Una antigua cárcel

Mis sentimientos

Excárcel de Miguelete, Montevideo, Uruguay.

Hoy visité lo que antes era, en la capital de mi país, la cárcel de Miguelete. Un lugar que sin lugar a dudas significó una marca en la vida de muchas personas que pasaron por allí. Un lugar que fue partícipe de millones de vivencias negativas y en donde además transitaban almas dolidas, mentes sin juicio, personas vivas pero muertas por dentro.

Entrar a ese lugar significa toda una aventura para cualquier ser humano con algo de sensibilidad. No puedo ocultar que, enseguida pisé el lugar, se me erizó la piel y me dieron escalofríos. Sentí una vibra extraña, un sentimiento frío recorriendo mi cuerpo mientras iba avanzando. Y no, no estoy exagerando… entrar ahí es muy tétrico. Las paredes que se observan en la imagen no fueron restauradas, se conservan en su estado original. Por ende, el tocar esas paredes significa estar tocando algo que muchos años atrás miles de presidiarios tocaron, y eso me generó un sentimiento de tristeza increíble.

Interior de una celda de la excárcel de Miguelete, Montevideo, Uruguay.

Este es el interior de una de las celdas. Cuando entré a ella me sentí intimidada, impresionada, muy mal. Todo gris, todo despintado: esto es la tristeza en su estado más puro. Cuesta mucho entender el ejercicio de ponerse en el lugar de la persona que pasó por allí, ya que el sentimiento es simplemente espantoso. Es necesario pensar que una persona que vivió eso tuvo que pasar, además, por otras experiencias las cuales llevaron a esa persona a terminar en ese lugar.

Tengo la impresión de que esta experiencia me hizo recordar el verdadero valor de ser libres, de vivir en paz. El valor que tiene salir de tu casa y caminar por la calle, utilizar el transporte público y reírse con un amigo. El valor que tiene ver un atardecer, sentir el olor del mar, disfrutar una mañana en familia. La sociedad está tan ocupada en sus «asuntos importantes» que no para ni un minuto a meditar estas cuestiones. Sé que es difícil hacerlo, ya que no todos viven la experiencia de visitar este tipo de lugares, y mucho menos pido que todo el tiempo piense acerca de la importancia de la libertad. Pero no estaría mal tener esto más presente, valorarlo, amar la libertad. Ser libres no es solamente una cuestión política, no significa solamente democracia… ser libres también implica desarrollar un estado interior en el cual seamos conscientes de las capacidades ilimitadas que tenemos para crear, imaginar, pensar en paz. Ser conscientes de lo que podemos hacer como personas y explotar esas capacidades. Además, tenemos que amar el poder de decisión que tenemos hasta en las cosas más mínimas, ya que eso nos hace libres. Todo el tiempo estamos decidiendo, desde lo más simple, como la duda sobre «qué cenar» hasta aspectos más importantes, como formar o no una familia con tu pareja.

Debemos cuidar lo que tenemos y valorar cada segundo, ser conscientes de cada momento y amar la libertad al mismo tiempo que amamos la vida que tenemos, con sus errores y sus aciertos. Vivamos prudentemente y felices de nuestra libertad.

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