?? Pues bien, hay un capítulo donde pasa lo siguiente: un tipo (actor 1) entra al bar y ordena algo de comida rápida, la típica cosa en exceso de queso y papas fritas que a todo gringo le encanta. Mientras espera, entra un segundo tipo (actor 2) vestido con harapos, pelo desordenado y sucio, manos asquerosas y seguramente oliendo a mierda intencionalmente. Entonces, comienza el experimento social: el actor 1 llama al mesero y le pide que le diga al vagabundo, actor 2, que lo eche del restorán porque le da asco comer así, con una persona inmunda tan cerca suyo. En ese momento, comienza el trabajo del conductor John Quiñonez, quien, curiosamente para el texto, es una mezcla de rasgos asiáticos con latinos (muy querendón el hombre), se fija con especial atención a cuál de los clientes les molesta la reacción del actor 1. Si a alguien sí le molesta y comienza a increparlo de manera tal, sale Quiñonez en escena a aclarar que todo es un show de televisión y es un experimento social, se les preguntan las obviedades: ¿por qué salió en defensa del actor 2? O sea, el vagabundo. Pero, acá viene lo que realmente me apesta. Si llegase alguien a estar de acuerdo con que es necesario echar del local al vagabundo, el conductor sale en su busca y le pregunta ya no que del porqué dijo lo que dijo, sino que acaso no cree que su actitud habla de una franca discriminación.

Acá, se hizo una versión chilena bastante indecente de What would you dou? con el ingenioso título de Y tú qué harías? Pero es que fue tan mala la copia a lo gringo, que incluso sacaron la “¿” al principio del título. En fin, esas cosas que hacen a algunos chilenos, chilenos limitados. La versión chilena estaba conducida por el infumable Amaro Gómez Pablos y su exageradísimo zizeo para denostar a cada televidente que viene de España. ¡Y lo peor es que hicieron hasta una copia del experimento social de la versión USA que estoy comentando! La diferencia es que acá, se vieron personas que directamente le decían al actor 1 (actor 1 chileno, por supuesto) lo muy mierda de persona que era por querer echar al actor 2 (actor 2 chileno indigente, por supuesto). Incluso, un grupo de gente invitó al vagabundo a sentarse con ellos y ellos mismos pagaban por su comida.

Me reinvento ahora y vuelvo a lo mismo: ¿somos racistas si no queremos que una persona con olor a mierda se siente cerca nuestro y pedir al encargado que lo echen? Sí, allá arriba dije discriminación. Lo sé. Semántica. El punto es el mismo. ¿De verdad no puedo quejarme porque alguien que huele a caca está a mi lado mientras intento comer? Muchas personas estarán en desacuerdo conmigo, es más, mi opinión acá es neutral (como la canción de los prisioneros, nunca quedas mal con nadie), pero insisto en lo importante que es que las personas tengan su propia opinión y la hagan saber cada vez que sea necesario y no porque un grupo mayoritario diga una cosa, el resto deba unirse a la fiesta de las marionetas.

El racismo es, al fin y al cabo, poder. Quien tenga más soldados diciendo una cosa tendrá la razón. Por eso en primer lugar Hitler convenció a casi toda una alemania que los judíos eran inferior y ellos, los arios, una raza superior.

El racismo es eso, poder. Y hablando de poder, paso a los otros dos escritores que me quedan.

Ilustración by Onikaiser

El problema del racismo de Lovecraft es que venía a partir del miedo. Es más, era un hombre atormentado y sus pesadillas las convertía en cuentos. Algunos, excelentes. Pues bien, H.P. le temía a los negros. Más de algún relato hay donde las alusiones son claras y excelsas y deja en franca desventaja al negro, y lo peor es que son relatos de alta calidad.

Con Bolaño fue distinto. A diferencia del anterior, Roberto tenía esa personalidad rebelde, imperiosa de ir contra el sistema y decirlo todo a la cara. Es más, sabido es que sentía odio por los críticos y autor a quien encontraba malo se lo hacía saber de todas las formas posibles. Hasta recomendaba a sus lectores del autor tildado de malo, que no comprasen más libros suyos. Y lo hacía en sus presentaciones de nuevos libros, ¿ah? Recién salidos del horno. Nada de decirlo en alguna columna en el diario o escrito en alguna carta a algún tercero. No. Roberto asistía a la presentación del susodicho, seguramente medio tomado, seguramente medio drogado y, con sus amigos, le gritaba en su cara al autor que lo que estaba presentando era una mierda.

No sé si fue en Los detectives salvajes o en 2666 donde leí NEGRO no una, sino una centena de veces. Quizás esté equivocado y haya sido no en una, sino en varias novelas, pero es que solo estas dos novelas he leído de él. El otro fue un relato corto con el cual ganó uno de sus primeros concursos, pero no recuerdo nada más. Ya, ahora sí que recuerdo bien. El negro era un personaje principal en 2666 llamado Quincy Williams. Un periodista afroamericano que aparece en el capítulo tres. Lo curioso, o lo combativo, o lo valiente de Bolaño es que lo trata de negro porque sabe que su personaje es negro. Todo el contexto del capítulo está basado en que Fate, el apodo del personaje (y quizás acá entre la teoría de que Fate/destino no solo sea un sobrenombre porque sí y nada más), es negro. Williams tiene claro que es un negro y los demás lo miran como tal. Es más, si recuerdo bien, otra vez, el autor en no muchas ocasiones nos lo presenta como afroamericano, sino como el color mismo de su piel.

Antes de comenzar, había puesto yo en Google escritores racistas, pero los resultados no fueron directos, sino, indirectos y todo a partir de la suposición. De esta forma, opté por hablar aunque fuese un poco del acto del racismo a partir de la conciencia y de lo que sé de los autores que acabo de mencionar y su posición sobre el tema en cuestión.

Para terminar, no podemos esperar que los demás piensen por nosotros para así acuñar lo que es y lo que no. Pase del café y de lo cómodo y haga como yo, que me aburrí de esperar el mensaje hijodesumadre de «estamos trabajando en ello» y ahora mismo arrastro la imagen.


Y no, no funcionó.

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