
Sexto piso, México D.F., 2013. 241 pp.
El período Edo (江戸時代 Edo jidai), también llamado período Tokugawa (徳川時代 Tokugawa –jidai) gracias al shogunato que gobernó Japón de 1603 a 1868, representa una de las épocas históricas más importantes del país del sol naciente. Durante esta etapa, la nación viviría un marcado aislamiento, cerrando sus puertas a las intervenciones extranjeras. Esta política generaría el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo y florecimiento de la cultura nipona, surgiendo así varios de los aspectos por los que Japón es conocido en todo el mundo hoy en día: los teatros Kabuki y Bunraku, las geishas y, por supuesto, el estilo de vida Ukiyo (浮世 «mundo flotante»), cuya principal característica es la ciega entrega al hedonismo.
El Ukiyo fue tan importante en la vida diaria del Japón de los siglos XVII al XIX que dio génesis a distintos tipos de expresiones artísticas como el Ukiyo-e (浮世絵 «estampas del mundo flotante») y el Ukiyo-zōshi (浮世草子 «libros del mundo flotante»). Este último podría catalogarse como el primer gran género de acción dentro de la literatura japonesa. Cultivado entre los años 1680 y 1770, principalmente en las ciudades de Kioto y Osaka, el Ukiyo-zōshi fue desarrollado a partir del género Kana-zōshi (仮名草子) —obras de ficción o semificción, generalmente cortas, escritas en la popular escritura del silabario fonético Kana — ; sin embargo, poco a poco, fue adquiriendo características propias que lo diferenciaban del Kana-zōshi: su temática describía a fondo el mundo de las cortesanas, las fiestas de sake y las liviandades acaecidas en las casas de té de los barrios de Yoshiwara en Edo (actual Tokio) y Shimabara en Kioto.
Uno de los principales exponentes del género literario del mundo flotante fue Ihara Saikaku (1642–1693). Nacido en Osaka, desde muy temprana edad se convirtió en una de las figuras más brillantes de la literatura japonesa del período Edo. Si bien durante su vida ganó fama por componer con suma rapidez un hermoso haikai no renga —escribió 23, 500 versos en un solo día durante la ceremonia del santuario Sumiyoshi — , es mejor conocido en la actualidad por la escritura de novelas sobre la vida erótica y hedonista del Japón Tokugawa. Entre estas obras destaca Vida de una mujer amorosa (好色一代女 Kōshoku Ichidai Onna), cuya primera edición fue impresa en madera en la librería Okada Saburoemon y publicada en 1686 en la ciudad de Osaka.
Vida de una mujer amorosa nos adentrará en la vida de una vieja mujer que espera el desenlace de sus días recluida en una ermita erigida en las montañas. Corrompida por el tiempo inmisericorde, aquél que según el antiguo poema «Los Nueve Aspectos» de Su-Tung-Po lo extingue todo menos los nombres, la anciana nos guiará a través del mundo flotante y de su existencia. Valiéndose de viñetas —que a la vez son sus recuerdos— la narradora nos mostrará, unas veces con vergüenza otras con orgullo, el sinnúmero de lechos que compartió, los no pocos corazones que abrasó con su pasión y el tropel de hombres que sucumbieron ante su inigualable belleza. De igual forma, asistiremos a su catábasis: el deterioro gradual de su cuerpo y su descenso al círculo más denigrante y siniestro de la prostitución.
Víctima de su propia virtud, la protagonista —cuyo nombre jamás sabremos— entiende desde muy joven que su cuerpo puede servirle para vivir y sacar provecho en un mundo vil. Vendida como Oiran, a la escasa edad de dieciséis, a una casa de cortesanas para así saldar una deuda contraída por sus padres, verá desfilar ante sus ojos no solo la inmensa codicia de los hombres, sino también la deteriorada moral de una sociedad encorsetada por las tradiciones. Haciendo gala de un elegante y suave estilo narrativo, resaltado por una andamiaje que evoca la estructura tanto de La historia de Genji (源氏物語 Genji Monogatari) como de El libro de la almohada (枕草子 Makura no Sōshi), Saikaku nos revelará la vida secreta de las cortesanas —plagada de placeres y angustias— y el esplendor cargado de oscuridad de una sociedad fundamentada en las apariencias. Deambularemos por cada uno de los recovecos que ofrece el Japón del período Edo. Allí nos toparemos con los poderosos daimios que sin empacho despilfarran su fortuna en radiantes cortesanas y con monjes budistas cuya inmoralidad los lleva a comprar mujeres o mozos para satisfacer sus más bajos deseos carnales. Por sus páginas desfilan el amor, el erotismo, la venganza e incluso la homosexualidad. Asimismo, descubriremos la dura vida de los campesinos y las mujeres de la época. Porque Vida de una mujer amorosa puede leerse también como un lúcido ensayo sobre la condición femenina en una sociedad en extremo misógina.
Ya leamos el texto como una fascinante road novel, ya como una mordaz crítica social que nos desvela la doble moral de los japoneses durante el período Edo, descubriremos que Vida de una mujer amorosa es uno de los relatos de mayor belleza y profundidad filosófica dentro del gran abanico de la literatura japonesa. Un libro imperdible que nos ayudará a comprender de forma más cabal los profundos cambios que sufrió la sociedad nipona a partir del célebre período Meiji, cuyos primeros indicios se dieron en el período Edo. Es por todo lo anterior que ninguna biblioteca de literatura japonesa estaría completa sin Vida de una mujer amorosa.

