La azarosa vida de Dumas

Ilustración: J. Félix Castro

Escritor prolífico, no fue muy buen estudiante al inicio. Era mestizo, tuvo un castillo y, sin embargo, murió en la pobreza.

El 24 de julio de 1802 vio la luz, en Viller-Cotterés (cerca de París), Alejandro Dumas Davy de la Pailleterie, hijo del general de las tropas napoleónicas Tomás-Alexandre y de Marie-Louise Labouret.

Lo que quizás no sepas es que su abuelo era el marqués Antoine-Alexandre Davy de la Pailleterie, quien se unió a Marie Céssette Dumas, una esclava negra de Santo Domingo, con la cual se casó. Por tanto, Dumas era mestizo y no blanco como muchos lo imaginan.

Lamentablemente, a la edad de cuatro años el crío quedó sin padre, que dejó a la viuda en una precaria situación económica. De ahí que Alejandro tuviera que esperar hasta 1811 para ingresar en la escuela del abad Gregorio, donde aguantó solo dos años.

Sin lugar a duda, el muchacho no resultó tan buen alumno. ¡Al contrario! Si bien, empezó a trabajar con catorce años como pasante de notario en su ciudad natal, cuentan que dedicaba más tiempo a la caza y los placeres que al estudio de las leyes.

Todavía era joven cuando conoció a Adolphe de Leuven, con quien escribió su primer trabajo literario en 1819 (es decir, que todavía era un adolescente de 17 años).

Luego viajó a París, donde consiguió una plaza de escribiente en la secretaría del duque Luis Felipe de Orléans, gracias a algunas cartas de recomendación que le entregaron varios compañeros de armas de su padre.

Entonces sí se dedicó al estudio de la historia de Francia y se interesó por el teatro. Comenzó a escribir y estrenó una opereta que le reportó ganancia suficiente para llevar a su madre a la capital.

Más tarde elaboró Enrique III y su corte, drama que dio inicio al teatro romántico francés. Aquí, como en otras de sus obras, hay mucho de verídico, pero con ingredientes de su experiencia amorosa, escandalosas narraciones de adulterios y asesinatos. Le siguieron Carlos VII entre sus grandes vasallos, La Torre de Nesle, Don Juan de Mañara, Kean o Desorden y genio y Katherine Howard, todas muy bien aclamadas por el público.

Sin embargo, no fueron estas exquisiteces históricas las que lo catapultaron a la fama, sino su novela Los tres mosqueteros, entregada a manera folletinesca al diario Le Siècle, entre marzo y julio de 1844, y que desbancó al entonces emperador de los folletines, Eugenio Sue, autor de Los misterios de París.

A partir de entonces, Sue se convirtió en el peor enemigo y uno de los detractores más encarnizados de Dumas. En cambio, nada impidió que el mestizo produjera Veinte años después, El Vizconde de Bragelonne y El Conde de Montecristo, entre otras obras, con D´Artagnan y sus amigos o Edmundo Dantes como protagonistas.

Mil 384 volúmenes llevan la firma de Dumas, cifra tan colosal que para 1835 la crítica empezó a cuestionar si era él realmente o no el autor de todas esas obras. Así se corrió el rumor de que utilizaba “negros”, es decir, colaboradores a su servicio.

Tras múltiples investigaciones, se afirma que — efectivamente — el novelista se apoyó en numerosos copistas como Adolphe de Leuve, Paul Laeroix, Paul Meurice, Auguste Vacauerie y Pier Angels Fiorentino, por mencionar algunos, quienes buscaban información, hacían de editores o escribían la trama, que luego Dumas desarrollaba o completaba con su inconfundible estilo.

De cualquier modo, ante las exigencias de uno de sus contribuyentes (Auguste Maquet), un tribunal legitimó a este como coautor de El Conde de Montecristo.

Dicen que, como sus obras eran resultado de profundas investigaciones, casos policiales y búsqueda histórica, un día que se encontró con su hijo (del mismo nombre y autor de La dama de las camelias) le preguntó: “¿Leíste ya mi última novela?”, a lo cual contestó jocosamente el aludido: “No. ¿La leíste ya tú?”

Este vástago le había nacido en 1825, fruto de sus relaciones con la costurera Mary Lebay, con quien se negó a casarse, pues al parecer no estaba en sus planes “enredarse” sentimentalmente.

Pasiones intensas sí tuvo bastantes: las actrices Mélanie Wainer, Marie Dorval, Bele Krebsamer (madre de su hija Marie-Alexandrina) e Ida Ferrier, quien logró desposarlo a regañadientes, porque había comparecido en su compañía a un baile en París organizado por el duque de Orléans y, al mostrársela, este le dijo: “Supongo, Dumas, que no me presentaría a otra que no fuera su mujer”. El matrimonio duró apenas cuatro años, pero asuntos legales y económicos lo hicieron mantenerse ligado a ella.

Dumas se vinculó con muchas mujeres más, y otra cantidad de amigos que dilapidaron su cuantiosa fortuna. Aunque llegó a vivir en un castillo, quedó en la miseria, se involucró en la política apoyando la República, tuvo que exiliarse y volvió a Francia en 1865, para morir cinco años más tarde, enfermo y arruinado, en una casa de campo propiedad de su hijo, en Puys, el 5 de diciembre.