Sin falsas modestias: Soy muy trabajadora

Fotos: Luis Joa

Camila Arteche entretiene las noches domingueras de la televisión cubana. Bailando en Cuba, ese espectáculo tan celebrado por la teleaudiencia pareciera ser su reino televisivo de toda la vida. Hoy son escasos los jóvenes populares -con carisma- en los medios de comunicación y ella ha logrado mostrar su dominio telegénico en un espacio audiovisual que ha subido la parada en cuestiones de realización. Pero el camino hasta aquí no ha sido nada fácil. Ha llevado estudio, disciplina y mucho sacrificio, porque a veces la belleza no es suficiente.

Muy pocos conocen que se pone muy nerviosa antes de salir al escenario, tanto que le sudan las manos y siente como sus orejas se calientan. Confiesa que su madre la llamó Camila gracias a una película argentina, de finales de los años ochenta, vista en los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano.

El espacio por donde camina esta mujer cubana se estrecha cuando estás a su lado. Es muy pública y eso puede hacerla, hasta cierto punto, invisible en sus aspectos más mundanos. En los detalles. Ya sabemos la fascinación de la naturaleza humana por lo espectacular. Algo hicimos para salir de esa burbuja y así la conversación transcurrió fluida y sin contratiempos. La también actriz rió sin demasiada medida, confesó sus rutinas diarias y sus miedos más íntimos. Me contó su historia: La de una chica que tiene miedo a la soledad.

He leído por ahí que desde muy niña estuviste ligada al arte. ¿Cómo empezaste en la actuación?

“Casi desde que nací tenía claro lo que quería hacer. En mi cabeza no cabía otra cosa. Mi padre, que es como un artista frustrado, me disfrazaba todo el tiempo, jugando. Mi mamá me llevaba a un montón de obras de teatro y siempre me rodeó de ese ambiente.

“En la primaria tuve una profesora que se llamaba Santa y su sobrina estudiaba con el profesor de títeres Leonilo Guerra. Ella le dijo a mi madre que me llevara a esas clases. Ahí empezaron mis sesiones de actuación y títeres.

“Por esa época también comencé a hacer radio en la emisora COCO, en un programa que se llama Cuenta con nosotros, y después, en Radio Ciudad de La Habana, en Buenos días, personita; muy difícil, porque se transmitía en vivo”.

¿Y la secundaria?

“En esa etapa seguí en la radio y también integré un grupo, aficionados cuando aquello, que se llama Berenjena Teatro. Con ellos hice, y sigo haciendo obras e incluso me he atrevido como asistente de dirección. La directora es como mi segunda madre. Permanecí allí hasta que entré en la Escuela Nacional de Arte (ENA)”.

¿Cómo viviste las pruebas de aptitud?

“Imagínate, mi mamá me dijo que debíamos pensar en una segunda opción, por si no ingresaba. Le dije que estaba dispuesta a quedarme un año sin estudiar hasta que llegara la próxima convocatoria. Ella se horrorizó”.

Cuéntame de tus años dentro de la ENA.

“Para mí el cambio fue muy fuerte, porque se comienza a estudiar una especialidad con apenas 14 ó 15 años. De verdad que tuve profesores maravillosos y aprendí un montón. Hice amigos que serán para toda la vida. De lo mejor de ese tiempo recuerdo que empecé a trabajar profesionalmente en teleplays, Tras la Huella y después me gradué con Carlos Díaz en El Público”.

Cuéntame del proceso de trabajar en la televisión y estudiar al mismo tiempo.

“Me pareció muy agresivo, porque la escuela demanda un tiempo y esfuerzo tremendos. A veces nos acostábamos de madrugada ensayando, pero cuando uno disfruta lo que hace se siente menos el cansancio”.

¿Carlos Díaz?

“La primera obra de teatro de adultos que vi en mi vida estaba dirigida por él: Las brujas de Salem. Yo tenía ocho años”.

¿Y lograste entrar al teatro?

“Me colé”.

¿Recuerdas algo de esa noche?

“Imposible olvidar la escena de Jacqueline Arenal en el borde del escenario, acostada, que cogía una gallina y le arrancaba la cabeza. Mira cómo me erizo. Me impresionó.

“Entonces, casualmente, el año en que debía graduarme, Carlos Díaz vuelve a hacerse cargo de un grupo de estudiantes después de mucho tiempo. Montó una obra polaca con Yanier Castillo y conmigo, solo dos personajes. Fue simpatiquísimo.

