Dato Millenial #001: Nadie se encuentra hermoso

Cosas de mi generación de las que me doy cuenta cuando voy en la calle.

Luego de vivir el desplazamiento provocado por la llegada de mi hermano menor, mi entorno familiar se encargó de hacerme sentir la niña más hermosa e inteligente que pueda existir. Le rogaba a mi mamá que me pusiera mi disfraz de Blanca Nieves y me pintara los labios rojos y se sentía maravilloso. El contraste de mi pelo casi negro con mi piel blanca y unas cuantas pecas era mi estándar de belleza ideal, nunca me minimicé por los ojos verdes de mis primos y los pelos rubios de mis compañeras del jardín, para mi ellos no tenían la suerte de tener los ojos tan oscuros como los mios (que era lo que mi mamá me dijo cuando le pregunté por qué no tenía pupila).

Era un éxito para mis papás. Un poco consentida por parte de mis abuelos paternos, crecí demasiado segura de mi misma y creo que aún conservo esa firmeza, pero el mundo no depende de tus padres, porque en la casa del al lado hay una niña de mi misma edad que nadie le ha enseñado un poco de superación personal.

Como era tan blanca, sentía un poco de calor en invierno y se me ponían los cachetes y labios rojos a lo Heidi; en primero básico una compañera me dijo “oye tu eres muy roja, pareces payaso” y sentí como el mundo quebró mi fantasía. Llegué llorando ese día a mi casa, era la primera vez que alguien me agredía por como me veía y no lo podía entender, pero no faltaba poco para empezar a cachar que encontrarse un ser hermoso era mal visto en esta sociedad. Después de ese día me encontré muchos defectos, mi pelo era tan grueso que mi mamá luchaba con el cepillo todas las mañanas, la palidez hacía evidentes mis ojeras, no tenía perforadas las orejas porque eran muy muy pequeñas cuando nací y la nariz la tenía como porrón igual que mi abuela. Me empecé a obsesionar con las Barbies y las niñas que salían en los comerciales, le decía a mi mamá que quería vivir en Estados Unidos y ser rubia para poder ser como mi Barbie y tener el peto con la misma falda. Y es así como el trabajo de años de mis papás se vino abajo por algo que consideré “agresión” porque nunca había vivido una, en algún momento todos estamos destinados a entender que en el mundo es de mal gusto encontrarse hermoso porque según la revista con más inversionistas: estás a miles de millones de verte como Em Rata.

Además de todas las cosas que hay que resolver como sociedad, me pregunto si algún día podremos superar este tema en especial, si alguna vez vamos a dejar de fantasear con los ideales que muchas marcas y compañías crean. Somos una generación que estamos saturados visualmente con lo que tenemos que ser y lo que no, obvio que a todos nos costó ser adolescentes en los 2000’s con tanto collage de cosas que nos decían que se veía bien.

Entiendo que hay gente concentrada en curar el cáncer y eliminar la pobreza (antes de corregir la anomalía en la que estamos viviendo), pero no estoy muy segura si alguien se está dando cuenta que la gente que le fascina tener hijos no está midiendo la importancia de explicarle a sus mounstritos que no está bien juzgar a los otros por como se ven o por qué tienen y de que toda la gente que sueña con tener hijos es la misma gente que no debería educarlos. Si tú estás leyendo y tienes como realización personal ser madre o padre, te aviso que no sólo vas a criar a tu hijo, también tienes que criar a un ser humano que va a compartir con otros humanos más horas de las que compartirá contigo.

Se está generando una mayoría normalista y se están extinguiendo las personas que están conscientes en ser factores de cambio, que son los mismos que se dan cuenta que LO MEJOR que podemos hacer por el mundo es dejar de procrear porque ya no hay espacio ni para sentirse hermoso.

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