La soberbia
A estas alturas ya todos sabemos que se invierte en personas y no en modelos.

En estos años me he encontrado con todo tipo de personas y personalidades que están haciendo cosas.
También todos sabemos que cada día es una aventura y hay que ser muy generoso y humilde para gestionar todas las situaciones que conlleva crear algo desde cero.
La autoconfianza y fortaleza necesarias para esta tarea, a veces, tan sólo son una capa de maquillaje que ocultan a tu mayor enemigo: la soberbia.
La soberbia en un ecosistema startup como el español, que está aún por desarrollar, es más común que en los países de Champions League.
Generalmente la soberbia es producto de la soledad. De no tener a campeones en tu entorno. De no relacionarte cara a cara con esos referentes y aprender de sus experiencias.
Como hay pocos en los que reflejarte, te crees mejor o con más capacidades que los que te rodean y va inoculándose el virus.
Seguramente tengas más talento, pero no justifica el creerte mejor. Entre otras cosas, porque ser mejor no lo mide el talento.
Me he encontrado a más emprendedores soberbios en provincias que en Madrid y Barcelona.
La soberbia viene acompañada de mal oído, excusas y cabezonería (muy diferente a visión).
La soberbia te impide escuchar a terceros y a valorar intangibles.
La soberbia son justificaciones y excusas ante preguntas o sugerencias.
La soberbia te delata en las primeras frases de tu discurso. En el hablar en primera persona y decir siempre “mi equipo”.
La soberbia te delata en ese no mirar a los ojos cuando das la mano a alguien que no te interesa.
La soberbia es esa cara de tonto cuando ves una cámara o a un cargo público que te interesa conocer.
¿Cómo identificar a los Soberbius Gilipollus?
El primer síntoma son las bios de Twitter. Si ves mucha titulitis y méritos, no hay duda.