“En tres meses con Carlos aprendí casi como en los cuatro años de la ENA. Después seguí trabajando con él y le estoy súper agradecida”.

¿Y el tema de la desnudez de tus personajes?

“Hay una anécdota muy simpática con la obra Tango y la voy a contar para que se entienda de qué manera puede ser el proceso de asimilación, no solo personal, sino también de los seres queridos.

“Imagínate, mi familia iba a ver la obra y no sabían que yo me desnudaba; mi madre sí, pero ni mi abuela ni mi padrastro tampoco. Cuando se sentaron y empezaron a ver la escena, mi madre me cuenta que suspiraban una y otra vez. Fue difícil”.

¿Es difícil trabajar con Jazz Vilá? Porque por una primera impresión puede parecer algo alocado, aunque después demuestra que tiene las ideas clarísimas de lo quiere hacer.

“Jazz va a años luz de todo el mundo. Imagínate que le digo Yoda* y él me dice Leia **. Jazz es una máquina. Parece que siempre estuviese atormentado, porque hace muchas cosas al mismo tiempo, pero al final todo está muy bien organizado.

“Desde el inicio tuvimos una conexión. Soy muy trabajadora, sin falsas modestias, y muy quisquillosa, y él es igual. Fíjate si hemos llegado a compenetrarnos que en la actualidad es, además de mi amigo, mi manager. Nosotros hemos trabajado bastante, hicimos Rascacielos, Eclipse y hace unos días estrenamos Farándula”.

Creo que tu caso es algo diferente al de otras actrices cubanas, porque empiezas en el cine con películas extranjeras…

“Mi primera vez en una película es, hasta ahora, el personaje más difícil que he hecho en mi vida. Actué en el filme Bolívar representando a Madame Bourvil. En ese momento, yo estaba filmando una novela, trabajaba en el Cabaret Tropicana de anfitriona y me llaman para el casting. Utilicé una traductora de francés todo el tiempo.

“Era lo primero ‘de época’ que hacía, en otro idioma, una producción extranjera; muy extenuante. Y además, filmé otra película, al unísono, con un director norteamericano, Ben Chase se llama. Una locura. Cosas que uno hace a los veinte años”.

Después te llamaron para El Acompañante, Bailando con Margot y hace muy poco te vimos en Sergio y Serguei. Cuéntame de tu personaje Lisandra en El Acompañante.

“La película se demoró mucho para filmarse y eso me dio tiempo a estudiar. Me entrevisté y conversé con muchas personas que viven con VIH. Fue muy bonito e intenso, porque me quedaron algunos enemigos, pero también muchos amigos en esa rodaje”.

¿Qué haces en Sergio y Serguei?

“Soy una escultora, estudiante del Instituto Superior de Arte que vive en la década del 80. Es un personaje que muestra la rebeldía de esa época; una muchacha con ideas muy claras y no deja que nadie la saque de ahí. Una rebelde total. Fíjate que aprendí a esculpir”.

¿Expectativas con la película?

“Quiero sorprenderme como se sorprende el público. Para mí es una película diferente. Me divertí mucho y hay detalles a nivel técnico que pudieran ser interesantes para algunos cinéfilos”.

No mucha gente sabe de tu larga experiencia como anfitriona de cabaret.

“Ha sido mi mayor escuela. De la vida y del escenario. Eso es lo que Tropicana ha sido para mí. Estuve cinco años y medio allí. Se dice fácil, pero es mucho tiempo para los que somos jóvenes. Es el escenario más difícil donde me he parado hasta hoy”.

Alguien me contó que te encanta bailar. ¿Cómo llegaste a Bailando en Cuba?

“Manolito (Manuel Ortega) me conocía de otros trabajos y también varios miembros del equipo, como Roclan (González). La dinámica de la televisión es agresivísima, aunque igual estoy loca por ver qué opina la gente de esta segunda temporada. Estamos muy satisfechos de la reacción del público con la primera. Es verdad que la experiencia del cabaret me lo hizo más sencillo, pero aún así no es nada fácil.

“Yo quisiera agradecer al equipo del programa porque es muy unido y trabajador. Mucha gente no sabe lo que hay detrás de las cámaras para que todo salga lo más lindo posible. Se trabaja con tremenda alegría en Bailando…, de verdad. Hay que agradecer a Manolito porque es joven, talentoso y muy profesional, y ha construido un gran equipo”.

¿A qué le tiene miedo la mujer Camila?

“A la soledad”.

¿A qué le tiene miedo la actriz?

“A no tener un buen guion”.

*, ** Personajes de la saga “La guerra de las galaxias”.